Clase 8 de 12 • Curso Básico de Escritura Creativa
Contenido del curso
Luis Rodríguez
Víctor Alfonso Barreto Rodríguez
Luis Rodríguez
mariela Cuevas
Fedosy Santaella Kruk
mariela Cuevas
Ariadne Ávila Bedregal
Fedosy Santaella Kruk
Ariadne Ávila Bedregal
C. Alis
Fedosy Santaella Kruk
C. Alis
Samantha Díaz Villegas
Fedosy Santaella Kruk
Fedosy Santaella Kruk
Miguel Angel Reyes Moreno
Kevin Daniel Hincapie Lumbaque
Jeaneth Burbano
Fedosy Santaella Kruk
Gregory Sargo
José Cristian Pérez
Nelsa Grijalba Melendez
Jeanette Niño
Nelsa Grijalba Melendez
Lisi Leonor Cavagna
Saeta Flórez
Nelsa Grijalba Melendez
Melisa Reyes
Nelsa Grijalba Melendez
Nelsa Grijalba Melendez
Jeferson Manuel Martínez Marroquín
Henderson David Calle Hincapie
Sergio Vargas
Erick Peñaloza Soberanes
Alina Malatesta
Julio Lopez
El binomio fantástico ✨
Es una herramienta estructural de combinaciones a través de la teoría de Gianni Rodari > Del libro: Gramática de la fantasía.
Consiste en enfrentar dos mundos opuestos en un mismo lugar para que convivan en una historia.
>Se debe DESCONTEXTUALIZAR<
"Las palabras son liberadas de las cadenas verbales de las que forman parte cotidianamente" Gianni Rodari.
muchas gracias!
Con mucho gusto Victor, me complace saber que mis apuntes sean de utilidad,
La Mujer en el ascensor
Todas las mañanas la mujer se armaba de valor para poder entrar en el ascensor y aguantar su miedo a los espacios cerrados, una vez adentro comenzaba el infierno dentro de su cabeza y no paraba de pensar en todos los posibles accidentes trágicos que podían ocurrir mientras ella estaba encerrada en ese pequeño lugar con un espejo que solo distorsionada su imagen y la aterraba aún más.
Todo los días la misma rutina, la mujer empezaba a sudar frío y comenzaba a balancear su cuerpo para adelante y para atrás rezando para que el viaje fuera rápido desde el piso 20 hasta el sótano donde estaba su carro, pero esa mañana algo estaba raro en el ambiente y sentía más miedo del que solía sentir porque en lo que cerraron las puertas el ascensor bajó de manera brusca y acelerada algunos pisos y de pronto se paró de golpe y se apagaron las luces y solo se podía ver un agujero de luz que se filtraba en el techo y en ese momento la mujer creyó que iba a morir del susto porque casi no podía respirar y de pronto escuchó una voz masculina que le dijo: " Estoy cansado de tus miedos y tú mala energía cada vez que entras aquí, así que he decidido no seguir el viaje hasta que enfrentes tus miedos y los superes" la mujer no entendía como era posible que el ascensor le pudiera hablar y solo fue capaz de responder que ella no tenía ninguna lección que aprender porque solo se trataba de una reacción normal ante los espacios cerrados y además pensaba que como ella habían millones de personas en el mundo con los mismos miedos, en ese momento el ascensor subió y bajó varios pisos más ésta vez con más velocidad y agresividad haciendo que la mujer cayera sentada al piso y comenzara a llorar desconsoladamente, de pronto con más fuerza la mujer pudo escuchar la voz del ascensor que le dijo: " Es tal vez tú única oportunidad para enfrentarte definitivamente a tu peor miedo, es ahora" y se apagó la única luz q se filtraba desde el agujero en el techo, en ese instante comenzaron a aparecer algunas imágenes extrañas en la mente de la mujer, eran como escenas pequeñas que iban cayendo en su mente hasta formar un recuerdo donde podía verse cuando era niña hace muchos años en un ascensor diferente más grande y con un espejo al costado y al fondo en una silla podía ver a un hombre con uniforme azul haciéndoe gestos con su mano para que se acercara y entrara al ascensor y pudo recordar cómo su mamá la dejaba entrar sola porque confiaba en el vigilante y sabía que la iba a acompañar hasta la planta baja del edificio, pero lo que la mujer había guardado en algún recóndito lugar de su mente era quizás una de las experiencias más aterradoras de su vida y que había callado por miedo y verguenza y luego su mente lo borró dejándola con miedos irracionales a los espacios cerrados y a los ascensores, en ese instante en esa oscuridad por primera vez la mujer pudo recordar años de abusos y maltratos que había guardado en su mente para poder sobrevivir pero que habían hecho de ella una mujer cobarde con miedo a todo, de pronto se encendió la luz del agujero en el techo y comenzó a respirar mejor y entre lágrimas dijo:"Gracias por hacerme recordar por qué le tengo tanto miedo a estar aquí, ahora se a que me estoy enfrentando y tal vez es hora de hablar y pedir ayuda" y el ascensor le respondió " Era la única forma de que entendieras que escondiendo tus miedos e ignorándolos de la manera en que lo hacías nunca ibas a poder vivir con estabilidad y dignidad, así que sigue tu camino y nos encontramos en la noche". De pronto se prendieron las luces del ascensor y comenzó a bajar al sótano normalmente y la mujer se paró del piso y por primera vez usó el espejo del ascensor para maquillar su cara y arreglar su cabello como hacen casi todas la mujeres, tal vez ese era el primer paso para superar su fobia a los espacios cerrados.
Impresionante relato, duro y conmovedor. Excelente uso de la herramienta del binomio. Gracias, Mariela.
Gracias a usted, yo tenía dudas de no haber elegido bien los personajes.
