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Error, solución y al siguiente problema

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hace 5 años

Recuerdo una experiencia personal en la que un estudiante utilizó un error que cometí en una presentación de Power Point para señalarme y decir que yo no estaba lo suficientemente preparada para dar esa clase. Aunque en ese momento puse mi cara más dura, tengo que confesar que una vez salí del salón, me eché a llorar. A partir de ese momento he procurado ser muy pulida en todo lo que produzco, publico y presento, lo que de alguna manera me dio la impresión de tener el derecho de juzgar a quienes cometían este tipo de errores. Y es que si bien todos somos humanos, el detectar el error en la producción de alguien genera una suerte de poder frente al trabajo del otro, un poder que se convierte en ego. Por supuesto, mi presentación no ha sido la única juzgada, ni utilizada como una herramienta para cambiar los roles en las relaciones de poder. De hecho, en una clase de maestría en una universidad colombiana muy reconocida, una jurado descalificó el trabajo de una estudiante al punto de hacerla llorar. Esto generó un enfrentamiento entre los jurados y creo un ambiente de hostilidad entre los estudiantes. Cuando se es profesor universitario uno adquiere una cierta jerarquía, y aunque no creo que quienes tomamos este rol debamos saberlo todo, de una forma implícita se espera que al menos dentro de nuestra área de especialización no cometamos errores que pueden ser considerados como básicos. Esta expectativa se evidencia en todos los niveles de la academia, desde los estudiantes y los colegas, hasta los "superiores", y ni qué decir de otras instituciones como revistas de investigación, congresos, etc. Hoy cuando encontré un error de ortografía en uno de los subtítulos de un curso en Platzi me "despeluqué", me enojé porque consideraba que eso era algo imperdonable. Lo reporté a mi equipo y lo discutí en vivo con uno de mis compañeros. Cuando le pregunté si no consideraba que ese error era algo inaceptable y en exceso molesto, y me contestó que no. No pude sino sorprenderme, y decirle que esas cosas, en un ambiente académico, eran muy mal vistas, a lo que él respondió que cuando veíamos un error en Platzi lo notificábamos, lo discutíamos y lo corregíamos, y seguíamos trabajando habiendo aprendido de este. Además, anotó que si un estudiante de Platzi encontraba algo que no estuviera bien, nos contaba y simplemente lo modificábamos. En ese momento recordé todos los artículos que había leído acerca de la corrección de errores y de cómo un profesor se debe aproximar a estos para no herir la emocionalidad del estudiante. Y es que la literatura científica acerca de este tema es amplia y ha profundizado en cómo el aprendizaje está mediado por la emoción y lo que se genera en la interacción con otros. Me llamó la atención la relación que se crea con el estudiante, y la capacidad de establecer este ambiente de aprendizaje como un espacio de construcción. Pero sobretodo, me llamó la atención la posibilidad de transformar el paradigma en las relaciones de poder que se dan en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Tal vez sacar este proceso de las aulas nos permita horizontalizar las relaciones de poder y crear nuevas formas de interacción entre quienes "tienen el conocimiento" y quienes "carecen de él". Ciertamente, plataformas de aprendizaje como la propuesta en Platzi no solo cambian la forma en la que aprendemos, sino también las interacciones culturales que se gestan en ellas.
Paula
Paula
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