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Mirar el mundo con nuevos ojos

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Mirar el mundo con nuevos ojos 馃憖

Tener otra mirada hacia el mundo hace que ese mundo se convierta en una sorpresa (darse permiso de sorprenderse a s铆 mismo con objetos aparentemente comunes).

鉁 Para mirar el mundo desde otros 谩ngulos se debe EXTRA脩AR el mundo, como verlo por primera vez y generar curiosidad por descubrirlo. Despertar la sensaci贸n de maravilla y encantamiento alej谩ndose de lo funcional y repetitivo.

Hablamos del mundo desde lo que sabemos. Desde nuestros propios l铆mites del lenguaje.
Lo que no entendemos, lo sustituimos por lo que ya conocemos.

Como ejercicio, lo mejor es ponerse en la perspectiva de otro, desde una persona en aislamiento, una persona de 茅poca pasada, desde un perro o desde un extraterrestre.

UTILIZAR EL LENGUAJE DESDE UNA PERSPECTIVA QUE NOS HAGA VER EL MUNDO DE OTRA MANERA ES LO QUE SE EST脕 BUSCANDO.

Mi viaja a la Ciudad

La abuela no me va a creer cuando le cuente que para viajar a la ciudad me tuve que montar como en una chalana gigante que tiene techo y ventanas pero 茅sta no navega por el r铆o, le ponen alas para volar por el cielo como si fu茅ramos una guacamaya.

Pas茅 todo el viaje con los ojos cerrados hasta que mi prima me dijo que me asomara por la ventana para que viera como lleg谩bamos a la ciudad, yo lo que vi fueron muchas casitas chiquitas con luces como luci茅rnagas, solo pod铆a pensar c贸mo 铆bamos a caber ah铆 s铆 todo se ve tan peque帽o.

Abajo nos esperaban mis t铆os para llevarnos a la casa y me sub铆 en un carro que es muy parecido al cami贸n que llega los lunes para llevarse a los hombres a las minas pero 茅ste est谩 cerrado por todos lados.

Adentro del carro no me dejaron sentir el aire puro del camino, aqu铆 no es seguro me dijeron, yo no entiendo c贸mo el aire puede hacer da帽o, pero parece que en la ciudad es as铆 y prefieren respirar un aire muy fr铆o que sale por una cajita si le tocas un bot贸n.

Mi prima me va mostrando unas monta帽as enormes hechas c贸mo de rocas lisas, y est谩n todas muy juntas, adem谩s les ponen nombres, me dijo que se llaman edificios y que la gente vive all铆, 茅sto me recuerda a un bosque de 谩rboles de esos gigantes donde me da miedo perderme all谩 en mi selva solo que aqu铆 los 谩rboles son de cemento y bueno me imagino que le ponen nombres porque a la gente se le olvida donde vive.

Al salir del carro nos detuvimos frente a una puerta cerrada y menudo susto me llev茅 cuando de repente se abri贸 de golpe y salieron unas personas yo cre铆 que eran espantos como esos que salen del escaparate del cuarto de la abuela. Temblando de miedo entr茅 a ese armario extra帽o y se cerr贸 la puerta y me dijeron que tocando un bot贸n este escaparate te sube al piso 20, que es donde viven mis t铆os, yo pensaba que iba a tener que usar una liana para poder subir hasta all谩 arriba, pero creo que aqu铆 deben tener a unos hombres usando esas cuerdas para poder subir en este ascensor( as铆 se llama el escaparate)

Finalmente llegamos a la casa y me dijeron que me diera un ba帽o antes de cenar, yo la verdad que no vi ning煤n r铆o cerca como para ir y refrescarme un poco, pero lo que si tienen aqu铆 es una cascada peque帽a que tiene agua tan caliente como yo quiera ponerle.

Aqu铆 me pude fijar que toda la familia se re煤ne en la mesa para comer igual que en mi choza pero lo que no me queda claro es en que momento cazan al venado o en qu茅 r铆o van a pescar la cena, tengo miedo que la abuela tenga raz贸n y aqu铆 en la ciudad lo que coman sea pl谩stico.

Me resulta muy curioso por que aqu铆 en la mesa nadie se mira a los ojos ni se hablan casi.
Me pude fijar que todos est谩n pendientes no solamente de la comida sino de mirar fijamente algo que sostienen en sus manos, cre铆 que era una cajita musical como esa que me regalaron en la iglesia del caser铆o cuando cumpl铆 15 a帽os, pero mi prima me dijo que eran tel茅fonos y que aqu铆 cada miembro de la familia tiene uno y que adem谩s no solamente serv铆an para hablar con las personas sino que hasta se pod铆an ver pel铆culas igual que en el cine de la feria de los domingos all谩 en el poblado.

Mientras como en silencio observo a mis t铆os y a mis primos y ni siquiera se dan cuenta que los miro porque est谩n muy distra铆dos viendo sus cajitas musicales con pel铆culas y yo solo puedo extra帽ar las cenas en el caser铆o con toda mi familia y amigos hablando y escuchando los cuentos de los mayores.

Yo siempre pens茅 que los tel茅fonos serv铆an para comunicarse con las personas pero aqu铆 en la ciudad solo sirven para alejarse de ellas.

El escritor debe ser un experto en la psiquis de sus personajes para darles vida

Mi hogar siempre ha sido muy hermoso pero algo competitivo. Compites por comida, techo, pareja鈥 En fin, es complicado.

Pero, hay un lugar cerca de aqu铆. He o铆do de los otros que es muy abundante en todo. Y las criaturas que lo habitan son muy f谩ciles de burlar. Se encantan con cualquier cosa. Hoy probar茅 ir por primera vez.

Les cont茅 a unos amigos m铆os, por qu茅 me daba miedo ir solo. De este modo asusta un poco menos.

Al principio pasamos por muchas ramas, pero a medida que disminu铆an fuimos caminando cada vez m谩s.

A lo lejos se ve铆a un r铆o negro 隆Jam谩s hab铆a visto uno de ese color! Adem谩s, hab铆a grandes piedras. M谩s grandes que cualquier 谩rbol que haya visto. Todas estaban llenas de agujeros y ten铆an formas raras. Con bordes afilados como los picos que deja un tronco que parte un rayo.

De la nada, nos lleg贸 un olor cautivador. Nunca hab铆a olido algo as铆. Como si la fruta se mezclara con algo, pero no sab铆a qu茅.

Uno de mis amigos sigui贸 el olor, y nosotros a 茅l. Subimos una de esas piedras y arriba vimos a los seres de los que me hab铆an hablado.

Eran muy raros, casi no ten铆an pelo, ten铆an dos capas de pellejo. Era muy raro porque solo una era tibia y la otra se despegaba de su cuerpo. Adem谩s, eran muy diferentes entre cada uno de ellos.

Aunque mostraban mucho los dientes, eran amigables y nos daban comida. Tambi茅n tom谩bamos algunas cosas brillantes que ten铆an con ellos, no parec铆a importarles. Bueno, al menos si no se daban cuenta鈥

Fue una experiencia bastante divertida. Espero poder repetirla pronto.

Desde que recuerdo he vivido toda mi vida en la selva. No conozco otro tipo de vida. Mis amigos son los animales y algun otro hombre de otras zonas distantes. Las plantas y los elementos de la naturaleza son mis maestros. Siempre he querido saber qu茅 hay m谩s all谩 de los arboles y las monta帽as y c贸mo viven otros diferentes a m铆. Un amigo de una aldea cercana sabe sobre mi curiosidad sobre las cosas a mi alrededor y sobre aquellas que no conozco y no tienen forma en mi mente. 脡l se convertir谩 en hombre gracias al camino y este le dar谩 las herramientas necesarias para sobrevivir en el mundo de las bestias. As铆 que quiere que le acompa帽e a ser testigo de su cambio en el m谩gico camino donde es probable que cambie tambien, no s茅 de qu茅 forma, ni en qu茅 me convertir茅, pero me aventurar茅 con 茅l. Salimos muy temprano de nuestro hogar en una best铆a que se deslizaba a trav茅s de la tierra. Muchos pod铆an ir montados en su lomo. Se sent铆a como tres hogueras dentro de aquel animal feroz. Algunos parec铆an m谩s c贸modos que otros, yo a decir verdad, no logr茅 pegar un solo ojo. Todos nos miraban extra帽ados y me hac铆an sentir inquieto. Pasaron dos soles y una luna hasta llegar al camino. Mi amigo se mostraba muy contento, como emocionado por la expedici贸n que har铆amos juntos. Yo solo pod铆a guardar silencio en medio del alboroto que pod铆a escuchar dentro de m铆. Era el miedo a todo aquello desconocido, sin nombre, sin rostro y sin referencia que me diera algo de tranquilidad.

No entend铆a por que todo ol铆a diferente, no entend铆a por que se sent铆a raro, por que hab铆a menos arboles, el ruido aturd铆a y nada era conocido.

Cerro los ojos con fuerza, esperando que esa fuerza lo regresara a lo conocido. Fue entonces cuando record贸 aquel momento en que le dijo al colibr铆 que estaba aburrido, que todo era lo mismo.

Las personas a su alrededor iban r谩pido, con algo en o铆dos, y en sus manos que no identificaba, otras pasaban r谩pido en unas cosas con ruedas que sonaban y sacaban humo. Un humo diferente al que conoc铆a de la estufa de su mam谩.

El pasto era mas delgado, fino y simple, los arboles eran escasos y estaban tristes no ten铆an frutos, los animales鈥 solo hab铆an perros que iban amarrados.

Por un momento pens贸 que se sentir谩 ir amarrado, que te lleven a su ritmo y no al tuyo, que no puedas para a oler quien fue el que acaba de pasar鈥

Un ruido sutil lo regreso a la realidad conoc铆a ese sonido, era colibr铆. Hab铆a tanto ruido que no sabia de donde ven铆a. Al levantar la mirada vio que no era uno eran 2, al caminar hacia 茅l descrubr铆o que donde el miraba hab铆a otro que hacia lo mismo que 茅l, en ese momento el colibr铆 vol贸 al rededor de 茅l. Cuando volvi贸 a respirar se sinti贸 en casa.

Todos dicen que el sonido de la selva les parece abrumador, nunca hab铆a entendido porque, para mi era normal y cotidiano, hasta que conoc铆 el silencio. Sal铆 de la selva y me esperaba una balsa, atraves茅 el rio que se escuchaba como siempre, pero al final me esperaba un autom贸vil, una especie de balsa pero de tierra, y ah铆 lo conoc铆鈥 El silencio.
Una vez adentro parec铆a que todas las cosas fuera desaparec铆an, pod铆a verlas pasando r谩pido, pero no se sent铆an ah铆, el viento, los animales, las hojas, nada, Era aterrador.
Pronto llegamos a lo que llaman ciudad, baje del automovil y como si saliera del agua鈥 ah铆 estaban todos, los ruidos de la selva.