El astronauta de estatuas Se persignó. Empezaba a ver aquellas formas que habían infestado sus sueños tornándolos en pesadillas durante las últimas noches. Pronto llegaría al destino. Su misión consistía en alcanzar Faciem, la extraña zona que develaba, ante los telescopios más potentes, la horrorosa imagen de una civilización similar a la humana desarrollada en el éter. O al menos eso era lo que interpretaban los expertos. Horribles estatuas gigantescas con rostros humanoides, fabricadas con los materiales reflectores más brillantes que se había observado, flotaban en la negrura cósmica. Cuando alcanzó las fronteras de Faciem, la velocidad de su nave fue en descenso. Trató de acelerar; pero notó que sus movimientos también se hicieron más lentos y, poco a poco, sus pensamientos también. Pasaron cientos de años humanos que su cuerpo no sintió. Entonces, un buen momento en el que su mano alcanzaba la cúspide de su cabeza para rascarla, miró los ojos de una de las estatuas. Y, lentamente, alcanzó a observar el pestañeo que duró diez años.
Me encanta, tiene un toque surrelista muy bueno. Es, sin duda, fantástico. Las estatuas siempre son un enigma. Mil gracias.
Muchas gracias por el ejercicio. Muy bueno.
Pesadilla en el armario: El perro me observa. Era muy entrada la noche supongo, la realidad es que de eso no estoy seguro. Mi cuerpo estaba muy cansado así que en un sueño profundo me fundí y ya no supe de mí. De pronto en sueños me vi en medio de un gran parque, tan solitario y triste que me dieron muchas ganas de huir de ahí. Así que comencé a correr, lo hacía de manera tan rápida, pero, eso no fue lo que me sorprendió. Corría y corría, sí... En cuatro patas. Cuando lo noté me di cuenta también de que jadeaba y algo detrás de mí se ondeaba, era mi cola y yo, un perro negro. Lo supe al ver mi reflejo en un gran charco de agua del que bebí para calmar la sed del cansancio y ahí me horrorice tanto que emití un ladrido ahogado por el nuevo sonido de mi llanto. Por más que intentaba gritar para despertar no lo lograba y veía como en la ilusión de esa horrible pesadilla todo empezaba a oscurecer... "Por favor, Dios mío, sácame de lo que sea que sea esto" repetía en mis adentros tallando con una de mis patas mis ojos. Volví a ver el charco y ahí vi algo que me hizo recordar la escena de un miedo sepultado que parecía olvidado. Era yo corriendo de la mirada de Nero, un perro negro mediano y delgado que me atemorizaba mucho siendo un niño de primaria yo, no sé realmente por qué le tenía miedo, pero, la verdad es que algo raro había en ese perro, así lo presentía cuando en mis sueños veía cómo me perseguía, esa era suficiente prueba, así que una tarde... lo maté. La manera en que lo hice no la contaré pero esa era la escena que ahí miré. "Nero, si esto es obra tuya... ¡perdóname! era un niñito meado de miedo" por fin logró salir de mi en un tono audible algo de mí. Pronto así desperté empapado en sudor y con mi corazón latiendo a mil pero con el alivio de haber vivido solo una pesadilla. O eso parecía cuando me percaté de que mi armario estaba levemente entre abierto,lo supe porque sentí una mirada proveniente de ahí. Le aventé una almohada pero no sucedió nada. De esa manera me armé de valor y me paré a encender las luces de mi habitación. Abrí las puertas y no había nada. Suspiré pensando en que todo había sido paranoia producto del mal sueño, apagué las luces y me acosté de nuevo. Cerré los ojos cuando escuché el rechinido de las puertas y estaba ahí, Nero suspendido en el aire dejándose caer sobre mí. Sentí un escalofrío inmenso y cómo salía de mi cuerpo mi alma perdiendo la consciencia así... Ahora estoy aquí sobre el armario como un objeto decorativo. Soy una figura tallada en forma de un perro bañada en color negro carbón. Soy el mayor tesoro de mi amo Nero, que vive y viste la vida que algún día fue mía. El muy infeliz hasta duerme en noches con la mujer que fue mi novia frente a mis ojos inmóviles. ¡Maldita criatura miserable! Desde el principio querías que con tu vida acabara para liberar tu espíritu y un día volver así, caí presa del miedo en tu jaula y ahora te convertiste en mí.
Muy bueno, deja impresionado y causa miedo. Me gusta el recurso de la infancia y luego ese tono allí onírico. Felicitaciones!
Muchas gracias por su comentario, profesor Fedosy. n - n Me ánima a continuar. Bendiciones!
La mariposa y el cerdo
La culpa fue de ella, siempre de ella, porque en su cabeza se había formado una idea equivocada y de un absurdo romance.
Todos sabemos que una mariposa no puede enamorarse de un cerdo, y si lo hace, corre el riesgo de que la encierren en el manicomio de mariposas. Además un cerdo jamás se fijaría en una mariposa, y si lo hiciera sería para atraparla y comérsela. No repararía en ella como una dama o como una prometida; no ostentaría modales, ni atenciones caballerosas, no se mostraría cordial o amable; solo querría comerla porque esa es la actitud normal de un cerdo .
La culpa fue de ella, siempre de ella. Se había distraído una mañana tonta y aburrida de sol parsimonioso, se había distraído de flor en flor, hasta que dio sin pretenderlo con el charco donde retozaba el cerdo.
Quizá fue el cansancio de la mariposa que no había dejado de saltar toda la mañana o quizá fue que era ilusa sin más; la cuestión es que vio en aquel gorrino sucio, a su príncipe azul, un color que distaba mucho de la realidad que lo envolvía.
Lo vio y pensó que era el cerdo de su vida, el héroe de su cuento de hadas, su futuro marido. No vio el barro ni la actitud holgazana del cerdo, no escuchó sus gruñidos ni vio la porquería que escurría de sus orejas. La mariposa solo tuvo ojos para ver su belleza interna del animal...Se enamoró de él plenamente y sin reparos y sin prejuicios de ningún tipo le dijo "Te quiero, Cerdo"
Pero el cerdo no la escuchó, ni siquiera la vio. Apenas si percibió el leve revoloteo de las alas de la mariposa, que iba de un lado a otro con emoción y nerviosismo, agitando frenéticamente sus ágiles y sedosas alas.
