Crear contenido atractivo no se trata solo de contar buenas historias, sino de asegurarnos de que todas las personas puedan acceder a ellas. Una frase de All In, el reservorio de recursos de Think With Google centrado en diversidad e inclusión, lo resume con claridad: «Elige las palabras con cuidado, pero no permitas que eso desvíe la historia» [0:25]. Esa idea nos lleva del storytelling al storydoing: pasar de las palabras a las acciones concretas dentro de nuestra comunicación.
¿Cómo estructurar el contenido para que sea accesible?
Cuando diseñamos una propuesta de contenido, pensamos en la historia, la jerarquía, los recursos y las acciones que queremos provocar en quien nos lee. Sin embargo, también debemos considerar que parte de nuestra audiencia podría estar utilizando un lector de pantalla [1:10]. Si no aplicamos una estructura semántica correcta, esa persona recibirá un bloque de texto sin diferenciación alguna.
La práctica más importante aquí es utilizar encabezados reales (H1, H2, H3) en lugar de simplemente agrandar el texto para que parezca un título [1:30]. Un encabezado real le indica al lector de pantalla cuál es la jerarquía del contenido, mientras que un texto con tamaño grande pero sin etiqueta semántica se leerá como un párrafo más.
¿Por qué los enlaces significativos mejoran la experiencia?
Otra práctica clave es reemplazar los típicos "clic acá" por enlaces descriptivos [2:08]. En lugar de un llamado a la acción genérico, se recomienda indicar exactamente hacia dónde dirige el enlace: por ejemplo, "descargar libro en PDF". Esto le permite a cualquier persona, con o sin lector de pantalla, saber qué acción va a realizar antes de interactuar.
¿Qué ventaja tienen los verbos activos y la primera persona?
Utilizar verbos activos simplifica la comprensión [2:30]. Es mucho más directo decir "escribí este artículo" que "este artículo fue escrito por mí". De la misma forma, hablar en primera persona genera cercanía con la audiencia. Decir "nosotros creemos en la diversidad" incluye a quien lee, mientras que "desde esta empresa se cree en la diversidad" establece una distancia que rompe el sentido de pertenencia [2:50].
¿Cómo usar emojis de forma inclusiva?
Todas las personas tenemos un emoji favorito, pero cuando pensamos en accesibilidad debemos seguir algunas recomendaciones. La fuente Social Accessible propone tres prácticas [3:20]:
- Priorizar el contenido escrito, ya que demasiados emojis interfieren con la lectura.
- Usarlos con moderación y como complemento de la idea, no como parte central del mensaje.
- Colocarlos al final de la frase, nunca intercalados entre las palabras.
Un dato importante: cada emoji tiene una descripción oficial que el lector de pantalla narra en voz alta [3:50]. Por eso se recomienda visitar emojipedia.org para verificar que la descripción del emoji elegido esté alineada con lo que queremos comunicar. Si los emojis están intercalados dentro del texto, el lector de pantalla deberá narrar cada descripción entre las palabras, lo que destruye completamente el mensaje.
¿Por qué importa el formato de los hashtags?
Los hashtags ayudan a categorizar el contenido y a conectarlo con conversaciones similares en las plataformas. Sin embargo, cuando un hashtag combina varias palabras en minúsculas, se dificulta la lectura tanto para personas como para lectores de pantalla [4:35].
La solución es aplicar lo que se conoce como Title Case, Pascal Case o Camel Case: colocar en mayúscula la primera letra de cada palabra dentro del hashtag [4:42]. No es lo mismo leer #YaEraHora que #yaerahora. La primera opción permite identificar dónde empieza y termina cada palabra sin esfuerzo.
¿Te animas a crear una publicación aplicando todas estas prácticas? Comparte tu resultado en los comentarios y cuéntanos cuál de estas recomendaciones te resultó más útil.