La historia de Muni, sin filtros - Maria Echeverry

Clase 25 de 33Platzi Conf Bogotá 2024

Contenido del curso

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Resumen

Llevar una empresa de cero a seiscientas personas en tres años, operar en tres países y levantar treinta millones de dólares suena como una historia de éxito rotundo. Pero cuando esa misma empresa cierra, las preguntas incómodas aparecen. Esta es la historia de Munii, una startup de compra grupal inspirada en modelos asiáticos, que buscaba democratizar el acceso a la tecnología para poblaciones que nunca habían hecho una transacción digital. Su fundadora comparte, con total transparencia, lo que funcionó, lo que no y lo que aprendió.

¿Qué problema resolvía Munii y por qué importaba el modelo de compra grupal?

Munii operaba bajo un esquema de venta directa con líderes de comunidad [01:45]. Estas personas agrupaban pedidos de familiares, amigos y vecinos, ganaban una comisión por las ventas y se encargaban de la entrega. El público objetivo eran personas de estratos tres y cuatro, muchas de ellas madres que no podían acceder a un empleo formal pero sí podían generar ingresos extra.

El ingrediente clave era la confianza. Para usuarios que jamás habían realizado una transacción por internet, comprar a través de alguien conocido eliminaba la barrera del miedo [02:30]. No sentían que le compraban a una aplicación desconocida, sino a una persona de su entorno que podía resolver dudas y reclamos cara a cara.

¿Por qué la tecnología puede profundizar la desigualdad a corto plazo?

El motor detrás de Munii no era vender frutas y verduras, sino cerrar la brecha de adopción tecnológica [03:15]. Si bien la tecnología genera valor y riqueza a largo plazo, en el corto plazo beneficia primero a quienes ya tienen acceso a educación, recursos y conectividad. Munii buscaba reducir ese tiempo de brecha: si una persona no confía en que le llegarán unos huevos bien, mucho menos confiará sus finanzas o su salud a una plataforma digital.

¿Es justo el acceso a capital en el ecosistema de startups latinoamericano?

Munii levantó una primera ronda de dos punto cinco millones de dólares, seguida de una ronda de veinte millones un año después, y una extensión de seis millones seis meses más tarde [04:30]. La fundadora reconoce abiertamente que recibir esa cantidad con poco más que una tesis y un pitch es, objetivamente, un privilegio.

El problema estructural es claro: en etapas tempranas, los inversionistas no tienen datos objetivos como traction, unit economics o retención para evaluar [06:10]. Dependen de señales externas: la universidad del fundador, sus trabajos anteriores, referencias de otros emprendedores. Esto genera un círculo cerrado donde el talento está equitativamente distribuido, pero las oportunidades no.

¿Se "fumaron" treinta millones de dólares?

La respuesta directa es no. Munii operaba un modelo intensivo en capital y de bajos márgenes [08:00]. Cada pedido generaba pérdidas hasta alcanzar una escala suficiente, algo natural en comercio electrónico orientado a poblaciones sensibles al precio.

  • Subsidio de precios: para crecer, necesitaban ofrecer los precios más competitivos del mercado. Comprando en grandes volúmenes se alcanzaba el precio objetivo, pero mientras tanto había que subsidiar la diferencia [08:45].
  • Costo de entregas: un camión que hace cinco entregas dispersas es carísimo. Con mayor densidad de pedidos, ese mismo camión puede hacer veinticinco o treinta entregas y el costo unitario baja drásticamente [09:50].

No se trataba de "vender un dólar por ochenta centavos", sino de tener claridad absoluta sobre el punto de equilibrio y financiar el camino hasta llegar ahí.

¿Por qué cerró Munii si las métricas estaban bien?

En 2022, cuando Munii necesitaba levantar su serie B de aproximadamente treinta millones de dólares, el mercado de inversión se congeló [11:30]. La subida de tasas de interés en Estados Unidos, el colapso de FTX y la cautela generalizada de los fondos significaron que, durante más de seis meses, prácticamente ningún fondo estadounidense invirtió en América Latina. Y ningún fondo latinoamericano podía emitir un cheque de ese tamaño.

No había un "muerto escondido". Las métricas de retención, unit economics y costo de adquisición de usuarios estaban en rangos saludables [11:15]. Fue, simplemente, timing.

¿Qué lecciones quedan para quienes emprenden hoy?

Tres principios que la fundadora destaca como aplicables tanto al emprendimiento como a la vida:

  • Priorizar con claridad: preguntarse constantemente "¿para qué estoy optimizando en este momento?" permite tomar decisiones coherentes [14:40]. Al emprender, la prioridad es maximizar la probabilidad de que el negocio funcione. Al cerrar, la prioridad cambia a proteger a las personas del equipo.
  • Redefinir éxito y fracaso: con una probabilidad estadística de éxito del cinco al diez por ciento en venture capital, atar la definición personal de éxito al resultado del negocio es arriesgado [15:50]. La fundadora definió su métrica de éxito como la experiencia que vivirían las personas dentro de Munii.
  • Separar "no funcionó" de "fracasó": Munii no funcionó como negocio, pero logró que cada persona del equipo creciera profesional y personalmente [16:45]. Eso, según su propia definición, no es un fracaso.

El cambio del ecosistema hacia modelos más responsables, recursivos y orientados al largo plazo abre la puerta a formas diferentes de construir empresa. La pregunta que queda abierta es cómo seguir creando soluciones que impacten a cientos de miles de personas bajo estas nuevas reglas. ¿Cuál es tu experiencia con los cambios en el acceso a capital para emprender en América Latina?