El cerdo no escuchó su declaración amorosa; estaba inmerso en el disfrute de su retozar, estaba feliz revolcándose sobre el barro, gozando en su recreo.
Él no sabía de mariposas ilusas que se enamoran de cerdos, no era ese su estilo de vida.
"Te quiero, Cerdo" repitió la mariposa y como el cerdo no hacía caso, ella volvió a repetirlo "Te quiero mucho, Cerdo" se dijo una y otra vez, se acercó y se lo gritó a la cara desesperadamente una y otra vez. Hasta que el cerdo, que seguía sin verla, dio un manotazo y la apachurró, pero la culpa fue de ella...
Wow, qué tento tan espectácular. Mis felicitaciones, me encantó!
texto, quise decir!
El ciego ante los libros. Felix había nacido ciego. No conocía el mundo como tú o como yo, que tenemos el tan poco valorado pero muy importante sentido de la vista. Felix había logrado desarrollar una vida normal como la de cualquiera otra persona, con la excepción de que necesitaba ayuda de un guía para realizar sus actividades diarias. Este guía se llamaba Mía, una chica que disfrutaba la inquietud de Felix por conocer más sobre aquel mundo que solo podía imaginarse en su cabeza. Entonces Mía decidió llevar a Felix a la biblioteca, donde le explicó qué eran los libros. "Son una manera de aprender un montón de cosas sobre el tema que tú quieras, hay infinidad de información en los libros". "Wow, suena a que son fabulosos, ¡seguramente mucha gente los utiliza!" Y así, Mía se pasó toda la tarde leyendo libros de historia reales, ficticias, datos curiosos, libros técnicos, en diferentes idiomas y Felix estaba cada vez más fascinado por las cosas que aprendía. Tan fascinado quedó, que soñó que los libros cobraban vida y le contaban sus datos y anécdotas a él mismo. Al día siguiente, Felix le pidió a Mía, bastante temprano, que fueran de regreso a la biblioteca y le siguiera leyendo libros. Y así fue, hasta que Mía llegó a la sección de libros sobre el amor y, siendo que ella ya tenía atracción por Felix, en el climax de uno de los libros apasionados, le robó un beso a nuestro protagonista... "¿Eso también venía en el libro?" Preguntó Felix alegremente. "Sí, era parte del cuento y necesitaba hacer que se sintiera real para ti y para mí".
++Mi texto, si lo lees, espero te guste.++ La gata con el lápiz
Y un día dijo: “¡me decidí, yo también conseguiré mi propio lápiz!” Así, nuestra pequeña amiga comenzó la búsqueda de algo que nunca había tenido, pero que creía necesitar para sentirse satisfecha. Todos le decían que se había enloquecido; que los seres como ella no podían usar lápices, que eso era cosa de humanos, que lo de ella era dormir, comer y exigir cariño. A pesar de todo, ella ya estaba decidida, no dejaría que nada la detuviera.
Siempre quiso poder hacer lo que su amo hacía y es que incluso para ella resultaba apasionante ver su proceso de creación, un mundo nuevo, una persona nueva, algo que para ella resultaba confuso pues no lograba distinguir entre lo que su amo creaba y lo que era real, ¿cómo es que lo hace? se preguntaba cada vez, “debe ser magia” pensó.
Lo vigilaba día y noche, dormía encima de él para asegurarse que no hiciera algo sin que ella se diera cuenta, lo seguía con la mirada desde la cama, desde la ventana, desde el escritorio e incluso lo seguía al baño, nada se le escapaba. Parecía que el único momento en que hacía algo especial este humano, era cuando sujetaba el lápiz y empezaba a moverlo sobre una superficie; que si no hubiera sido por su metódica investigación, pensaría que también era mágica, sin embargo, muchas veces la había rasgado, mordido e incluso orinado y no parecía ser algo especial, solo un simple papel.
Fueron numerosas las veces que ella intentó apoderarse de los lápices del humano, los escondía bajo la cama, bajo el armario, en una esquina e incluso bajo ella. Pero siempre los encontraba, parecía enfadado con ella cuando los hallaba pero ella lo ignoraba y seguía durmiendo sin darle importancia a las pataletas del humano, al fin y al cabo ella solo intentaba sacarle la magia a los lápices para tener su poder y crear cosas que ella quisiera así como hacia el humano.
Pasó el tiempo y ella al fin se dio por vencida (se aburrió), pensó que tal vez la magia venía del humano y no del lápiz, por eso ahora duerme sobre sus piernas mientras dibuja, así, ella obtiene algo de magia y calor para sus sueños y el humano hace lo que le gusta junto a lo que más quiere: su gata y su lápiz. Fin.
Un hombre, un árbol El hombre del árbol Había una vez un hombre que vivía en un árbol. El hombre se había cansado de vivir en la ciudad y un día mientras salió a recorrer una montaña, encontró un gran árbol, de raíces profundas y copa frondosa. Fue tanto su asombro y su conmoción cuando lo vio, que decidió quedarse a vivir ahí. Entre las ramas grandes y fuertes acomodó el pequeño lugar donde descansaría. De las hojas de variados colores y formas creó prendas para vestirse y de los frutos que producía el árbol pudo alimentarse. Así pasaron los días, los meses y los años. El hombre construyó su nueva vida en torno al árbol, caminada en los alrededores, descubrió cerca un manantial para tomar agua y bañarse, disfrutó de cada amanecer y atardecer, disfruto de la lluvia y encontró abrigo en el árbol. Y un día, cuando ya estaba mayor, cansado, se sentó en la raíz de aquel árbol, dibujó una leve sonrisa en su rostro, se durmió y ya nunca despertó. Pasó el tiempo, y cuando un grupo de jóvenes exploradores decidió subir a esa montaña, también se encontraron con el árbol que había visto el hombre que decidió marcharse de la ciudad. Solo que ya no estaba solo él, a su lado había crecido otro árbol igual de grande, fuerte y maravilloso.