Soy Kawet vivo en el Amazonas, soy ind铆gena , acabo de cumplir 15 a帽os y le pedi a mi familia que mi regalo fuese ir a la ciudad. Mi abuela habia vivido unos cuantos a帽os en Caracas Venezuela y a煤n ten铆a familiares alli. as铆 que tome una especie de p谩jaro de lat贸n que montaba unas 10 personas y echo a volar como hacen las 谩guilas muy alto en Santa Elena de guair茅n y luego otro pero ya tama帽o dinosaurio, como en los libros que nos ense帽an las monjas, un gran avi贸n rumbo a Caracas alli iban unas 100 personas, se podian ver las nubes desde mucho mas arriba si pudieras abrir la ventana las podia tocar. No te imaginas que emoci贸n llevaba en mi coraz贸n. Cuando llegue a la estaci贸n de los aviones, todo el mundo iba muy deprisa. yo hacer menor de edad una chica del avi贸n muy bien vestida como modelo me llevo hasta los familiares. Me recibia la prima de mi abuela con sus nietas, que al llegar me ve铆an muy extra帽o. Ellas eran Susana y Patricia ten铆an 15 y 16 a帽os, tenian un espa帽ol muy raro que si chama, que marica, alli me sent铆 super perdida, Susana era mucho m谩s amable y cercana que Patricia era todo los contario. Susana me abrazo y me dijo bienvenida, yo suspir茅 , nos montamos en un auto del futuro es que casi volaba ( me daba un miedo tremendo). sigue鈥

Viajar a la ciudad, viajar, a Lima a conocer a mi nieta, me da mucha ilusi贸n. es lejos, muy lejos para ir caminando. debo ir en avi貌n dicen; primero debo ir a Pucallpa, a la ciudad y subir al avi贸n. Felizmente no voy sola, no podr铆a, voy con la Marcela.
Llegamos a Pucallpa. mucho ruido, las bocinas de las moto-taxis son muy fuertes, el bullicio de la gente, mucha gente hablando, gritando, me ensordece. prefiero el silencio de la selva, escuchando las aves y los insectos, el murmullo del agua y del viento.
Vamos al aeropuerto en una moto taxi que parece que se va a desarmar, mi sobrina va feliz y sonrie, me toma la mano y me da fuerzas, me recuerda que pronto veremos a mi hijo y mi nieta.
Nos revisan las bolsas, nos miran como dos extra帽as, la ropa, nuestra piel, pero la Marcela va feliz, sonriendo mucho y me contagia su valentia. Dice que hay que abordar, 驴que es abordar? - 鈥渟ube al avi貌n tia鈥 - me dice; se abre la puerta y ah铆 est谩, el inmenso aparato, como un bus gigante, como un suri gordo de metal con alas enorme.
subimos las escaleras, me tiemblan las piernas, pero la Marcela me jala hacia arriba y sonriendo insiste "sube al avi貌n tia"
Ya estamos sentadas, la Marcela me amarr贸 un cinturon, y hablando sin parar trata de quitarme el susto, hace planes, me cuenta todo lo que va a hacer, no se de que habla la verdad, no escucho nada.
Todo se mueve, nos cogemos de las manos y cerramos los ojos, suena como un trueno a lo lejos, la pobre Marcela me dice que todo esta bien, pero ya no sonrie.
Despu茅s de un rato se escucha una voz de mujer, no se que dice pero suena tranquila, la Marcela me dice, abre los ojos, t铆a; los abro y la veo se帽alar por una ventana. Abajo se ve la monta帽a, todo muy verde, el cielo hermosos como en la selva, las nubes, todo es paz鈥
Estoy pensando quedarme en Lima para siempre, no quiero volver a subir a un avi贸n nunca

el horizonte no ten铆a tantos 谩rboles como de donde provengo, sin embargo siempre mire hacia arriba en todo el viaje, hacia la copa de unas piedras gigantes. A煤n m谩s alto que las piedras vi un p谩jaro que durante todo su vuelo s贸lo plane贸, se dirig铆a hacia el oeste, dej茅 de verlo cuando se escondi贸 detr谩s de la piedra m谩s grande que estaba en el lugar, la piedra madre.

En lo profundo de la selva, viv铆a un joven llamado Carlos. Desde peque帽o creci贸 rodeado de una exuberante vegetaci贸n, los sonidos de los animales y la dulce melod铆a del r铆o cercano. Nunca hab铆a estado en la ciudad, pero su coraz贸n a帽oraba la emoci贸n y el misterio de ella.

Un d铆a, Carlos decidi贸 que era hora de aventurarse fuera de los confines de su hogar y descubrir el mundo exterior. Con una mochila a la espalda, se despidi贸 de su familia y amigos emprendiendo su primer viaje a la ciudad. Cuando Charles sali贸 de la jungla y pis贸 tierra firme, se asombr贸 de la confusi贸n y asust贸 del caos que lo rodeaban. Los edificios se elevaban hacia el cielo y las calles se llenaban de motores y velocidad. El sonido de bocinas y voces indistinguibles unas de otras resonaba en sus o铆dos, y el olor a humo y concreto llenaban sus pulmones.

Carlos camin贸 con cuidado por las calles, atento a todo lo que ve铆a. Mir贸 los escaparates de las tiendas, que estaban llenos de objetos brillantes y desconocidos. Sin embargo, algo en especial le llam贸 la atenci贸n en una vitrina: un objeto largo de plateado con un extremo puntiagudo. Era un paraguas.

Interesado en un art铆culo que nunca antes hab铆a visto, Carlos decidi贸 ir a la tienda a comprarlo con algunos ahorro que su madre le hab铆a dado en monedas de la ciudad. Despu茅s de que el vendedor le explicara c贸mo usarlo, Carlos abri贸 el paraguas por primera vez. El sonido del mecanismo al abrirse y la sensaci贸n de la tela suave entre sus manos eran completamente nuevos para 茅l. Era como si tuviera un pedacito de cielo en la mano, que lo 芦de la lluvia禄 aclar贸 el vendedor. Y aunque su entendimiento no alcanzaban, los porqu茅s deber铆a protegerse de la lluvia, los ojos y la boca de Carlos se abrieron con asombro silencioso. La tela le mostr贸 sombra fresca y protecci贸n contra la lluvia, pero tambi茅n contra la luz. Carlos observ贸 c贸mo esta se filtraba a trav茅s del objeto, creando un suave resplandor azulado a su alrededor.

Se sobresalt贸 por el suave sonido met谩lico que hizo el mecanismo al abrirse y cerrarse, en sus pensamientos lo compar贸 con magia. Era una sinfon铆a de peque帽os clics y zumbidos que lo fascinaban, que jam谩s hab铆a o铆do.

Pero, el paraguas tambi茅n infundi贸 miedo en Carlos. 驴Qu茅 pasa si no s茅 c贸mo usarlo correctamente? 驴Qu茅 pasa si se atasca en los barrotes o sale volando? La responsabilidad de utilizar este extra帽o y nuevo objeto se hundi贸 en su mente. Con una mezcla de emoci贸n y miedo, Carlos se encontr贸 probando el paraguas en la calle. Aunque no hab铆a nubes en el cielo, se atrevi贸 a abrirlo y disfrutar de su sombra a pleno sol. Camin贸 por una calle concurrida de la ciudad con un paraguas abierto sobre su cabeza, y la gente lo mir贸 con asombro. Algunos se rieron, otros se帽alaron, pero Carlos estaba demasiado entusiasmado con su nueva fortuna para darse cuenta.

Camin贸 por la ciudad bajo el sol abrasador, disfrutando de su oasis de sombra port谩til.
Finalmente, caminando con su divertida fascinaci贸n, Carlos golpe贸 un poste de luz. Absorto en el paraguas, no se dio cuenta del obst谩culo hasta que choc贸 contra 茅l. El paraguas se cerr贸 de golpe, dej谩ndolo apretado dentro de su sombra y provocando la risa de los transe煤ntes.
Con la cara roja y una sonrisa confundida, Carlos se liber贸 del paraguas y r谩pidamente lo guard贸 en su mochila. Aunque su primer encuentro con el objeto termin贸 abruptamente, su amor por el paraguas nunca se desvaneci贸 y fue el regalo que le llev贸 a su amada madre cuando regreso a su hogar.

Me gustar铆a hacer una historia distinta ya que le铆 los dem谩s aportes, y, siento que si tomo el tema de la selva, no voy a ser tan imaginativo. Bueno, aqu铆 voy:


Un d铆a, un peque帽o ni帽o de 6 a帽os estaba en el patio de su casa, su madre desde la ventana de la cocina lo vigilaba, el ni帽o ya cansado se recost贸 sobre el c茅sped y al mirar al cielo se qued贸 maravillado, comenz贸 a sonre铆r, a sacar la lengua, a soplar; la madre no entend铆a que hac铆a su hijo, as铆 que se acerc贸 y el ni帽o le pregunt贸:

  • Mami, 驴c贸mo se llama eso? --Se帽alando el cielo.

  • Eso son nubes.

  • Ah ya, y 驴por qu茅 cambian de forma?

La madre no supo que responder y su hijo se apresur贸 en decir:

  • Ya s茅, las nubes son los pensamientos de este mundo y por eso cambian de forma, cuando est谩n grises el mundo esta de mal genio, cuando se ven muchas amontonadas, puede que este pensando en varias cosas a la vez, cuando se ven estiradas est谩 pensando en una soluci贸n y cuando llueve, es que no aguanta m谩s su tristeza.

Ante esta respuesta la madre se qued贸 en silencio, nunca se le pas贸 por su mente tal pensamiento, pensaba para s铆 misma: 驴Esto solo es inocencia o es sabidur铆a infantil?

驴C贸mo describir铆a un marinero el cielo de un amanecer en monta帽a? 驴Qu茅 experimentar铆a un n贸mada del desierto al descender a las entra帽as de la tierra y encontrar un lago subterr谩neo?驴C贸mo describir铆a un ciudadano de la urbe m谩s poblada al llegar a una playa virgen desierta?驴Qu茅 sentir铆a un preso que observa el oc茅ano inmenso desde una cubierta? Hay tantas formas de ver el mundo como personajes en tu imaginaci贸n.

Era una tarde lluviosa de esas que parecen no terminar, estaba debajo de un arbol buscando no mojarme m谩s de lo que ya estaba cuando de repente vi pasar unos extranjeros con telas y pieles que nunca hab铆a visto antes. Se dieron cuenta de mi presencia y me ofrecieron comida que nunca hab铆a probado y me dieron una de las pieles que llevaban puestas.

Se sentia muy calido a pesar de que por fuera estaba un poco humedo, adem谩s tenian orificios donde pod铆a guardar cosas. (me ser铆a muy 煤til al salir a recolectar frutas y materiales)
Al pasar la noche me llevaron en algo parecido a un tronco con algo que llaman 鈥樷檙uedas鈥欌.
Finalmente llegamos a su hogar y no pod铆a estar m谩s confundido.

Todas las personas usaban esas extra帽as pieles, algunos iban en troncos m谩s peque帽os con una especie de coco en la cabeza, otros iban en troncos m谩s delgados y peque帽os.
Al ver las expresiones y como se mueven siento que todos estan en alg煤n apuro o que necesitan algo con urgencia, nadie va a un ritmo m谩s apaciguado, siento que nadie esta disfrutando el momento o la vida como lo hago en mi hogar.

Desde que tengo memoria he habitado en las tierras c谩lidas y llenas de vegetaci贸n, rodeadas de ambiente h煤medo, del canto nocturno de los anfibios y aves y del contacto con la naturaleza, que es mi hogar, bueno, lo era hasta que un d铆a mientras disfrutaba del baile de las mariposas se aproximan a mi un par de engendros hac铆a a m铆.
Se ven preocupados, tienen aspecto p谩lido y tienen una espalda muy grande, como si una tortuga estuviese arriba de ellos. Empiezan a hacer sonidos irreconocibles, lo cual me altera, decido correr, pero me alcanzan con un veneno de serpiente que hace que me desmaye.
Siempre me pregunte a d贸nde nos 铆bamos al morir y nunca me imagine que habr铆a una luz tan cegadora sobre m铆. Comienzo a reaccionar y hay m谩s de un engendro a mi alrededor, estos lucen como chimpanc茅s sin pelo. En su intento por comunicarse conmigo usan im谩genes de cosas que s铆 conozco de mi hogar.
Consigo entender un poco de su mensaje, estos dicen que yo fue raptado y dado por muerto, por eso no siguieron con mi b煤squeda. Est谩n asombrados porque consegu铆 estar con vida todo ese tiempo, ahora es momento de ir a lo que ellos llaman casa. Estoy muy asustado, quiero volver a mi lugar seguro.
Me han pedido que tome una ducha, Asimilo poco de lo que est谩n solicitando, solo me dejo llevar a una habitaci贸n grande, con luz muy blanca y potente, uno de los chimpanc茅s me pide me quite las pieles blancas que me hab铆an dado y me coloque enfrente a otro chimpanc茅 con cara de ataque.
Hago caso y soy acechado golpeado por un chorro de agua muy fuerte, eso me asusta much铆simo, estoy siendo atacado, me siento como cuando ten铆a que correr entre las ramas para huir de los enojados jaguares. Su concepto de ducha es terrible, en mi hogar me iba al r铆o a remover las impurezas del cuerpo mientras disfrutaba de las c谩lidas aguas. Espero esto termin茅 ya y pueda volver a mi hogar.

