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Qué necesitas para crear una compañía2/46

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Llevamos más de una década viviendo en un mundo donde la tecnología y la ciencia crecen más rápido que la capacidad humana de adaptarnos. El resultado es una aceleración en nuestra comunicación, creación de ideas y calidad de vida cuando tenemos acceso, pero también más ansiedad y temor de quedarnos atrás.

Cada año una mega industria establecida sufre una disrupción por un grupo de jóvenes emprendedores que sólo tenían una idea, el conocimiento para ejecutarla y mucha resistencia al dolor. Todos recuerdan cómo Netflix borró a Blockbuster pero pocos admitimos lo cerca que están de destronar a HBO o a Disney.

En su corazón está el software. Es la razón por la que fundé Platzi, hoy la escuela de tecnología más grande en español. Enseñamos programación, diseño, marketing, emprendimiento y otras habilidades digitales porque Internet es un igualador de cultura y una persona con Internet y la plataforma correcta puede dominar lo que sea.

El software hoy es el corazón de panaderías, restaurantes, agricultura, finanzas, arte, periodismo y hasta el hilo que durante la pandemia nos permitió seguir amando a la gente que nos importa. Nuestra civilización, sin duda, funciona con software.

Por eso hoy es posible que hoy alguien lea estas palabras y, tras aprender a programar y las bases de cómo convertir una idea en realidad, se vuelva la fundadora de una compañía que destrone a los bancos. O cree la próxima revolución de distribución agrícola. O una nueva forma de hacer turismo. O un lugar para hacer más fácil que nuestras expresiones artísticas triunfen. O quién sabe cuánto mas.

La magia de esta era es la capacidad de usar nuestras mentes para imaginar un producto hacia su existencia. Los emprendedores somos viajeros en el tiempo. Nuestras mentes viven unos años en el futuro y la frustración de saber que ese futuro es inevitable, cuando es canalizada en una compañía, crea fortunas.

Sin embargo, nadie te debe nada. Nada te da una garantía de tener éxito. No hay nada asegurado, excepto la altísima probabilidad de que tu idea falle.

Ideas, ejecución y dinero

Si tener una idea fuera suficiente, todos seriamos emprendedores y dueños de nuestro destino. La realidad es que fundar una compañía es algo rarísimo. Similar a crear arte verdadero, es un proceso de extrema vulnerabilidad personal que nos expone a riesgos gigantes y a un potencial de fracaso casi garantizado.

Además, necesitas dinero.

Dinero, visión, propósito, cultura, misión, mercado, timing, ejecución, iteración, talento. Pero sobre todo dinero.

Sin embargo en esta época el costo de arrancar una compañía en Internet cada vez es menor. Las herramientas de software son cada día mas fáciles, los servidores más baratos, los canales de distribución más democratizados. Un emprendedor de los 90s no tenía redes sociales, comunidades online, aceleradoras o incluso el ecosistema de ángeles inversionistas de hoy.

Nada de esto es el primer paso. Eso es entender a tus usuarios. Conocer a tus clientes. Hablarles. Una triste ironía es que los fundadores, a pesar de entender esto, no lo hacen. Leen “habla con tus clientes” y piensan en estudios de mercado o en entrevistas de UX o en metodologías ágiles. Nada de eso.

Hablar con tus clientes es literal hablar con tus clientes. En persona, por teléfono, por chat, no importa. Hay un modo de fracaso en la mente del emprendedor joven donde cree que hablar con un cliente es perder el tiempo. Una idea errónea de que “todo tiene que escalar” a pesar de que el inicio de una compañía es el momento correcto para hacer cosas que no escalan.

Esta es la razón por la que la mayoría de compañías gigantescas son fundadas por emprendedores que usan el producto. O que tenían el mismo problema que la empresa soluciona. Porque, al ser víctimas del mismo problema, crean la solución correcta. También es la razón por la que los emprendedores que solo quieren ser ricos fracasan.

Una misión y visión que valgan la pena

El siguiente paso es entender el por qué. Cuál es tu propósito o misión. Platzi, por ejemplo, quiere transformar a América Latina en una potencia en tecnología. Y queremos lograrlo formando a la próxima generación de emprendedores y profesionales en la economía digital. Los emprendedores novatos subestiman las misiones como algo trivial. La solución es simple: No escribas misiones triviales.

Una misión clara con un propósito ambicioso es el primer paso para una cultura saludable. Al contratar a tus primeros empleados, estas palabras darán un significado superior a cada acción de la compañía. Desde la primera línea de código hasta el primer contrato cerrado.

Y aún así, fuerzas de la naturaleza te pueden matar. La pandemia, por ejemplo, aniquiló miles de empresas de turismo, movilidad, gastronomía y entretenimiento. Emprender, como vivir, es peligroso.

La mejor forma de mitigar tu riesgo es asegurarse que el mercado al que le apuntas es tan gigante como puedas. Esto lo logras solucionando una necesidad real que muchísimas personas o empresas tienen. Entre más grande mejor. Y luego eligiendo el ángulo del problema que vas a atacar. Uber con sus autos soluciona un ángulo de movilidad distinto a Bird con sus patinetas eléctricas.

Esto no significa que empezar en un mercado pequeño sea mala idea. Twilio empezó enfocado en mensajes de texto y hoy es una empresa masiva de APIs de comunicaciones. Cornershop empezó haciendo entrega de frutas y verduras en una ciudad y creció a dominar un continente. Así es emprender: contraintuitivo. Haz las paces con esa realidad.

Timing

También es posible que el momento donde empieces sea incorrecto. Aunque no creo. Si estás leyendo esto, algo pasó en tu mente que creó la suficiente convicción que ahora es el momento. Sin embargo vale la pena dar un paso atrás y calcular con cabeza fría.

Uber habría sido imposible en el 2004. Para que Uber triunfe necesita que todos tengamos un teléfono inteligente en nuestro bolsillo. Necesita satélites GPS en el espacio. Internet móvil de alta velocidad. Pantallas capacitivas. Métodos de pago online masificados. Eso es timing.

El último paso es el más difícil. Ejecutar. Crear un prototipo rápido, lanzarlo con clientes reales, escucharlos e iterar. Por diez años y sin parar.

Para ejecutar necesitas talento. Quizás necesites inversión. Sin duda necesitas crecimiento. Las mejores empresas del mundo crecen todos los días, todo el tiempo, sin parar. Y no paran de lanzar cosas nuevas. Mejoran el producto, hablan con usuarios, mejoran el producto. Esta actitud, alineada a una gran misión, atrae al mejor talento.

Pocos, muy pocos, están hechos para esto. Muchos lo intentan. Por eso está bien fallar. Porque emprender es algo mágico. Y aunque tu empresa no triunfe, habrás aprendido lo que significa crear magia. Es una experiencia que te llena de humildad, conocimiento y perspectiva. No hay un MBA que replique lo que emprender se siente. No hay una escuela que logre imprimir en tu mente lo que significa.

Tu éxito no está garantizado. Casi seguro vas a fracasar. No hay forma de saber si tu idea es buena, excepto lanzando. Es posible hacer todo bien y que a nadie le importe. Saberlo debería liberar tu mente y darte la claridad de si quieres hacerlo o no.

Los mejores saben esto y aún así lo hacen. En el proceso, cambian el mundo.

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