Hermosa historia, poética y triste y al mismo tiempo feliz. Te felicito!
El fantasma entre las sábanas El ánimo colectivo de una ciudad remota, de esas que a nadie le importa, estaba más deprimido que de costumbre. Ya era muy entrada la noche y todos dormían, excepto algún trasnochado o enfermo. Uno de los que nunca dormía, el fantasma del Ahorcado, deambulaba por la red de callejones que se formaban entre los edificios. Aburrido, se disponía a regresar a la lápida del cementerio donde yacía su cuerpo cuando escuchó un sonido de una ventana cercana: era un llanto inconsolable. Se elevó rápidamente hacia uno de los departamentos, se asomó por una ventana y vio a la mujer más hermosa que en su vida o en su muerte había conocido, durmiendo plácidamente. Estaba sorprendido por su belleza, aunque apenado por irrespetar su intimidad; pero mientras se daba vuelta para emprender su regreso, el llanto volvió a sonar, a lo que siguió una súplica: —Oye, ya te he visto. No te vayas, necesito tu ayuda. Esta mujer ha tomado una decisión drástica. La escuché decirse a sí misma hace unas horas que decidió cerrar las puertas de su corazón, y ahora estoy muy triste por saber que ella nunca conocerá el amor. —¡No puede ser posible! —replicó el fantasma, que no sabía si estaba más sorprendido por la decisión que tomó la mujer, o por el hecho de que le hablaba la sábana que la arropaba—. Pero no puedo hacer nada, la situación de los vivos no es de mi incumbencia. —Pues ahora lo es, te asomaste por la ventana cuando no debiste, por favor hazle cambiar de parecer. —reclamó la sábana. El fantasma obedeció y entrando a la habitación paseó por la cama, pero impulsivamente se dispuso a regresar cuando rozó a la sábana, y esta respondió: —¡Qué horrible sensación! Tú tampoco conociste el amor, qué pena siento por ti. El fantasma, afectado por las palabras de la sábana, miraba a la ventana con una expresión de suma tristeza, cuando de pronto escuchó un grito; la mujer despertaba aterrada ante lo que veían sus ojos: un hombre ahorcado parado junto a la ventana. Justo un instante después, la mujer dejó su expresión de terror y se acercó al ahorcado, le dio vuelta y descubrió el rostro más bello que jamás había visto. Con sumo cuidado le soltó la cuerda del cuello mientras ambos miraban hacia la cama: el cuerpo de la mujer yacía sin vida sobre la sábana. Ha pasado mucho tiempo desde aquel evento, pero cuentan los vecinos del departamento, hoy vacío, que a veces escuchan los gritos de la pasión y el desenfreno de dos recién enamorados. Algunos incluso afirman que algunas noches, a través de sus ventanas, se ve una sábana revoloteando.
Eran los últimos días del planeta, y como tal se podrán imaginar el escenario apocalíptico, una raza humana que dejó su evidente rastro antes de perecer. Si en un futuro otra especie llegara a conocer el legado humano solamente quedarían cúmulos con millones de plásticos y basura imposible de degradar. Es imposible pensar que materia orgánica e inorgánica se mezclen, pero no hay límites para la radiación creada por miles de bombas nucleares que finalmente dieron fin a casi todas las especies. Es así que un conjunto de seres micro celulares lograron adherirse al polímero de una bolsa de plástico y así cobró vida. La bolsa vagó por miles de años comiendo todos los plásticos a su alrededor, eran su principal alimento, cada vez creciendo más y más. A medida que fue avanzando y recorriendo el mundo entero se dio cuenta que existían pequeños peces y otros hermosos seres que se sentían ayudados por él al remover todas las bolsas y plásticos a su alrededor. Su mayor reto fue entonces arriesgarse, con el peligro de morir, de comer las bolsas que se encontraban en el fondo del mar. Así se sumergió para limpiarlo, eran las menos sabrosas, pero lo hacía por ver a sus amigos peces felices. Cuando ya estuvo a punto de ahogarse, de las profundidades una ballena gigante se le aproxima y emite una burbuja con todas sus fuerzas, el aire ayuda bolsa a flotar y logra salir a la superficie. Finalmente bolsa cumple su objetivo, recoger la basura en todos los lugares del mundo.
Me gusta
La gata sobre las escaleras. Hoy mientras aseaba debajo del refrigerador me encontré con una pelusa blanca, venía acompañada de memorias y melancolía que me llevaron a la primera vez que te vi. Estábamos con Doña Ale, quien nos ofrecía un gato en adopción, mi mamá no estando convencida pregunto si había algún otro, a lo que la señora respondió - ¡Sí!, tengo una, es muy pequeña, pero ni su mamá la quiere. Mi viejo la va a ir a tirar al baldío de atrás. Eso nos rompió el corazón y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, mi hermana, mi mamá y yo exclamamos - ¡Nos quedamos con ella! Incrédula, Doña Ale nos insiste en escoger otro minino, decididas le respondemos que te elegimos a ti y así es como te llevamos a casa. En un intervalo de casi quince primaveras, llenas de tus lamentos al momento de ducharte, risas por tus reacciones tan peculiares a las vacunas, tus aventuras en el jardín mientras te perseguían los pájaros por llevarte a su polluelo, tus esfuerzos por comerte el pollo de nuestra cena, traer un ratón en navidad o tus intentos de abrir la puerta de mi habitación. Y después de escaparte varias veces de la muerte, de cuidarte como miembro de la familia que eres, llego el día de tu última vida. Siempre te recuerdo con una sonrisa y todavía antes de dormir busco a la gata sobre las escaleras.
espectacular!!!! Se me hace que es un cuento real. Me transmitió muchas sensaciones. Me encanta.
Los últimos años también se comenzaron a considerar como preposiciones las palabras vía, versus.