Llegu茅 a la ciudad en una choza grande hecha de metal que se mov铆a y volaba como un p谩jaro por toda la selva, cre铆 ver a mi familia pasando por el r铆o que est谩 al lado del manglar donde comemos todos los d铆as. Me emocion贸 mucho el viaje, porque avanzaba a gran velocidad y pod铆a ver todo desde arriba, me sent铆 por un momento como mi p谩jaro chato, que siempre vuela por encima de nosotros.

Cuando la choza voladora volvi贸 al suelo y me baj茅, hab铆a una choza a煤n m谩s grande, pero esta no volaba ni ten铆a alas, en esta las otras chozas voladoras llegaban y se quedaban ah铆, como el panal de avispas que hay bajo el r铆o, No hab铆a carretas ni camionetas que pasan a recoger gente para transportarme, solo hab铆a carros como esas camionetas que pasan cada fin de semana y van al pueblo m谩s cercano, solo que esos carros son m谩s lujosos, as铆 como esa choza grande de metal, estaba todo blanco y con personas muy arregladas, cuando me sub铆 al carro mi amigo Jos茅, que iba conmigo, me ense帽o muchas cosas m谩s en mi viaje, que las contar茅 en otra ocasi贸n.

Un d铆a, mientras buscaba frutas en la selva, una mariposa de colores brillantes aterriz贸 en mi mano y comenz贸 a revolotear a mi alrededor. Con su voz suave, me habl贸 de un camino de piedra ancho y largo que llevaba hacia una gran urbe llena de luces y sonidos extra帽os.

Confundido por sus palabras, segu铆 a la mariposa por un sendero cubierto de hojas y ramas. Despu茅s de caminar por un tiempo, llegamos a un claro en el bosque. All铆, la mariposa me mostr贸 El camino por el que camin茅 era extra帽o, cubierto de una superficie dura y oscura, muy diferente a la tierra h煤meda y f茅rtil de la selva. Los edificios que rodeaban la carretera eran enormes, altos y rectangulares, parecidos a las monta帽as que veo en el horizonte. Estaban hechos de materiales extra帽os, como piedras planas y grises, que brillaban bajo la luz del sol.

Vi muchos objetos extra帽os, como cajas con ruedas que se mov铆an solas por la carretera, y m谩quinas que hac铆an ruidos fuertes y extra帽os. Tambi茅n hab铆a objetos grandes y brillantes que parec铆an ser m谩s altos que los 谩rboles m谩s altos de la selva. Las luces de colores que adornaban los edificios y las calles eran como un caleidoscopio gigante, creando una sensaci贸n de asombro y confusi贸n en m铆. Algunos eran grandes y negros como un jaguar, mientras que otros eran peque帽os y brillantes como un colibr铆. Tambi茅n hab铆a enormes construcciones con muchas ventanas y luces, que brillaban en la noche como estrellas en el cielo.

Las personas que vi eran muy diferentes a las que conozco en la selva. Vest铆an ropas extra帽as, hechas de telas duras y coloridas, que parec铆an estirarse y ajustarse a sus cuerpos. Algunas personas eran altas y delgadas, mientras que otras eran m谩s bajas y corpulentas. Tambi茅n ten铆an el cabello largo y corto, en una variedad de colores extra帽os.

Despu茅s de un tiempo, sent铆 la necesidad de volver a la selva. Me desped铆 de la mariposa y comenc茅 a caminar por el largo camino de piedra que me llevar铆a de regreso a mi hogar. Mientras caminaba, reflexion茅 sobre todo lo que hab铆a visto y experimentado en la ciudad. A pesar de las muchas cosas extra帽as y desconocidas que hab铆a visto, tambi茅n hab铆a encontrado belleza y diversidad en lugares inesperados.

Era de noche, pero hac铆a calor en la sierra. Francisco como lo llamaban los de piel p谩lida, estaba preocupado. Una extra帽a enfermedad azotaba a la tribu y los naomas no sab铆an qu茅 hacer: ni las plantas, ni los hongos ni los ba帽os rituales lograban curar el mal. Francisco, como cacique de la tribu, no pod铆a m谩s que acudir al lugar donde se congregaban Don Rodrigo y sus guerreros. Tras mucho meditarlo, a la ma帽ana siguiente sali贸 hacia Santa Marta, un emplazamiento al lado de las aguas infinitas, donde los extranjeros estaban levantando edificios extra帽os.
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El emplazamiento quedaba a tres d铆as a pie desde Teyuna, era una jornada larga a trav茅s de las densas selvas de la sierra, pero sirvi贸 para que Francisco despejase la mente y pensase c贸mo convencer a Don Rodrigo de ayudarle. Sin embargo, algo dentro de s铆 le dec铆a que las cosas no resultar铆an bien.
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Al llegar a Santa Marta, Francisco observ贸 que los piel p谩lida hab铆an levantado muchos edificios desde la 煤ltima vez que estuvo ah铆. Entre ellos, hab铆a un lugar de culto, donde ten铆an una estatuilla de oro clavada en un madero, se trataba de un hombre al que llamaban Cristo. Tambi茅n hab铆a un edificio que flotaba sobre las aguas infinitas, a trav茅s del cual los locales acced铆an a sus balsas gigantes, las mismas en las que hab铆an llegado dos a帽os atr谩s.
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Cuando ingres贸 al emplazamiento los guerreros de Don Francisco le apresaron, eran hombres altos que cubr铆an su piel con metal y ten铆an pelo en el rostro. Uno de ellos al que llamaban 脕lvarez, lo dirigi贸 hacia Don Rodrigo, que contrario a lo que esperaba le trat贸 bien: 鈥淭iempo sin verle Francisco, c贸mo est谩n las cosas entre su gente鈥. Francisco intent贸 responderle en castellano que las cosas no marchaban bien, explic谩ndole que su gente padec铆a una enfermedad nunca vista.
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鈥淢铆 gente en Teyuna sufre Don Rodrigo, ni los naomas ni yo sabemos c贸mo tratar este mal. Al tocarlos se sienten calientes, les duele el cuerpo y muchos tienen unas manchas extra帽as, que en ocasiones se convierten en heridas que expulsan un l铆quido blanquecino que se torna amarillo con los d铆as鈥 explic贸 Francisco. Al escucharlo, Don Rodrigo dijo: 鈥淪e llama viruela Francisco, normalmente no es grave, los enfermos deben apartarse de los sanos. Al cabo de unos d铆as terminan por sanarse solos, rara vez es letal鈥.
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Despu茅s de conversar por un rato con cierta dificultad (porque el castellano del nativo a煤n era limitado), Don Rodrigo pidi贸 a Francisco acompa帽arle. Caminaron alrededor del emplazamiento, hasta un punto donde muchos piel p谩lida se reun铆an, al parecer para intercambiar cosas, en especial frutas, verduras y animales. Para el intercambio empleaban peque帽as piezas de oro que los locales llamaban 鈥楻eales鈥, que los extranjeros parec铆an amar por sobre todas las cosas.
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Al finalizar la jornada, Francisco fue invitado por Don Rodrigo a un lugar que llamaban la herrer铆a, donde hombres corpulentos empleaban toda clase de metales para hacer puntillas para la construcci贸n, espadas para los guerreros y herraduras para los caballos (unos animales que los piel p谩lida usaban para andar de un lugar al otro). Una vez terminado el recorrido por Santa Marta Don Rodrig贸 afirm贸: 鈥淭煤 conoces m铆 ciudad, pero yo no conozco la tuya, cu谩ndo podr茅 conocer Teyuna鈥. Ante lo cual, Francisco respondi贸: 鈥淣unca Don Rodrigo, es un lugar reservado para nuestras gentes, no se admiten extranjeros鈥.
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Desde entonces, nadie volvi贸 a saber de Francisco, el Cacique de Teyuna, la Ciudad Perdida de los tairona, que qued贸 deshabitada varias d茅cadas despu茅s, cuando los nativos temiendo el avance de los piel p谩lida por la sierra, se internaron m谩s en la selva, abandonando sus hogares pensando que as铆 se salvar铆an del avance del hombre blanco.

Mi viaje a la ciudad

Cuando llegu茅 a ese lugar llamado ciudad, no comprend铆a muy bien nada de lo que estaba sucediendo. Una extra帽a sucesi贸n de objetos y de im谩genes, cosas que no parec铆an reales y a las que no encontraba mucho sentido. Si no fuera por la presencia de personas dentro de ese maravilloso escenario, no podr铆a entender nada de lo que les rodeaba. S贸lo sus expresiones parec铆an poder orientarme un poco en tan extra帽a situaci贸n.
Dentro de la ciudad, hab铆a unos 谩rboles muy raros, que al parecer estaban dise帽ados por el hombre, con el fin de alumbrarles por el camino durante la noche. Y al parecer no necesitaban fuego para prender las luces. Las personas iban caminando sobre unas planchas colocadas sobre la tierra que parec铆an sacadas de la monta帽a, de forma lisa y plana, o incluso se les ve铆a trasladarse dentro de una suerte de veh铆culos con forma de balsas de pescadores, pero que se mov铆an por esos caminos a trav茅s de unos dispositivos originales. Lo peor era el olor que desprend铆an, que se parec铆a al del humo de las hogueras, y que impregnaba todo el ambiente. Resultaba especialmente llamativo.
Me encontr茅 con un lugar que deb铆a ser un lugar de reposo, muy alto y de aspecto firme. De ah铆 dentro sal铆an personas, por lo que comprend铆 que deb铆a tratarse de una choza, si bien en lugar de una cortina se abr铆an y cerraban con grandes troncos de 谩rboles o de otro tipo, m谩s fuertes. Entr茅 en uno de ellos para explorarlo, y no dej茅 de sorprenderme con los hallazgos que descubr铆 a mi paso. Primero trat茅 de colarme a trav茅s de un hueco de una de esas gigantescas chozas habitadas, pero me top茅 de frente con una barrera invisible que me imped铆a el paso. Muy extra帽ado, result贸 ser un fragmento de lago congelado, en donde pod铆a ver mi rostro reflejado: no dej茅 de asombrarme de lo que suced铆a a mi alrededor por lo que viendo que no pod铆a acceder por ese lado, aprovech茅 un momento en el que alguien sal铆a por el acceso principal de la choza para entrar despu茅s y dedicarme a explorar. 

Dentro de la vivienda, no dej贸 de sorprenderme el encontrar agua vertida en un recipiente que sal铆a a trav茅s de una fisura en la pared, que simulaba un peque帽o estanque, o los c贸modos jergones que se elevaban por encima del suelo de la vivienda, todo dise帽ado con esas formas planas y rectas, tan extra帽as. Hab铆a una especie de cueva, a la que consegu铆 acceder tirando de una rama de color blanco pegada a la entrada, y que guardaba dentro alimentos. Al asomarme dentro sent铆 mucho fr铆o, y comprend铆 que de esa manera se conservaba fresca la comida.
La gente me miraba raro, vest铆an de una forma curiosa, me parec铆an originales y pintorescos por lo que yo tambi茅n les sonre铆a. Fue un d铆a interesante aquel, mi viaje a la ciudad.

Un dia Mabel iba caminando al trabajo y entonces pas贸 que鈥mpez贸 a llover intensamente pero Mabel no ten铆a su paraguas que con tanto cari帽o le habia traido su amigo Bernando de Alemania.
Sin embargo, ella sonr铆o por el evento y pens贸 鈥渃apaz que esta lluvia, puede enjuagar mi angustia por Pedro鈥. Mabel se habia enamorado de un marinero que estuvo de paso por Buenos Aires durante un mes. Entonces, camin贸 bajo la lluvia junto a sus pensamientos y la imagen de aquel Pedro que le habia tocado el coraz贸n cual cupido en Febrero.
Al llegar a la esquina del trabajo, Mabel se resbal贸 y sus sandalias, se trabaron en la vereda mojada 鈥淒ebo prestar m谩s atenci贸n 驴y ahora voy a llegar empapada al trabajo? 隆Qu茅 horror!鈥 Al instante, record贸 de que a la vuelta de la oficina habia una tienda de ropa que ella frecuentaba 鈥淰oy ah铆 que seguro algo consigo鈥. R谩pidamente se dirigi贸 a la tienda, por suerte ya habia parado de llover. Ingres贸 a la tienda, seleccion贸 un outfit 鈥淓stos colores me van a venir bien para levantarme el 谩nimo鈥 se acerca a la caja y ah铆 descubre que no ten铆a su tarjeta de cr茅dito Visa 鈥淥h por Dios 驴qu茅 otra cosa puede sucederme hoy?鈥. Como las vendedoras la conocian, le hicieron una nota de cr茅dito (compromiso de pago) para que pueda llevarse la ropa 鈥淕racias chicas 隆son un amor!鈥 Mabel sale vestida del local y al girar en la esquina, llegando a la oficina, crey贸 ver un fantasma 鈥溌縋edro: qu茅 haces aqui?鈥 鈥ontinuar谩 =)

Un d铆a iba en mi carro rumbo al trabajo. Me hab铆a venido desplazando sobre el carril izquierdo a una velocidad promedio de 80 kil贸metros por hora, nada afecta a mi gusto, aunque las se帽ales sobre el pavimento y en los avisos laterales lo permiten. Hab铆a pocos carros movi茅ndose sobre la ancha carretera, lo que entusiasma a no pocos ases del volante a superar el l铆mite m谩ximo de velocidad. Despu茅s de unos pocos minutos, cuando calcul茅 que el mejor estado de la calzada lo justificaba, hay muchos baches antes, decid铆 cambiar al carril del medio y bajar a unos 60k/m, velocidad mucho m谩s c贸moda para m铆 gusto. Pocos cientos de metros m谩s adelante, alcanc茅 a un carro de transporte, un cami贸n mediano y decido mantenerme unos cincuenta metros atr谩s de 茅l. No obstante, al haberme visto obligado a reducir a煤n m谩s la marcha, en un par de ocasiones pens茅 en cambiar de carril, por lo cual revis茅 los retrovisores y providencialmente, no lo hice. Llegu茅 a la altura del centro comercial Viva Envigado. Varios carros me rebasaron por la izquierda, calcul茅 que avanzaban a m谩s de cien kil贸metros por hora. En alguno de ellos, un Subaru, peque帽o, alcanc茅 a ver un perro pitbull, de peque帽o tama帽o, que sacaba su cabeza por la ventana derecha, en la parte de atr谩s, totalmente abierta. Conociendo la v铆a por mis usos recientes, espero que, aproximadamente quinientos metros m谩s adelante, se estreche. Examino el retrovisor para ganar el carril derecho y adelantar al peque帽o cami贸n. De nuevo desisto, a pesar de que no veo carro aproximarse. Luego de unos pocos segundos m谩s, quiz谩 unos treinta, el cami贸n se detiene bruscamente. Aprieto el freno y me detengo a unos treinta metros. No puedo explicarme que est谩 pasando. Creo estar seguro de que nada adelante del cami贸n le impide el paso. Unos segundos despu茅s, observo como el conductor desciende por el costado izquierdo. Noto que una gran cantidad de alg煤n l铆quido comienza a caer de ese veh铆culo al pavimento. 驴Agua?, 驴Aceite?, 驴Combustible? Miro el retrovisor, veo a un choche venir de prisa por la derecha, espero que pase y procedo al cambio por ese mismo carril, justo cuando una tractomula aparece a una distancia de una cuadra. El coche que me acababa de adelantar se detiene, justo al mismo nivel del cami贸n y qued茅 con mi carro cruzado en la v铆a, medio cuerpo en un carril del medio, el otro, en el izquierdo. La tractomula hace sonar sus cornetas. El conductor que se ha bajado del cami贸n comienza a cruzar la v铆a frente a mis ojos, de izquierda a derecha. Lo hace r谩pido, como si su vida estuviese en juego. Pero, no es por la suya por la cual 茅l corre, no por ahora, es por la de un perro pitbull, joven, de peque帽o tama帽o, que avanza tambi茅n hacia la derecha, torpemente, con la cola entre las patas, estremecido, reflejando en su cara el terror que siente, se dirige hacia un peque帽o e inseguro espacio, que separa la v铆a Regional de una entrada lateral. El conductor, de unos 50 a帽os, va tras el animal y el coche que me adelant贸 hace unos pocos segundos se ha frenado para darle tiempo a realizar la tarea que se ha propuesto. El ambiente se vuelve tenso, angustioso. La tractomula vuelve a dejar escuchar sus espantosas trompetas de la muerte y se acerca. Todo mi ser queda pendiente de la faena del conductor, quien carga en sus brazos al pitbull como a un beb茅, gira e inicia el retorno. La v铆a est谩 trancada. Solo quienes viajamos adelante, parece que sabemos qu茅 ocurre. La impaciencia alborota al resto de los conductores. Los pitos resuenan. El conductor alcanza a pasar y a ubicarse al costado izquierdo y adelante de su cami贸n. Un hombre de unos treinta y cinco a帽os viene corriendo en contrav铆a, pero orillado sobre la calzada izquierda, parcialmente bloqueada por alg煤n arreglo que adelantan desde varias semanas atr谩s, raz贸n de su estrechamiento. Se le nota jadeante. El conductor le entrega al animal y alcanzo a ver como lo recibe en brazos, como parece expresarle las gracias y comienza su regreso. El coche sobre la derecha arranca y mi carro lo sigue. El hombre joven con el pitbull trota rumbo a un carro Subaru, peque帽o, detenido a unos cien metros del sitio en el hemos debido esperar a que un valiente conductor de un cami贸n exponga su vida para salvar la de un joven pitbull, que se ha lanzado, a m谩s de cien kil贸metros por hora por una ventana abierta del coche de su confiado due帽o. La muerte, por esta vez, solo ha coqueteado en la v铆a.

Auch - sollozo al sentir el dolor de mi mano ser lastimada por una rama, me detengo y veo lo roja que est谩, sacudo tratando de aliviar un poco el dolor y sigo corriendo aunque mis pulmones griten, aunque mis piernas tiemblen y mis manos resbalen por las cortezas de los arboles.
Debo correr.
Sonidos de monos chillando me acompa帽an en el camino, una que otra liana me ayuda a caminar pero no debo detenerme. Deber铆a tener miedo de no ver bien en la noche, de perderme, o de que una serpiente me enrolle y me mate pero nada puede ser peor que el monstruo que dejo atr谩s. Mis pies descalzos ya no se hunden, miro al piso y es algo que no conozco de color negro con unas rayas blancas un camino un poco diferente.
Dos ojos brillantes se ven a lo lejos que se van agrandando cada vez que se acerca, seran los ojos del defensor de la selva. 驴Vendra por mi?.
Se detiene y sus dos ojos me ciegan, levanto mis brazos defendiendome, tanto correr y luchar para nada.
驴Se encuentra bien se帽orita? - Una voz, el mounstro habla, abro mis ojos y un humano sale de su cuerpo, - 驴Esta perdida?. Niego.
Ayuda - digo. Mira mis pies descalzos y mi ropa sucia.
Te llevare a la ciudad, entra. - Este hombre quiere que entre en el defensor, 驴y si despues no me deja salir? - No te hare da帽o, lo juro, entra al carro.
Entro a lo que el llama carro, miro a un lado y antes de cerrar mis ojos lo ultimo que veo son los arboles de la selva despidiendose.
Despierta, ya estamos en la ciudad - abro los ojos y asi como mi ultimo recuerdo fueron los arboles el primero al abrirlos son arboles aun mas grandes, gigantes, con luces que salen de su tronco, m谩s criaturas que nos dejan montarlos y personas caminando, asi que esto es la ciudad. Vengo de una selva, de un lugar aislado con animales peligrosos y salvajes, pero no me senti tan en peligro que cuando vi por primera vez estas calles.

"Perdido "
Lo 煤ltimo que recuerdo fue que estos monos con atuendos extra帽os y con poco pelos, nos atacaron a mi y a mi manada con palos que lanzaban piedras. Ahora me encuentro en este ser gigantesco mucho m谩s grande que maximus ( un elefante macho africano) nunca pens茅 ver alguien m谩s grande y poderoso que 茅l, que flota sobre este inmenso r铆o y se mueve sobre 茅l a una velocidad superior a Kovabara( una pit贸n) que ella era nuestra astuta enemiga.
Est谩 tribu es muy amplia, seguro me lleven para comerme o darme de comer a sus dioses, pero me sorprendi贸 que en lugar de esos me llevaron a un lugar extra帽o que no se transportan por lianas sino por unos animales que se mueven de una manera muy particular, d贸nde no se como beb茅n porque no le encuentro su boca, no s茅 c贸mo hacen para respirar en estos lugares, el aire es muy feo.
Ahora estoy en un lugar donde muchos de estos me ven y me tiran cosas , algunas tienen un sabor muy rico. Son seres raros.

Ha sido todo un disfrute hacer este ejercicio y me alegra compartirlo.

Esto dijo Jumara, cuando fue a la ciudad:

_Saicaukoro falon da imari, chiriyu ba wa talaku, fu fu guan trikmaser pigue chetu pata chuma quisque harandchu karaman po thifgnmal 眉ruk majto l盲enda jara lituro pofu kindi kury ereva chuksulk fan帽ama pri daeba sor枚lh weega haratamana wousa pataranka koro siaratam cul qi gong disawevna skaols firtaemju ru sama gwrodoj.

No sab铆a que hab铆a m谩s como yo, pero a煤n me segu铆a sintiendo diferente a los ellos. Montarse en aquel bestia y domarla de tal forma fue para ellos tan normal, como para m铆 salir a buscar un poco de agua. La bestia no paraba de sonar, a medida que iba por el camino, su rugir iba cambiando, y no sab铆a bien en que bestia iba, pero s铆 fue f谩cil para m铆 saber que ten铆a m谩s poder que yo, y el hombre que la dominaba desde su cabeza con forma de piedra redonda y rama r铆gida, ten铆a m谩s poder que la bestia, dominaba a la perfecci贸n a la bestia.

En un momento el camino dej贸 de ser tierra y se convirti贸 en una piedra que nunca hab铆a visto, ten铆a en la mitad dos rayas que parec铆an pintadas con el sol y a los lados una raya que parec铆a pintada con la luna, y con el avanzar, empezaron a aparecer cuevas de muchos colores, con orificios cubiertos de agua s贸lida. Pod铆a ver la gente mir谩ndome a trav茅s de ellos, y el agua se manten铆a quieta, como un jaguar esperando el momento perfecto para atacar su presa, era algo m谩gico.

Las cuevas se empezaron a hacer m谩s y m谩s grandes, a tal punto que ya no alcanzaba a ver su cima. Empezaron a aparecer m谩s como yo, pero ninguno era en verdad como yo. Sus cabellos eran cortos, llevaban su cuerpo cubierto de pieles de animales, 鈥渉an de ser muy buenos cazadores鈥: no pod铆a parar de pensar.

El entorno estaba lleno de excesos de todo tipo: todo lo que ve铆a ten铆a mucho para ver, escuchaba tanto que no pod铆a concentrarme en una sola cosa, ol铆a tantos aromas que era imposible determinar que estaba oliendo, y para todos era normal, excepto para m铆.

Y cuando la bestia se durmi贸, me baj茅 de su interior y los otros me ve铆an tal como yo los ve铆a: como algo que nunca hab铆a visto. Paraban de usar unas cajas m谩gicas a las que les hablaban sin parar, con las que ni siquiera se tomaban la molestia de ver el frente hacia el que caminan. Las empezaron a usar para se帽alarme y de ellas sal铆an luces como los rayos cuando est谩n enojados en el cielo.

Pod铆a ver que se intentaban comunicar conmigo, pero era in煤til: yo no les entend铆a ni ellos a m铆. Apunto de atacarlos para que no me atacaran, una delicada mano se posa en mi espalda suavemente y puede entender, que el due帽o de esa mano me est谩 diciendo que todo est谩 bien y que me va a proteger.