El escarabajo y el shampoo
¡Vaya día el de hoy! Pensaba Kin el escarabajo volando por encima del Jardín de don Eusebio, a unos largos 5 metros del árbol de cariaño, su casa. Y es que después de haber salido de su trabajo acomodando enormes bolas cafés en una destiladora de metano, Kin había parado en un extraño lugar para beber agua. Le habían dicho que no era muy seguro, qué debía tener precaución con los gigantes inmisericordes y que a veces el flujo de agua aumentaba demasiado y podía morir ahogado. Pero tenía demasiada sed después de un día tan extenuante, así que bajo allí, un lugar levemente iluminado, apenas llevaba unos minutos y ya se alistaba para tomar vuelo de nuevo, cuando de repente todo se iluminó, entro un gigante, casi lo pisa pero sin intención, el gigante ni siquiera se había percatado de su presencia. Empezó a andar hacía un espacio menos húmedo para terminar de secarse cuando el agua invadió todo el lugar, el suelo se puso resbaloso, lo que dificulto más caminar, hasta allí su vida aún era salvable, pero de repente cayó al suelo una sustancia viscosa que al mezclarse con el agua se torno en espuma, Kin no podía ver nada, le ardían sus ojos y se estaba resbalando hacía un orificio muy oscuro en mitad del lugar, comenzó a mover las alas desesperadamente pero la espuma no le dejaba iniciar vuelo, entonces se agarraba con todas sus fuerzas de unas ranuras en medio del suelo pero tampoco funcionaba, todo estaba muy resbaloso, iba deslizándose poco a poco, de ranura en ranura cada vez más cerca de aquel hueco hasta que cayó en este. . Alcanzó a agarrarse de un cabello enredado en medio de la cavidad, resistió un poco hasta que dejo de caer agua con espuma y con mucho esfuerzo logró salir de allí, el gigante ya se había ido, no entendió muy bien todo lo que había pasado, trato de olvidarse del suceso y una vez estuvo seco, emprendió el vuelo hacía su casa.
Muy lindo.
Volando con el Guacamayo
Robin era una niña muy aventurera, que siempre solía estar correteando en el jardín. Vivía con sus padres en una casa en el campo, y pasaba los días rodeada de naturaleza. También era amante de las aves, y su sueño era poder volar como ellas.
Cuando tenía sólo 6 años, su madre le enseñó a tirarles comida para que se acercaran, y en muy poco tiempo, el lugar se llenó de aves de distintas especies. Algunas de ellas, sólo pasaban una vez y seguían su viaje, mientras otras se quedaban a vivir cerca de la casa, y volvían todos los días para ver a Robin que las alimentaba, las fieles vecinas. Al principio, ellas tenían miedo, trataban de no acercarse mucho, y después de comer, salían volando tan pronto como podían. Con el tiempo, fueron tomando confianza y se quedaban más tiempo. A veces, cuando llegaban y no la veían afuera, cantaban para llamarla a que salga, se acercaban y algunas hasta comían de su mano. Ella siempre salía con comida, y un cuaderno rosa en el que intentaba dibujarlas.
Su ave favorita, y la que más aparecía en sus dibujos, era un exótico guacamayo rojo, con azul y amarillo en sus alas. El resto de los pájaros no tenían nombre, pero a él, le puso Morgan. Ellos pasaban tardes enteras juntos, jugando y charlando en el jardín. Morgan ya se había acostumbrado a posarse sobre su hombro, y Robin se enorgullecía de eso, pero tan pronto como su madre se acercaba, Morgan salía volando rápidamente.
De a poco, empezó a contar a sus padres de sus conversaciones con Morgan. Sus padres al principio creyeron que era cosa de niños pequeños, pero, con el tiempo se empezaron a preocupar. Un día mencionó que, en una conversación con Morgan, le había dicho que, si se esforzaba, ella también iba a poder aprender a volar, pero que le llevaría mucho tiempo.
Sus padres, quedaron sorprendidos y asustados al mismo tiempo. Los pájaros no hablan, pero ellos saben que, en casos muy específicos, pueden aprender a decir algunas palabras por repetición, y eso podría estar confundiendo a Robin.
Pensaron que podría llegar a ser perjudicial para la niña, tener conversaciones fantasiosas con un ave, y se dispusieron a alejar a Morgan. Sin dar explicaciones, prohibieron a Robin salir de la casa, esperando que el guacamayo, al no recibir comida, se alejaría y no volvería más.
Pasaron un par de semanas, y cuando creyeron que Morgan ya se había ido, lo encontraron en la ventana del cuarto, junto con Robin. Entonces, su padre decidió ponerle punto final al asunto, y mientras ella estaba en el colegio, sacó su escopeta de caza, pretendiendo matar al ave.
Salió a buscar al guacamayo, recorriendo cada árbol y cada rincón de la finca. Finalmente, encontró a Morgan que estaba durmiendo en lo alto de uno de los árboles. Tratando de no hacer ningún ruido, para no llamar la atención, se posicionó con el rifle apuntando, y sin pensarlo dos veces, disparó. La bala, pasó por el costado, pero el fuerte ruido del rifle, despertó a Morgan, quien salió volando rápidamente, y se fue lo más lejos que pudo hasta perder de vista al padre, que seguía intentando dispararle.
Los días pasaron, Morgan no volvía, y Robin estaba cada vez más triste. Sus padres intentaron convencerla de que seguramente, era porque en invierno las aves emigraban, y el guacamayo se habría ido en búsqueda de un lugar más cálido, pero ella no entendía como pudo haberse ido sin despedirse. Con el tiempo, dejó de salir al jardín, se fue olvidando de sus charlas con Morgan y abandonó totalmente su cuaderno de dibujo. Tras 4 años de terapia, se convenció de que los guacamayos no hablaban.
Un día en el patio de su casa, vio un ave roja a lo lejos, e inmediatamente se le vino el recuerdo de Morgan a la cabeza. Intentó acercarse, pero el ave salió volando. Robin estaba segura de que era él, y pensó que, si aprendía a volar, podría ir en busca de su amigo.