A煤n lo recuerdo como si hubiera sido hace un d铆a, la helada de la noche se fue transformando en una c谩lida madrugada, mi bebida caliente lo reafirmaba, la ansiedad no impidi贸 que saliera a divisar mi hogar, siempre verde y sereno, como quien oculta las m谩s intensas faenas, incluso bailes entre la vida y la muerte en forma de rayos y garras empapadas de sangre. Con mi mochila a bordo daba esa 煤ltima caminata llena de misticismo, un mono curioso se quedaba mir谩ndome como si tuviere algo en mi cara, era evidente el susto que me imbad铆a, porque a pesar que estaba acostumbrado al peligro de las cacer铆as, de las criaturas venenosas y de los m谩s grandes carn铆voros a medida que me alejaba todo se empezaba a ver peque帽o.
Ya en el jeep wills la sudoraci贸n se volvi贸 m谩s intensa, pens茅 en devolverme, pero sab铆a que ten铆a una cita con el destino, y antes de vivir ese mont贸n de experiencias, deb铆a lograr la haza帽a de poder volar en ese p谩jaro de acero, a pesar que los ve铆a todos los d铆as invadiendo nuestro cielo, nunca imagin茅 que fueran tan grandes, 驴c贸mo era posible?, yo los ve铆a muy peque帽os. Pero como nunca vi a ninguno caer de su vuelo decid铆 confiar, pero todo se agudiz贸 cuando sent铆 la primera turbulencia, por primera vez en mi vida rec茅 2 veces seguido el avemar铆a, y parece que surgi贸 efecto porque ese p谩jaro de acero se calm贸 y solo me quedaba contemplar las nubes, esas en las que alguna vez so帽茅 vivir.
Cuando asomaron las grandes bestias, me percat茅 que no hab铆a mucha diferencia con mi hogar, los r铆os eran ahora grises, las estampidas se ve铆an como aparatos de colores y con pito, los monos ahora usaban jeans y eran un poco menos 谩giles y los frondosos 谩rboles eran ahora enormes murallas de cementos, solo que un poco m谩s p谩lidas, ya estaba aterrizando, sab铆a que una vida nueva me esperaba, solo quedaba estar atento, con mis sentidos activos, porque una vez escuch茅 en un radio de un visitante que la calle es una selva de cemento.

No entend铆a el camino que ten铆a que recorrer. Llevaba d铆as averiguando y preguntando pues tendr铆a que ir a la ciudad a buscar un m茅dico porque el m茅dico del pueblo no me pod铆a ayudar. Hab铆a preguntado al sacerdote que me explicara y como pudo me dio un papel con las anotaciones necesarias, sin embargo, yo no sab铆a leer.
Primero un viaje largo en caballo hasta el centro del pueblo. Me fui con mi compadre para que se llevara de regreso mi caballo, lo sab铆a montar muy bien lamentablemente no me lo pod铆a llevar hasta la ciudad. Llegando al centro mi compadre me compr贸 un boleto me dijo, un papelito que me dio y me dijo que me subiera a un bus. Yo nunca hab铆a visto un bus tan grande, ni siquiera uno peque帽o. Dijo que subiera all铆 y me sentara en alguno de los lugares que estuvieran vac铆os. Y as铆 lo hice, me dijo que hasta que llegar al final del camino me volviera a bajar, que all铆 estar铆a ya en la ciudad. Dormido me qued茅 y no sent铆 las horas que pasaron, ni siquiera pude ver el camino, ten铆a muchos nervios. Cuando el bus se detuvo vi que todos se estaban bajando. Ya llegu茅 dije emocionado, me ca铆 en un agujero y entonces me despert茅 y estaba en mi catre en mi rancho. Uff menos mal pens茅, solo era un sue帽o y no tengo que viajar a ninguna parte. 隆Qu茅 alivio! Suspir茅.

Escribir esta historia me cost贸 mucho, 驴c贸mo describir lo que nosotros conocemos tan cotidianamente en los conocimientos limitados que puede tener alguien que ha pasado su vida en la selva? Pero hice mi mejor esfuerzo y he aqu铆 el resultado 馃槂))
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El rito de iniciaci贸n de Kawaki resultaba un tanto extra帽o, pero si el jefe de jefes, el gran Cacique Guaicaipuro, dec铆a que era lo que deb铆a hacer para convertirse en un hombre, entonces, no hab铆a otra opci贸n. Un guerrero no mostraba miedo y Kawaki aspiraba a ser nada menos que el mejor guerrero de su aldea. Sus hermanos hab铆an sido encomendados a otras misiones como infiltrarse en aldeas vecinas, robar ganado, matar un jaguar. A 茅l se le dio la peligrosa misi贸n de ir al mundo de los cara p谩lidas, aquellos pobres seres enredados de trapos y con palitos humeantes que de vez en cuando asomaban sus narices por aquellas tierras lejanas del Amazonas en busca de El Dorado.
Al siguiente d铆a Kawaki se despert贸 con los primeros rayos del sol y baj贸 del tepuy donde se encontraba su aldea hasta el mundo de los cara p谩lida. No segu铆a una ruta espec铆fica, pero no hac铆a falta, nunca se hab铆a perdido en la selva y confiaba en su instinto para llevarlo a su destino. Al llegar al r铆o esper贸 montado en lo alto de un 谩rbol. Sab铆a que los cara p谩lida paseaban en sus curiaras, era cuesti贸n de tiempo que uno apareciera por all铆 y lo guiara hasta su aldea. Su pueblo no hab铆a tenido mucho contacto con los blancos, por ello result贸 extra帽o la petici贸n del Cacique, pero el cham谩n lo secund贸 diciendo que hab铆an tenido una visi贸n compartida en donde el Padre Sol les habl贸 y dijo que se deb铆an amigar de los blancos, de lo contrario una terrible desgracia iba a caer encima a la gente de la aldea. Kawaki se sinti贸 extasiado por tan honrada misi贸n, pero eso no significaba que ten铆a idea de c贸mo cumplirla. Al caer la tarde escuch贸 el ruido de voces, risas y el olor a cigarro. Los blancos se acercaban en una canoa a chorros. Iban tan r谩pido que calcul贸 que ser铆a dif铆cil seguirlos desde la orilla, por lo que la 煤nica opci贸n era subir a bordo. As铆 lo hizo, y de forma sigilosa viaj贸 miles y miles de kil贸metros escondido entre el equipaje de los blancos como un poliz贸n, sin que nadie sospechara.
Fue incalculable para Kawaki el tiempo que pas贸 acuclillado y en silencio para que no notaran su existencia. No sab铆a contar, por lo que el tiempo lo calculaba en d铆as y noches, pero aquel recoveco del barco siempre estaba oscuro y h煤medo. Se enter贸 que hab铆a llegado a su destino cuando una rendija de luz se hizo paso y se abri贸 como un portal, ceg谩ndolo. Los blancos empezaron a bajar sus pertenencias mientras el indio se iba con la misma discreci贸n con la que entr贸. Al salir corri贸 r谩pidamente a los primeros 谩rboles que vio y se encaram贸 como un mono aullador. Se sinti贸 a salvo desde all铆. La altura le permiti贸 observar el mundo de los cara p谩lida, resulta que el n煤mero de ellos se hab铆a multiplicado, estaban por doquier. La aldea tambi茅n era mucho m谩s grande que cualquier shabono ind铆gena, estaba repleto de chozas, algunas de ellas sobre otras chozas, algunos blancos iban en troncos con ruedas que echaban humo, otros a pie llenos de trapos de pies a cabeza. Resultaba obvio, incluso para Kawaki que nunca antes hab铆a tenido contacto con la civilizaci贸n, que su pueblo se hab铆a quedado atr谩s, y que si decid铆an atacar, ellos ten铆an todas las de perder. Claro, morir铆an peleando, como deb铆a ser. Pero 茅l hab铆a sido enviado all铆 por el cham谩n y el Cacique, deb铆a haber algo que pudiera hacer por su pueblo. Muy cerca de donde estaba, vio tres indias caminando con las manos llenas de canastos de frutas, huevos y pl谩tanos. Estaban amaestradas, hab铆an olvidado sus ra铆ces, pero dentro de ellas hab铆a sangre india. Razon贸 que si ellas caminaban libremente, entonces los blancos no eran tan peligrosos. Decidi贸 acercarse y hablar con ellas. La primera reacci贸n de las mujeres fue de espanto, soltaban risas nerviosas y cuchicheaban viendo a Kawaki ah铆 abajo lo que los blancos se tapan y nunca muestran en p煤blico. Kawaki, indiferente, les habl贸 de su misi贸n, de la visi贸n del Gran Cacique y el cham谩n y del peligro que corr铆a la aldea. Una de ellas, que hablaba, ind铆gena tradujo para las otras dos. Se llamaba Maya y era la hermana mayor. En medio de las limitaciones del lenguaje, pues Maya no era ninguna experta, explic贸 a Kawaki que hab铆an pasado muchos a帽os de la conquista, que los ind铆genas, negros y mulatos hab铆an sido liberados por un hombre a caballo, que ahora eran iguales y estaban en un pa铆s llamado Venezuela, los descendientes de indios que andaban por esas regiones trabajaban en las minas o en el negocio de las maderas codo a codo con los blanco. Kawaki entendi贸 muy poco pues nunca hab铆a o铆do de libertad o esclavitud, los guerreros que perd铆an no eran convertidos en esclavos de nadie, sino que eran desterrados de la aldea y confinados a pasar su vida en soledad, el aislamiento resultaba ser el peor castigo entre los indios. Tampoco entendi贸 sobre las piedras brillantes que los cara p谩lida buscaban y mucho menos entendi贸 el concepto de econom铆a o pa铆s, pues todo lo que conoc铆a era su pac铆fica aldea en lo alto del tepuy. Volvi贸 a preguntar a Maya sobre alg煤n cham谩n que lo guiara en su b煤squeda, pero Maya no entendi贸 muy bien a qu茅 se refer铆a ni que buscaba. Lo mejor que se le ocurri贸 en ese momento fue buscar la ayuda de la profesora Clara, quien hab铆a pasado a帽os educando a los ind铆genas como Kawaki selva adentro por lo que se llevaba muy bien con ellos. Kawaki sigui贸 a las mujeres durante un largo trayecto por la aldea blanca, vio m谩s de esos troncos en ruedas, algunos del tama帽o de un rinoceronte, otros peque帽os como caballos fam茅licos. Sinti贸 el peso de las miradas, nadie se le acercaba, pues ten铆an miedo de su garrote, aunque Kawaki pens贸 que era porque inspiraba respeto, pero por donde pasaba era el centro de atenci贸n. Hac铆a mucho tiempo que no se ve铆a un indio puro por esas zonas de Santa Elena. La mayor铆a ya andaban vestidos y hablaban en perfecto castellano, aunque muchos conservaban los vocablos de sus pueblos de or铆gen como forma de mantener la cultura, era inevitable que estas lenguas desaparecieran con el avance de la modernizaci贸n y se perdiera toda informaci贸n milenaria acerca de estos pueblos ancestrales. Kawaki vi贸 que entraron a una choza en donde hab铆a muchas sillas, y enfrente de todas ellas un tronco plano donde hab铆a una mujer blanca apoyada viendo algo que no reconoci贸, algo as铆 blanco como las primeras plumas de un polluelo, pero de forma sim茅trica. La maestra levant贸 la mirada y vio a Kawaki junto con las tres mujeres llenas de canastos del mercado. Le fue dif铆cil no soltar un grito ante aqu茅l hombre formidable, pintado en los colores de la selva, atravesado de palos y con adornos de plumas y dientes de bestias. Maya la calm贸 explic谩ndole la situaci贸n a detalle, desde la misi贸n del Gran Cacique y el cham谩n, hasta la parte donde Kawaki las intercept贸 para pedirles ayuda. A Kawaki no le gust贸 mucho que la maestra fuera blanca porque por costumbre no se fiaba de los cara p谩lida, pero lo cautivaron los ojos color cielo de aquella mujer y los cristales que llevaba sobre 茅stos. Clara sinti贸 que deb铆a ir ella misma a aquel pueblo y ver en qu茅 estado estaban los indios. En su experiencia como voluntaria en una ONG para el cuidado y protecci贸n de los ind铆genas del Amazonas, Clara hab铆a visto que muchas de las aldeas m谩s aisladas empezaban a quedarse despobladas por la baja natalidad y por las enfermedades que los azotaban por culpa de los r铆os contaminados de mercurio como consecuencia de las actividades mineras. En una ocasi贸n visit贸 una aldea donde todo lo que quedaban eran un par de viejos indios deseando reunirse con los suyos en el mundo de los esp铆ritus. Lo mejor en esa situaci贸n era entablar una l铆nea de comunicaci贸n entre el pueblo de Kawaki y el mundo actual, as铆 se pod铆an proveer de medicinas, provisiones, agua potable, m茅dicos, y maestras como ella que ense帽aban escritura y lectura a los indios para que estos pudieran conservar su historia. Claramente, estos conceptos eran muy abstractos para explicar a Kawaki, por lo que Clara, que manejaba un poco de la lengua india le hizo saber que ella era una blanca amiga y que lo ayudar铆a a cumplir con 茅xito su misi贸n. Kawaki, quien no se terminaba por decidir si confiar o no en aquella mujer de ojos brillantes, acept贸 guiarla hasta su aldea si cumpl铆a un rito para demostrar que era digna鈥

Hoy despert茅 con el primer sonido que la naturaleza me regala, un coro de p谩jaros y los primeros rayos del sol.
Me levanto inmediatamente, tengo que emprender un viaje que me llevara medio d铆a hacia el poblado m谩s cercano a la selva.
Preparo mi sute, un recipiente de jicama con agua, un trozo de carne seca, y 4 bananos. Empiezo a caminar entre la selva guiada de la ubicaci贸n de la luz de sol, se que tengo que ir en direcci贸n a el; para ayudarme a caminar llevo siempre conmigo un palo de sauce tan viejo como yo, pero fuerte y resistente con el tiempo.
Camino y camino, cada hora el calor se hace m谩s intenso. Paro y escucho que hay muy cerca una jabal铆 con sus cr铆as, es mejor rodear e ir con precauci贸n. Logro pasar sin ning煤n percance, pero a煤n me falta un tiempo para llegar.
Camino y camino esquivando ramas de la selva, a lo lejos logro mirar un claro de luz que me indica que falta muy poco.
Llego a una planicie, un camino de tierra, al fondo miro las casas, y unas cosas largas con ventanas, muy largas. Sigo caminando y de repente bajo mis pies hay una cosa negra que quema mis pies esta caliente, me hago a un lado para seguir caminando en la tierra.
Tan r谩pido como me quito pasa un tremendo ruido que me asusta, parece un caballo con ruido van dos personas montadas en el y mueven sus brazos y manos como queriendo decir algo.
Voy a paso firme pero cansada, encuentro un 谩rbol me siento bajo su sobra, desamarro mi sute bebo un poco de agua y como la carne seca. Comiendo y descansando un poco observo la belleza de la selva sus diferentes tonos de verde, caf茅s y amarillos, aun a pesar de estar fuera de el, logro escuchar los cantos de los p谩jaros, o no se si es mi imaginaci贸n; volteo la vista a la direcci贸n donde tengo que llegar, no se que es lo que miro moviendo de lejos, miro humo, y logro escuchar ruido.
No se si realmente quiero llegar a esa selva, o quedarme con el olor, los sonidos de los animales los colores que tiene mi hogar.

EJERCICIO
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Salimos de la selva en una especie de tronco voldaor con alas color blanco, y aterrizamos en una oscura y aburridisima versi贸n de mi hogar, era un gigantesco espacio vac铆o con las cuevas mas grandes y simetricas que he visto, d贸nde guardaban m谩s troncos voladores con alas iguales.
Pude observar como met铆an dentro de los mismo una especie de agua con frutos, al que llaman "gasolina"
Entrasmo a la gigantesca cueva con cientos de dibujos brillantes, con minicuevas dentro llenas de frutos y agua, a todo esto le llaman 鈥渁eropuerto鈥, al entrar a lo que llos llaman ciudad, encontr茅 una versi贸n de nuestra selva, pero m谩s aburrida y oscura, hab铆a cientos de arboles, pero estos eran reflejentes y rectangulares, y muy duros, adem谩s ninguno daba frutos, creo que un se帽or dijo que los llamaban 鈥渆dificios鈥

Un mandril que andaba sobre sus dos patas me subi贸 a un refugio extra帽o. En lo que el sol tarda en moverse de lo m谩s alto hacia lo m谩s bajo del cielo, estuve encerrado en lo que parec铆a el interior del tronco m谩s ancho y hueco que hab铆a visto jam谩s, pero con muchas cositas extra帽as donde pod铆a sentarme sin que me duelan las nalgas ni los pies. El refugio se sacud铆a y mov铆a por toda la selva y mas all谩 sin necesidad de patas, si no sosteni茅ndose sobre al menos cuatro cocos gigantes. Despu茅s el paisaje empez贸 a perder sus 谩rboles verdes鈥 y aparecieron otros tanto m谩s altos y blancos como colmillos.

Desde hace mucho hay algo q me dice que debo salir, coger otros rumbos y la cuidad es uno de ellos, siento temor, no tengo ni idea con que me voy encontrar, una ma帽ana decidida. Sal铆 temprano, camine hasta el puerto, tome una lancha que me llevaba al pueblo y estando all铆 tome un autob煤s hacia la cuidad. Cuando llegue mis ojos vieron algo鈥 completamente diferente a mi hogar, no hab铆a 谩rboles, r铆os animales, solo hab铆an personas parecidas siguiendo no s茅 qu茅. Ese d铆a una persona me hablo me guio hacia un lugar, llamado iglesia para buscar refugio mientras me estabilizaba en la cuidad. All铆 me refugie unos d铆as, lo suficiente para aprender lo que necesitaba. El padre me recomend贸 para trabajar en un restaurante donde conoc铆 a un estudiante del universidad nacional Jes煤s se llama mi amigo desde ese d铆a. Ese d铆a el me hablo de su vida en la cuidad, de su carrera, de muchas cosas que llamaron mi atenci贸n. Un d铆a mi amigo, me ense帽o un libro de Mario Mendoza me llamo tanto la atenci贸n que lo ped铆 prestado y lo ley en poco tiempo. Tiene un amanera de atrapar al lector de expandir la mente de una manera sorprendente. Desde aquel d铆a todo cambio para m铆, empec茅 a leer m谩s a estudiar a capacitarme y a comprender que mi hogar es la naturaleza estar tranquilo y me propuse comenzar de nuevo desde cero y devolver sentido a mi vida buscando el rastro de una tribu misteriosa, <los hombres invisibles>, los 煤ltimos ind铆genas de Am茅rica que a煤n no han entrado en contacto con la civilizaci贸n.

Mi nombre es Joseph. Una hermosa tarde en la selva fui a jugar f煤tbol con mis amigos. Yo era considerado el mejor del equipo, marcaba muchos goles y jugaba regularmente. Pero ese d铆a, no fue un d铆a corriente.

Ese d铆a, dos reclutadores brit谩nicos fueron a ver nuestro juego, al sorprenderse, fueron a hablar con mi madre y mostraron inter茅s por llevarme a Inglaterra a jugar en la 5ta divisi贸n Inglesa. Hablaban de un 鈥渁vi贸n鈥, algo muy parecido a un p谩jaro con alas pero de material fuerte como el tronco de un 谩rbol y que era m谩s veloz que una gacela.

Pasaron los d铆as hasta que lleg贸 la fecha del vuelo, ansioso por saber qu茅 era un avi贸n, llegu茅 al 鈥渁eropuerto鈥, un lugar que parec铆a un corral donde todos los caballos eran atados y descansaban para luego transportar gente.

Minutos despu茅s, me sub铆 a esa enorme ave, volamos por horas, vi las nubes, vol茅 m谩s alto que las 谩guilas y por fin conoc铆 qu茅 es un avi贸n.

He llegado al fin. Prometieron que ser铆a maravilloso, que ver铆a cosas extraordinarias en este lugar llamado 鈥渃iudad鈥. La primera vez que me indicaron que volar铆a a la ciudad, de hecho, imagin茅 que hab铆an inventado un mecanismo que nos permitir铆a volar tal cual lo har铆a un ave, y no pod铆a esperar a tener una experiencia tan maravillosa. Sin embargo, grande fue mi decepci贸n cuando tuve que ingresar a algo que ten铆a la forma de un ave, pero sin su gracia ni hermosos colores. Ya en la ciudad, me regalaron una caja, muy peque帽a y muy delgada. Me dijeron que a trav茅s de ella podr铆a comunicarme con mi familia en la selva, que a ellos se les dar铆a una de esas cajitas tambi茅n. Espero que ellos sepan c贸mo usarla y se logren comunicar conmigo de alguna manera, yo quise lavarlo en esos peque帽os manantiales que existen aqu铆 en la ciudad, y cuando volv铆 para que me ense帽aran a usarlo, me dijeron que hab铆a malogrado la cajita. Es de noche ya, y dormir茅 en una de estas chozas que no crecen hacia los lados, sino hacia arriba, es tan raro.

No conoc铆a nada de una civilizaci贸n, s贸lo me hab铆a criado con animales. Hasta que un d铆a me atrev铆 a ir hasta el fina del r铆o y ver 谩rboles de piedra, y brillantes como el r铆o.
Todos me miraban raro, y eran iguales a mi. Al parecer, yo era el perdido

Han pasado 5 a帽os desde que llegu茅 al nuevo mundo. Ya puedo hablar de una forma en que los del nuevo mundo me entienden. Estas personas llegaron un d铆a cualquiera, recuerdo que era de ma帽ana y estaba lloviendo un poco. Los vi llegar en sus barcos pero ellos no me vieron a mi. Llevaban ropas largas como las que yo llevo ahora y sosten铆an peque帽os techos sobre sus cabezas para protegerse de la lluvia. Unos desempacaron en la paya y otros entraron a la selva buscando algo sin saber qu茅 buscar. No estaban cazando, eso se notaba. Estaban explorando como me explicaron despu茅s. Al darme cuenta de lo vulnerables que eran decid铆 erguirme como ellos y acercarme. Su primera impresi贸n fue de sorpresa y pensaron que estaba en peligro por lo que intentaron ayudarme. Mi primera impresi贸n al estar cerca de ellos era que ol铆an diferente, todos ol铆an igual a m铆 pero al igual que con la ropa usaban un olor para cubrir su olor. Parec铆an avergonzados siempre cubri茅ndose frente a sus iguales. Me ense帽aron su lenguaje, sus costumbres, su forma de organizarse como grandes grupos llamados paises y otros peque帽os llamados ciudades. Quise entender m谩s, as铆 que me sub铆 a su gran barco mientras pensaba 鈥渁hora yo ser茅 el explorador鈥.

Gracias por ese enfoque

Una ciudad en lenguaje de selva鈥
Me imagino a Tarzan salir de su mundo cotidiano a la civilizaci贸n diciendo:
鈥淓sta selva es muy diferente a la m铆a. Para empezar, el suelo es mucho m谩s duro, casi no hay color verde, noto mucho gris a donde quiera que voltee. Los animales son como algo que nunca hab铆a visto, muy peque帽os, d茅biles, con poco cabello y a pesar de que todos son distintos de la cara, tienen cierta similitud entre ellos. Los 谩rboles no se escalan, sino que se entra a una especie de cueva a ellos pero es extra帽o, solo se puede entrar cuando el sol est谩 en el cielo, despu茅s de que se oculte la gente sale y no regresa hasta el d铆a siguiente.鈥

Me encanta est谩 idea, en la composici贸n musical se usa tambi茅n contar la historia desde primera segunda y tercera persona.