Entonces, se propuso hacer todo para aprender. Intentó saltar de la cama, columpiarse fuerte e impulsándose desde la hamaca, ponerse una capa, y hasta se inventó unas alas con cajas de cartón que encontró en el garaje. Nada de eso funcionó, pero Robin no se resignaba.
Un día, sintió el impulso de treparse a un árbol, para saltar desde un lugar con más altura y ver, si de esa forma podía conseguirlo. Era una completa locura, pero Robin estaba decidida a hacerlo. Estaba segura de que de esa forma por fin podría lograrlo.
Trepó lo más alto que pudo, y empezó a arrastrarse sobre una rama, acercándose hasta la punta de ella, y se paró abierta de brazos. Al mirar al piso, sintió un miedo muy fuerte, pero cerró los ojos, respiró profundo y se dispuso a saltar.
Cuando estaba por hacerlo, escucha una voz que le dice:
– ¡Pará Robin! ¡Te vas a matar!
Se tambaleo del susto, y resbaló sobre la rama consiguiendo sujetarse de ella. Levantó la vista, y Morgan estaba mirándola en la rama de al lado.
La niña se incorporó en el árbol, y Morgan se acercó.
– ¿Estás bien? – Preguntó el guacamayo.
– ¡Morgan! – Respondió la nena entre lágrimas – ¡Estás vivo!
Lo agarró y lo abrazó contra su pecho.
– Entonces vos… ¿Vos hablás?
– Claro que hablo mi querida Robin. Ya te olvidaste de nuestras conversaciones.
– Pero ¿cómo es posible? Mi psicóloga me dijo que los animales no hablan.
Morgan intentó explicarle, que los guacamayos empezaron a hablar con los humanos hace muchos años, cuando todavía no se interesaban en cazar aves. Fueron aprendiendo de escucharlos hablar, y de a poco se fueron acercando. Al principio, llegaron a establecerse grandes relaciones entre los humanos y los guacamayos, pero con el tiempo, algunos humanos empezaron a cazarlos y venderlos por precios altísimos, convirtiéndolos en esclavos. Lo mismo pasó con los loros y las cotorras, sólo que los guacamayos eran más exóticos y llamaban la atención.
Zoológicos, circos, atracciones turísticas y hasta incluso casas particulares, se llenaron de guacamayos, que eran forzados a hablar para obtener comida. Familias enteras destruidas, y una raza casi en extinción, que se fue a esconder en lo más profundo de la selva, donde el hombre raramente llegaba.
Los que quedaron atrapados en el mundo del humano, entraron en una fuerte depresión y empezaron a perder la consciencia, perdieron su capacidad de volar, dejaron de pensar, y se limitaron a repetir las palabras que los humanos les decían. Sus vidas, cortas y tristes alejaron a casi todas las aves.
– A pesar de que en nuestra bandada nos cuenten esa historia desde que nacemos y nos prohíben acercarnos a los humanos, yo tuve una inmensa curiosidad por salir a explorar que pasaba fuera de la selva y me escapé. Salí a observar de lejos el mundo de los humanos, tratando de que no me vean, hasta que un día te encontré jugando con otras aves en el jardín de tu casa. – Le contaba Morgan a la niña.
– Me fui acercando con miedo, y poco a poco me fui dando cuenta de que vos no tenías malas intenciones. Así empezamos a tomar confianza y conversar. Pero después, comprendí que no fue una buena idea y decidí alejarme. Intenté regresar cada tanto, sin que me veas, para ver como estabas, pero hoy me asustaste. ¿Qué hacés intentando saltar de un árbol?
– Te estaba buscando, vos me dijiste que iba a poder volar si lo intentaba. Y eso estaba haciendo.
– No funciona así exactamente, Robin. Volar lleva mucho tiempo.
El guacamayo le explicó que se volaba con el alma y no con las alas. Y que para volar necesitaría desarrollar su creatividad en algo que le apasione, al punto de llegar a poder hacerlo con el alma y no con el cuerpo. Luego de eso, el vuelo vendría naturalmente, sin tener que hacer ningún esfuerzo.
– Las aves desarrollamos nuestra capacidad de volar a través del canto. Si un día consigues ir a la selva, descubrirás que somos capaces de componer maravillosas melodías con nuestro canto. Las gallinas y los patos aún no lo han logrado, por eso no consiguen volar más que unos metros a pesar de tener alas, pero están en camino.
– Pero entonces, ya debería haber humanos que vuelen. ¿No es así?
– En realidad, es complicado. Los humanos siempre han tratado de reprimir a los que se diferencian, hasta a los de su propia especie. Imaginate, encierran a los guacamayos en zoológicos… Si supieran que un humano vuela, no sé de que serían capaces.
– Entonces… ¿si un día consigo volar van a querer capturarme?
– Posiblemente sí. Pero no por eso tienes que dejar de intentarlo. Volar es la sensación más linda que puede haber y realmente vale la pena. Sólo tienes que tener cuidado de que ellos no lo sepan. Ahora debo irme, antes de que vean que estoy aquí contigo.
El guacamayo se despidió de la niña y prometió visitarla de vez en cuando. Ella volvió a su casa y sin comentar nada de lo acontecido, le pidió a su mamá comenzar clases de dibujo que daban por a tarde en su escuela.