Mi Viaje de la selva a la ciudad
Buscando fotos en el ba煤l de mi abuelo, encuentro una vieja libreta. Al abrirla las hojas desprend铆an ese aroma especial que tienen los libros viejos, sus hojas estaban amarillas, algunas ni se pod铆an leer.
Pasando p谩gina por p谩gina comienzo a ver diferentes dibujos y textos que mostraban un viaje desde la selva a la ciudad donde nos encontr谩bamos.
Me dio mucha intriga, quer铆a saber de que se trataba, parec铆a toda una aventura, ser铆a de mi abuelo? nunca me dijo que hab铆a estado en la Selva.
Los dibujos mancaban un mapa con una cruz que dec铆a 鈥淓l tesoro de la Isla perdida鈥, sent铆 por un instante nerviosismo, quer铆a saberlo todo, ser谩 verdad?, habr铆a un tesoro?, quien sabr铆a esta historia?
Recost茅 mi espada contra el ba煤l para sentirme mas c贸moda, puse atenci贸n en cada p谩gina, cada dibujo parec铆a una viaje fantasioso de alg煤n cuento misterioso.
Adem谩s de esos dibujos, del mapa, hab铆a un relato de un ni帽o que hab铆a viajado de la Selva ala ciudad. Se trataba de un ni帽o que hab铆a aparecido solo en la Selva y quien relataba el viaje eran los propios dibujos del ni帽o, quien parec铆a que no sab铆a escribir.
Con mucha imaginaci贸n logr茅 descifrar lo que para ese ni帽o fue el viaje en avi贸n, seguramente no entend铆a lo que le estaba pasando ni donde se encontraba.
El dibujo era impresionante, no necesitaba ning煤n texto que acompa帽ara explicar lo que para 茅l fuera ese viaje, se trataba de un gran p谩jaro, con sus alas bien abiertas y un ni帽o con mirada miedosa sobre el.
En ese momento escucho pasos, era mi abuelo que me estaba buscando

  • Felipe! donde estas?
  • Ac谩 abuelo en el cobertizo, buscando fotos en el ba煤l!
    El abuelo se acerc贸 a Felipe y reconociendo su libreta con l谩grimas en los ojos, le cuenta la historia del viaje de la Selva a la Ciudad de ese ni帽o que hab铆an encontrado perdido en una exploraci贸n donde fue asignado hac铆a muchos a帽os.

Mi primer viaje en ciudad

Yo nac铆 y crec铆 en la selva de la amazona, era originario de las tribus que hablan las lenguas nativas de Am茅rica, con la ayuda de muchas personas que llegaban a nuestra aldea aprend铆 a hablar Castellano.

Cuando cumpl铆 los 18 a帽os un cient铆fico me insist铆a que viajara a la ciudad a hacer una investigaci贸n sobre las plantas medicinales que utiliz谩bamos nosotros para curarnos, ya que el pensaba hacer nuevas pastillas con esas plantas.

Bueno un d铆a decido ir a la ciudad, el cient铆fico me dice 鈥淪煤bete a mi coche鈥 馃 me quedo pensando c贸mo 铆bamos a caber dos personas sobre un coche. Luego 茅l me explica que es un autom贸vil, wow digo al momento de verlo y ver que pod铆a caminar el autom贸vil m谩s r谩pido que yo.

Llegamos a la ciudad y comenc茅 a ver que hab铆a cientos de coches, comenzamos a caminar hasta que llegamos un sem谩foro y el cient铆fico me dice 隆Alto! Ah铆 vine un jaguar muy r谩pido. Cuando escucho eso, salgo corriendo a esconder detr谩s un coche que estaba parqueado.

Al cient铆fico le cost贸 encontrarme, luego de un rato que paso busc谩ndome me encontr贸 y me pregunta 驴Por qu茅 saliste corriendo? Le comento que sent铆 miedo al saber que jaguar 馃樃 ven铆a muy r谩pido, ya que hab铆a tenido problemas anteriormente con esos animales.

Pasado ese momento el cient铆fico me explico que era un autom贸vil, fue as铆 como comenz贸 toda una traves铆a poder en la ciudad luego de dejar mi querida y amada selva.

Hace unos d铆as hablaba con algunos 鈥済uardabosques鈥, gente que naci贸 en la 鈥渃iudad鈥 pero cuidaba nuestra selva de otra gente que quer铆a destruirla. Sus relatos sobre su hogar, llenos de magia y misterio, me causaban mucha curiosidad, por lo que decid铆 emprender un viaje con uno de ellos para conocer ese lugar. Estuve alg煤n tiempo y al regresar, los miembros de mi tribu no pod铆an creerme cuando les hablaba sobre mi viaje, pero seguro de lo que all铆 hab铆a visto les contaba:

鈥擫a gente de all铆 aprendi贸 a domar a las piedras, e hicieron colmenas gigantes por todas partes, eran inmensas y ten铆an muchos huecos tapados con algo transparente como la savia de los 谩rboles, pero muy endurecida. Entre las colmenas hab铆a senderos de piedra, y entre algunos senderos hab铆a r铆os tambi茅n petrificados, en donde pasaban grandes animales, parecidos a escarabajos, pero muy grandes, que por dentro llevaban m谩s gente. Estos escarabajos eran peligrosos, no se pod铆a pasar por el r铆o petrificado cuando ellos corr铆an por 茅l, y adem谩s su coraza era muy dura.
禄 Exist铆an algunos 谩rboles como los de ac谩, pero tambi茅n se ve铆an 谩rboles extra帽os, muy duros. Algunos ten铆an lianas grises que llegaban a otros 谩rboles, otros ten铆an fuego de colores, algunos ten铆an estrellas dentro. Hab铆a mucho ruido por todas partes, era como escuchar una tormenta con rel谩mpagos; una catarata; insectos, ranas, y aves con cantos extra帽os, a veces todo al mismo tiempo.
禄 En algunas partes de la ciudad, dentro de las piedras, hab铆a cuevas, en donde una serpiente gigante se deten铆a, abr铆a muchas bocas, la gente entraba, la serpiente se iba y as铆, ellos se mov铆an m谩s r谩pido de un sitio a otro.
禄 Por las noches dorm铆a en un sitio dentro de una colmena, que quedaba separada de los dem谩s sitios de ella por una pieza de madera. Adentro de este sitio hab铆a algo muy extra帽o: una piedra en donde se pod铆an ver personas, animales, y otras partes de la ciudad. Era una piedra m谩gica鈥
Iba a continuar mi descripci贸n, pero todos en la tribu rompieron a carcajadas con el relato de la piedra m谩gica. El cham谩n de la tribu me dijo que alg煤n 鈥渆sp铆ritu travieso鈥 me hab铆a pose铆do, por lo que decidi贸 limpiarme con un ba帽o de hierbas para despojar su mala influencia. No repet铆 el relato otra vez, pero decid铆 que pronto y en secreto, emprender茅 mi segundo viaje.

Los 谩rboles, el hermoso amanecer y el limpio y dulce aroma azotaba mi peque帽o refugio al que llamaba 鈥淐asa鈥 en la selva, todo iba bien hasta que un d铆a escuch茅 un sonido monstruoso y fui a revisar, no sonaba como un jaguar o un ave y cuando llegu茅 me di cuenta de que hab铆a muchas m谩s personas como yo, estaban talando los 谩rboles de la selva con unas cosas gigantes parecidas a los elefantes que reflejaban el sol, a m铆 no me gust贸 lo que estaban haciendo, ya que era el hogar de muchos de mis amigos animales, as铆 que con mi b谩sica lengua que hab铆a aprendido con varios encuentros humanos antes, ya que yo viv铆a solo en la selva habl茅 con ellos y me dijeron que cualquier cosa levantara un acta a una llamada 鈥淚nstituci贸n protectora鈥 o algo as铆, al d铆a siguiente me prepar茅 bien, llevaba comida y mis herramientas de siempre, incluso un poco de dinero que a algunas personas hab铆an dejado tirado cerca de la selva y as铆 empez贸 mi viaje a la ciudad, tuve que tomar algo llamado 鈥淐ami贸n鈥 era igual que los elefantes refractivos de antes, pero se mov铆a m谩s r谩pido como una pantera y llegu茅 r谩pido al refugio humano, ten铆a 谩rboles llenos de material refractivo gigantescos, con el viaje al cami贸n me hab铆a quedado sin dinero, estuve preguntando por esa llamada 鈥淚nstituci贸n protectora鈥 pero la mayor铆a de las personas me miraban feo por mi aspecto y me ignoraban, hasta que una amable mujer que estaba en un 鈥淐entro de apoyo鈥 me dio ropa nueva, era muy bonita y ol铆a bien, tambi茅n me dio comida y me dijo d贸nde era, yo le agradec铆 y le intent茅 pagar con fruta, pero me rechaz贸, as铆 que part铆 por el camino que me hab铆a dicho y llegu茅 a un 谩rbol refractivo, no tan grande como los del inicio, pero si m谩s grande que un elefante, as铆 que entr茅 y tuve mucha suerte. ya que cuando le dije lo que ocurr铆a a las personas que hab铆a ah铆 dentro me prestaron mucha atenci贸n y se organizaron para acabar con los taladores de 谩rboles, despu茅s de eso dorm铆 en un 谩rbol en un llamado 鈥淧arque鈥, ya que era el 煤nico lugar con 谩reas verde y no esa muy caliente y dura 鈥渂anqueta鈥, al d铆a siguiente fui de nuevo ah铆 y me dijeron que la 煤nica forma de detenerlos era tomando fotos de la vida silvestre y haci茅ndolo p煤blico, as铆 que fuimos con un tal alcalde y lo expusimos, hubo mucho revuelo, cuando salimos de donde estaba el alcalde hab铆a un mont贸n de aves luminiscentes afuera del lugar, que lanzabas destellos y repet铆an las mismas preguntas como si de cotorros o pericos se tratasen, as铆 que despu茅s de eso me sub铆 a un 谩guila gigante hecha de un llamado 鈥淢etal鈥 y me llevaron hasta mi casa en la selva, despu茅s de eso me ense帽aron a usar una tal 鈥淐谩mara鈥, ya que se fijaron que me pod铆a acercar a los animales y estos no hu铆an de m铆, tome muchas 鈥淔otos鈥 y ahora con esas fotos que salen en una llama 鈥渞evista鈥 que ir贸nicamente est谩 hecha de 谩rboles se gana dinero vendi茅ndola para as铆 replantar el bosque y ayudar a la naturaleza, adem谩s de que con eso de vez en cuando me traen cosas y me construyeron una casa de madera en un 谩rbol en la selva.

VIAJE A LA CIUDAD
Y fue as铆 que partimos a la gran ciudad, deb铆amos acudir a las autoridades para que garantizaran la protecci贸n de nuestras tierras, grandes santuarios que se deber铆an proteger para toda la humanidad, nos llevaron en algo que le llamaban camioneta era como una caja muy grande en la que entran personas y se mueve por si sola pero una persona la va guiando como a una mula, ten铆a ventanas con una l谩mina transparente llamada vidrio es como el agua pero solida la pod铆as tocar y era dura pero pod铆as ver a trav茅s de ella tambi茅n ten铆a bancas blanditas como colchones y muy c贸modas donde nos sentamos, la camioneta iba muy r谩pido por un camino negro muy liso no se sent铆an agujeros ni piedras parec铆a que viajabas sobre piedras muy lisas como las del rio, en eso llegamos a un aeropuerto que es un lugar donde bajan aviones que son como aves gigantes pero de metal como el de las herramientas, parecido al material de la camioneta, en esas aves entra la gente y vuela por el mundo es como del reino de los esp铆ritus, nos metimos en el avi贸n con mucho miedo pues hacia un ruido muy fuerte y volaban mucho m谩s r谩pido que cualquier ave, ten铆a bancas como las de la camioneta y nos hicieron amarrarnos en ellas con cuerdas muy planas y con broches muy grandes, no pude evitar gritar se sent铆a muy mal mi cuerpo cuando iba volando, pero fue fant谩stico ver las nubes por las ventanas y los valles y ciudades, todo se ve muy peque帽ito, en eso bajamos al aeropuerto de la ciudad era muy grande es como una casa pero m谩s alta que los 谩rboles y larga m谩s que todo el pueblo es como una caja grand铆sima y el piso era como de piedras pulidas tanto que brillaba y hasta era resbaloso tambi茅n adentro hab铆a mucha gente de diversas formas y tama帽os que iban para todos lados.
El gu铆a nos llev贸 a otra camioneta donde estaba hab铆a much铆simas m谩s de muchos colores y tama帽os no s茅 c贸mo las reconocen muchas se me hac铆an iguales y se fue por algo que llamo avenida que es como un camino muy ancho y tiene cosas pintadas por el viajan muchas camionetas que no s茅 c贸mo le hacen para no chocar van muy r谩pido y muy cercas unas de otras es aterrador, en eso entramos a la ciudad y fue lo m谩s incre铆ble hab铆a casas llamadas edificios tan altos como monta帽as un junto a otro pero eran cientos eran como de piedra y de vidrio muy brillante, son huecos y la gente vive y trabaja dentro de ellos, tambi茅n hab铆a luces por todos lados como el de las l谩mparas, por la noche las calles se ven como si fuera de d铆a y hay luces que cambian de color para que las camionetas avancen o se detengan, es incre铆ble como viven all铆 no vi animales ni siembras por ning煤n lado, a nosotros nos llevaron comida muy extra帽a a nuestro edificio donde nos quedamos a dormir pero ten铆a muy buen sabor nunca hab铆a probado esos condimentos, al d铆a siguiente conoceremos al secretario que nos ayudara con nuestro problema.

Ayer, luego de la fiesta en mi comunidad todos bebimos hasta quedar dormidos. Me gustar铆a decir que fui el primero y no me acuerdo, pero qued茅 de pie hasta el 煤ltimo. Cuando cerr茅 mis ojos, todos estaban recostados. Pero al despertar, nadie estaba. Busqu茅 a toda velocidad detr谩s de cada hoja, en cada 谩rbol de cada espacio cercano. Pero no los encontr茅. Ni en el r铆o, ni las chozas y menos en las ramas.

Entonces, pens茅 en buscar all谩. Donde ninguno iba porque todo era m谩s chico, seg煤n lo que nos cont贸 el jefazo. Nadie en mi clan gustaba de esas chozas de piedra pulida y pintadas, aunque nadie hab铆a visto m谩s all谩. Cuando la selva se acababa. Esta era mi oportunidad.

Camin茅 hasta donde los 谩rboles escaseaban y vi a lo lejos, una gran serpiente plana. No ten铆a fin, pero s铆 una raya blanca que recorr铆a su lomo. La miraba y pensaba. 驴Si llego a la cabeza de este animal, encontr茅 a mi familia? Camin茅 con cuidado. Porque cuando el sol estuvo sobre m铆, la serpiente quemaba.

Luego, vi capibaras gigantes con gente encima. Ellos anunciaban su llegada a mi lado antes de que siquiera los viera y cuando recuperaba la mirada. Solo ve铆a el viento y algo de polvo que levantaban. Cuando se pod铆a, sal铆a de la serpiente y caminaba sobre mi tierra. Cuando era imposible, volv铆a. Luego de varias horas, llegu茅 a una choza de piedra blanca. Ten铆a a un hombre con el pecho cubierto y una expresi贸n de miedo. O asco, lo recuerdo. 驴Me puedes ayudar con esto? Quiero saber d贸nde estoy, le dec铆a. 脡l no entend铆a y con un palo que ten铆a signos raros y colores, me sac贸 de su choza.

Luego, lleg贸 la noche y segu铆 caminando sobre la serpiente. Seguro, cuando los encuentre, les cuente.

Era la tercera vez que ven铆an esos extra帽os sujetos con pies fuertes y mucho plumaje, en cada ocasi贸n nos hablaban de ciertas maravillas que nos prove铆a el exterior, pues seg煤n ellos, hab铆a muchas m谩s tierras fuera de la tribu. Me di cuenta de que, cada vez que ven铆an, nuestra gente disminu铆a, muchos se sent铆an atra铆dos por las cosas que ellos contaban y embarcaban un viaje junto a ellos para no volverlos a ver, y aunque tuviera estos pensamientos, jam谩s pens茅 que llegar铆a el momento en que escuchar铆a a mi gran padre decir que ser铆amos los siguientes en tomar la invitaci贸n. Yo no quer铆a, pero a mi padre lo convencieron de que podr铆a obtener riquezas y miles de piedras preciosas con algo que parec铆a una hoja de ma铆z, como una pluma, solo que este se mojaba y perd铆a su utilidad. A m铆 parecer, las piedras cristalinas que encontraba en el r铆o eran m谩s lindas que las de colores extra帽os que ellos nos mostraban, sobre todo esa de color rojo vivo, que me hac铆a recordar la sangre de las heridas que me hac铆a cuando iba a cazar.
A las dos lunas siguientes emprendimos el viaje. Mi madre, mi hermano peque帽o y mi padre salimos a paso de los dos se帽ores con mucha piel encima y una extra帽a cosa que llevaban sus cabezas para evitar el sol. Caminamos por mucho rato, ya dejando los l铆mites de la tribu y a pesar de que 茅ramos m谩s conocedores del lugar, a煤n segu铆amos expectantes ad贸nde nos conducir铆a esta aventura. Luego de varias horas de camino, finalmente llegamos a una planicie donde nos esperaban otros se帽ores junto a una lib茅lula gigante que rug铆a. De inmediato me asust茅 y empec茅 a llorar, sab铆a que esto ser铆a nuestro fin y tendr铆amos que rogar el perd贸n a los dioses por haber abandonado la tribu. Nuestros acompa帽antes le insistieron a mi padre y madre en tomar la oportunidad y confiar en ellos. Yo no lo hac铆a, pero si mis padres lo decid铆an as铆, no hab铆a manera de retractarse. Despu茅s de tanto palabrer铆o, los convencieron en que era buena idea meternos en el est贸mago de esa lib茅lula, la cual supuestamente nos llevar铆a a nuestro destino; yo estaba muy aterrada una vez dentro, era una superficie fr铆a y dura, sin contar los ruidos que hac铆a en su interior, como si estuviera a punto de engullirnos de un solo trago.
El viaje se demor贸 alrededor de dos partos de leopardo, y cuando llegamos a tierra, simplemente la sorpresa era mucho m谩s latente. Hab铆a otras lib茅lulas gigantes y unas parecidas m谩s a un ave, hab铆a tambi茅n personas que hablaban con rocas negras que respond铆an solas, y tambi茅n carpas enormes de barro endurecido y de diferentes colores. Para m铆, todo me parec铆a confuso e impresionante, aunque ten铆a miedo y desconfianza, sent铆a la libertad de aprender nuevas cosas, como saber la forma en que alumbraban unos palos en la oscuridad o las rocas hablaban y enviaban informaci贸n.
Mis padres y mi hermano (sobre todo mi hermano), tambi茅n se mostraban perplejos con su alrededor, y por primera vez desde que hab铆a salido de mi tribu consider茅 una gran ventaja el haber tomado este viaje lleno de aventuras para un nuevo comienzo de vida junto a mi familia. Quer铆a de pronto regresar a la selva para contar todo lo que hab铆a visto y definitivamente ser铆a una estupenda historia que contar a mis amigos a la luz del fuego mientras disfrut谩bamos de la cena.

驴D贸nde estoy?
Este sitio tiene un olor extra帽o, como aquella vez que se incendi贸 una isla cercana y muchos hermanos murieron calcinados por los llamas. Huele como si se dejara madera mucho tiempo a secar y luego se quemara por los rayos del sol. En otras partes huele como si un animal hubiera muerto y se le dejara todo el tiempo all铆, pudri茅ndose.
El ruido de este sitio es espeluznante, no se oye el canto de los p谩jaros, no se escucha el mar, no se percibe el sonido de los r铆os. No se siente el ruido que hacen las cosas al caer, como cuando un coco cae de la palmera y sabes que puedes irlo a recoger. Este lugar tiene un ruido extra帽o, ensordecedor, abrumante, el ruido de este sitio hace que sientas como se te rompen los o铆dos.
Todo tiene vida propia, las cosas se mueven por si solas y dentro de ellas se transporta much铆sima gente, m谩s de la quiz谩 pueden llevar. Otros objetos movilizan menos personas y pareciera que van m谩s r谩pido, pero en ciertos lugares estos objetos se detienen, uno detr谩s del otro y que all铆 quietos, como congelados y emitiendo esos sonidos que te aniquilan la audici贸n. Como si esto fuera poco, otros objetos como aves gigantescas, surcan los cielos, haciendo a煤n m谩s ruido que los objetos terrestres, solo que los a茅reos son m谩s dif铆ciles de ver.
Hay humanos tambi茅n, muchos, demasiados, algunos tienen que caminar de medio lado por que no caben en un solo espacio. Visten ropas extra帽as, diferentes, todos tienen atuendos distintos, usan algo en los pies, como una goma que los protege, caminan con un rumbo fijo, pero no se miran entre s铆, no hablan, sus ojos est谩n puestos en el camino o en unos objetos que aprietan con sus manos, algo as铆 como una piedra con forma de rect谩ngulo, no logro entender porqu茅 no dejan de mirar este artefacto, sus cabezas no se erigen como la de cualquier ser humano, sino que se encorva con el objetivo de seguir observando eso que cargan en sus manos. Me pregunto c贸mo se comunican sin siquiera hablar, 驴hablar谩n quiz谩? Son seres muy extra帽os.
Tengo miedo, este sitio es extra帽o, huele mal, tiene objetos m谩gicos que en su interior cargan a otros seres humanos, y otros m谩s peque帽os que suelen detenerse unos detr谩s de otros y empezar a emitir chillidos ensordecedores. Este lugar tiene unos seres humanos extra帽os, que no se comunican entre s铆 y que solo observan el objeto que cargan en sus manos.
Este es el peor lugar del mundo. Quiero regresar de donde vine.

Amada madre:

El Sr. Mat铆as insiste en que raye esta pila de hojas color nube para practicar el llamado 鈥渋dioma espa帽ol鈥 que durante 2 a帽os me ha ense帽ado en Lalongo, la selva donde nac铆.

Por primera vez, visite una ciudad. Una 谩guila de fierros voladora nos ha tra铆do hasta aqu铆. Pens茅 que al entrar en ella morir铆a como los peces cuando las 谩guilas los devoran.

Todo es extra帽o, La gente parece estar deprisa. Los hombres usan telas para decorar sus cuellos. Es como si quisieran presumir quien tiene la lengua m谩s larga y colorida. Estoy seguro que si se les preguntar谩 porque la usan ninguno dar铆a una respuesta l贸gica.

Veo personas que no son de aqu铆. Nadie les habla. Parece que piden ayuda, pero los de las lenguas en el cuello solo siguen su camino mientras se ponen en la oreja piedras rectangulares que d茅 alguna manera los hipnotiza con su luz.

Los que piden, se ven desgraciados, no se porque han dejado sus hogares. Tal vez sus selvas se quemaron o el jefe los expuls贸. O tal vez como a mi alg煤n hombre les cont贸 que la ciudad es maravillosa y deben vivir aqu铆 para ser felices.

Es ya de noche, pero no veo las estrellas, solo se ven luces de unas cosas raras que tienen ruedas. Son como nuestras balsas donde ponemos a nuestros muertos antes de dejarlos caer por la cascada, pero con ruedas y con dos ojos de fuego que iluminan su camino.

Aqu铆 no hay arboles, existen largos caminos hacia el cielo llenos de luz, donde las personas viven unos sobre otros.

Ojal谩 mi madre estuviera aqu铆, jam谩s me creer铆a tantas locuras. Aqu铆 la gente duerme hasta tarde. Ya hace 3 horas que se fue el sol y al parecer todos se sientan frente a un cuadro, parecido al agua cuando te reflejas en ella, solo que este saca personas hablando y haciendo cosas graciosas.

Ah铆 nos sentamos 3 horas viendo como una familia tiene muchos problemas y al final termina como inicio. Me hizo recordar al t铆o Gonba, todos los d铆as que promete matar a ese gran animal para que todos comamos y solo regresa con bichos.

El Sr. Matias me ha invitado a seguir aprendiendo de su gente en una jaula donde meten a todos los ni帽os durante el periodo del sol cada d铆a a aprender mientras se sientan en troncos con una base para la espalda.

No le veo sentido, yo prefiero seguir aprendiendo del maestro, ah铆 en la naturaleza, haciendo las cosas, no solo escuchando historias.

Le pedir茅 al Sr. Mat铆as me regrese con ustedes. Conoc铆 el caos de sus ciudades y prefiero vivir contigo y el t铆o Gonba en la selva.