Excelente
Lo puedo copiar?y leerlo a unos niños que conozco
**El perro del armario ** Érase una vez un hombre (Pablo) que luego de perder a su esposa, opto por adoptar una mascota al momento de ir a tienda de mascotas, se encontró un perro que estaba velando un plato de comida en un restaurante, al momento de verlo le dio mucha lastima al ver al perro sucio, seco y golpeado. Esa imagen le quedo en la mente, y fue la razón por la cual se decidió por adoptar ese perro; lo llevo a su casa le dio comida también lo cuido hasta que el perro sano y se recuperó; en tan solo un par de meses lograron hacer una amistad genuina. Pasaron los años Pablo volvió a rehacer su vida amorosa, todo iba bien, siempre cuando llega Pablo de trabajar “MAX” era el nombre del perro; iba a buscar sus pantuflas al armario y se las llevaba al sillón donde Pablo se quitaba los zapatos para descansar. Todo marchaba bien hasta que Pablo le detectaron cáncer avanzado en el hígado, Pablo comenzó a ponerse enfermo; a MAX lo sacaron de la casa por temor a que podían enfermar a Pablo, ya que su condición física era muy mala. MAX lloraba cada noche porque quería entrar para llevarle las pantuflas a Pablo, en una ocasión MAX entro y vio que su amo estaba acostado en la cama, MAX entro corriendo a sacar las pantuflas y se las fue a dejar a la cama a Pablo para que se las pusieras. Al ver que Pablo no se movía intento moverlo con el asico y no podía; MAX se da la vuelta y se dirige a buscar a su ama dando enormes ladridos; al ver esto su ama dice “Que pasa MAX por qué ladras”; MAX solo se dio la vuelta y corrió para la cama de su dueño. Cuando llegan a la cama se dan cuenta que Pablo murió… Pero MAX sigue sin entender todos los días sigue yendo al armario a sacar las pantuflas de su dueño y lo espera en la sala, cuando ve que no llega su dueño se da la vuelta y las vuelve a guardar…
La casa del dragón
En la calle principal de la ciudad, se encontraba una gran casa roja de 3 pisos con una puerta inmensa, ventanales grandes y una terraza que cubría toda la casa. allí vivía el dragón Pedro, Pedro era un dragón muy solitario porque las personas de la ciudad le tenían miedo, con sus grandes ojos, sus garras inmensas y sus alas, un día los niños de la cuadra estaban jugando fútbol, y un niño llamado Rafael patio el balón y fue a parar a la terraza de la casa del dragón, todos los niños le dijeron a Rafa que tenía que ir por el balón él, y solo porque ellos le tenían mucho miedo al dragón, ni siquiera se atrevían a tocar la puerta y tener que ver a esta criatura. Rafa se llenó de valor y fue solo a la casa del dragón, se dirigió a tocar el timbre pero él era muy pequeño para alcanzarlo entonces lo que hizo fue darle tres patadas a la puerta, así una voz al interior dijo "quién está tocando la puerta de mi casa", Rafa seguía hay parado temblando de miedo ante estas palabras del dragón, cuando se abrió la puerta Rafael, con una voz muy suave pero clara le dijo al dragón "señor podría por favor devolverle el balón con el que estábamos jugando es que sin querer había caído en la terraza de su casa".
Pedro al ver a este niño solo y ver que era muy educado y que le pidió el favor de devolverle el balón, acepto salió de su casa y le pidió a Rafael que subiera en el y fueron volando hasta la terraza de su casa, donde consiguieron el balón, cuando los demás niños vieron que el dragón era bueno, y que Rafael se subió a su lomo y volaron juntos, se acercaron y empezaron a hablar con él. Desde ese día Pedro se convirtió en el ciudadano más querido de Pereira y nadie le volvió a temerle al Dragon.
El pájaro sobre el árbol.
Erase un día soleado en el parque central de la ciudad de Bogotá. La familia de las cotorras estaba posada sobre el nido compuesto de decenas de ramitas que el gran árbol les habría regalado en temporada de otoño. La naturaleza les había brindado un hermoso huevo, ovalado, con un blanco comparable a los rayos del sol que atravesaban las ramas de su hogar. De este hermoso huevo surgió un pajarillo, vigoroso, con pequeños destellos de plumas verdes que representan la trayectoria de miles de años de la especie. Su madre siempre estuvo pendiente de él hasta la cuarta semana donde llegaba la prueba mas fuerte que impone la naturaleza a un emplumado de apenas 4 semanas de vida, volar. Su padre con su fuerte pico capaz de romper las mas fuerte bellotas que brotaban del árbol, agarró a su hijo. “No puedo. Tengo mucho miedo” exclamó el pequeñuelo. “Es parte del proceso. Tienes que superar la prueba para demostrar grandeza de tu ascendencia” replicó el padre cotorra con su voz imponente. Una vez posicionados a una altura cercana a los 15 metros, el padre cotorra soltó a su cría, el pájaro estaba en caída libre, manoteaba desesperadamente como si de un ahogado en el Nilo se tratase. Cuando de repente en medio del recorrido surgió la magia, el pequeño controló sus alas para alzar su pleno vuelo hasta su nido. Su padre orgulloso concluyó la prueba felicitándolo. “Es maravilloso lo que has hecho, hijo mío. Sin dudas tus ancestros están orgullos de su templanza y domino de tus alas” pensaba el padre mientras su hijo retornaba al nido. Finalmente tenemos al pájaro sobre la cima del árbol. Su vuelo le permitió llegar mucho mas lejos de lo que se encontraba su nido. Ahí entendió su padre que el ciclo había culminado.
El cuervo según el Espantapájaros. Cuento Corto He perdido la cuenta de las cosechas que he estado aquí, fue hace mucho tiempo cuando el granjero me trajo desde el granero y convirtió este punto en mi morada. Un viejo espantapájaros hablaba con siguió mismo en medio de los maizales. Mi única misión en este lugar es ahuyentar cualquier ave que intente tomar el maíz del Granjero, aunque nunca he sabido el porqué de proteger este; el tiempo pasa y talvez este sea mi único propósito…. Cada quien tiene un propósito; interrumpió un viejo cuervo que se sentó a su lado. El espantapájaros sorprendido se quedó en silencio, era la primera vez que observaba un ave tan de cerca. De todos los pensamientos que se presentaron frente al espantapájaros uno se quedó, y continúo creciendo de una manera rápida y violenta. Si el ave está aquí ¿qué le impide tomar el maíz? A pesar de que el espantapájaros no podía moverse, el cuervo se dio cuenta de ese pensamiento, y este dijo: tranquilo no he venido a comer tu maíz. Llevo años observándote, cuando era un polluelo mi padre me advirtió de lo peligroso que era acercarse al guardián del maíz, de lo el hombre era capaz; y de lo importante que era sobrevivir y tener una familia que cuidar y proteger. De esa vida ya hice todo lo que se esperaba de mi y ahora que estoy solo mi día a día se va en observar a mí al redor. Tú, al igual que yo ya hemos cumplido un propósito. Y por que te has venido ante mí, si siempre te enseñaron a temerme, que ha cambiado. Pregunto el espantapájaros. Tal vez yo he cambiado contesto el cuervo, quizás he dejado de tener miedo y me atrevido a acercarme a la única creatura que se dedica todo su tiempo a observar su alrededor. Quizá lo único que estoy buscando es un amigo.
La mujer en el espejo Elizabeth era una joven extravagante y muy rica, que había crecido en un mundo lleno de lujos y comodidades, por lo que a nadie le sorprendió cuando ella anunció, a través de todas sus redes sociales, que había decidido comprar una mansión en Inglaterra para irse a vivir ahí.
Sin embargo, aquella mudanza no fue como ella lo había planeado: el lugar estaba lleno de antiguas reliquias, objetos que, a pesar del paso del tiempo, se resistían a morir y desaparecer en el olvido. Así, tuvo que resignarse a no poder quitar un enorme reloj de péndulo que se encontraba en uno de los halls y que hacía un ruido monótono y constante que Elizabeth incluso consideró como aterrador.
Pero esos vejestorios no iban a arruinar sus planes, así que pasó los días ordenando, limpiando y decorando el lugar como más le gustaba... hasta que llegó al ático. Ella estaba dispuesta a deshacerse de todos los objetos que encontrara ahí, sin embargo, algo llamó su atención. Un enorme objeto cubierto con una gran sábana blanca. Al descubrirlo, encontró un hermoso espejo de pie, labrado en madera y, aunque estaba un poco sucio, Elizabeth pensó que se vería muy bien en su recámara. Frotó un poco la superficie del espejo para limpiarla y apreciarlo mejor, cuando el rostro de una mujer que ella no reconoció, apareció.
Solo duró unos segundos y ella lanzó un grito de terror. Se fijó nuevamente y no encontró nada. Miró y buscó alrededor, sin éxito. Supuso entonces que habría sido una alucinación y, sin más que decir, se llevó el espejo a su habitación, para limpiarlo adecuadamente.
Desde ese día, Elizabeth empezó a tener sueños extraños, en donde una voz femenina le gritaba que se fuera de aquel lugar... las pesadillas se tornaron en noches de insomnio y lo único que ella podía ver durante esas largas noches donde el sueño le era esquivo, era el espejo.
"No me vas a asustar" gritó por fin, una noche, mientras tiraba su almohada contra el espejo. Sí, constantemente veía a la mujer dentro del espejo, pero ella estaba segura que no había nadie más en la casa... debían ser alucinaciones suyas, los fantasmas no existen.
Sin embargo, aquella noche, la mujer decidió aparecer. Sus largos cabellos negros llegaban hasta su cintura, sus ojos grises miraban con curiosidad a Elizabeth, quién, abrazaba a su almohada muerta de miedo, presenciando aquel evento paranormal.
"No tengas miedo" susurró la joven, dirigiéndose a Elizabeth. "Soy solo un reflejo..."
La dueña de la casa se acercó al espejo para mirar a su interlocutora con más detenimiento... ambas tendrían aproximadamente la misma edad, solo que la chica del espejo parecía aturdida y cansada.
"¿Quién eres? ¿qué haces aquí?" preguntó Elizabeth con temor, mientras tocaba la superficie fría del espejo para descartar que todo esto fuera una broma de mal gusto.
Unos segundos bastaron para que el reflejo cogiera rápidamente la mano de la joven, atrayéndola. Elizabeth gritó, pero todo era en vano.
No había nada alrededor... ni siquiera podía decir que estaba en una habitación, porque no existían paredes o límites en aquel lugar. Solo un espejo igual al que ella tenía en su casa.
"Sácame de aquí" gritó Elizabeth mientras golpeaba el espejo, viendo con horror cómo aquella persona que hasta un momento dijo ser solo un reflejo, estaba materializada en la habitación en donde había estado poco antes.
"No" fue la única respuesta que recibió antes de ver cómo todo desaparecía bajo una sábana blanca. "Ahora tú eres la mujer en el espejo".
El perro bajo el poste
“Me indigno a diario, tres veces al día y más si es feriado”, le decía el poste a su amigo cable.
“Dímelo a mí, que quizá no tengo perros orinándome, pero puedo regalar palomas de tantas que se me suben”, contestó. “¿Haz pensado en asustarlos o algo?”, le sugirió.
Hasta ese momento, Poste, el único que había en medio del parque no imaginó venganza. Se preguntó a sí mismo, de día o de noche si podría hacer algo. Estaba realmente cansado de recibir los líquidos de casi todos los canes que viven alrededor de hábitat.
Un día, como todos, el perro N fue al parque. Había aprendido a cruzar la pista con cuidado, ir sin correa por todos lados y hasta servía su plato de comida. Estaba solo y a dos segundos de miccionar, escucha un SHHHHH. No había nadie cerca, ni sus amigos estaba. Era Poste tratando de aullentarlo liberando un poco del sonido que hace la electricidad por su largo cuello. N lo miró y le ladró. Luego trató de morderlo. Pero solo consiguió que N le aventara chispas.
N corrió en círculos alrededor de Poste y cuando la lluvia de chispas, ya no hacían de él una palmera mortal. N empezó a embestir. Sus perros amigos acudieron deslumbrados por las luces. Pero al ver el esfuerzo de N, lo acompañaron en el golpe.
Cable entrecerraba los ojos y gritaba “Para, Poste. ¡Para!”. Pero Poste no decía nada. Los perros seguían y en un momento, luego de mucha fuerza… Poste cayó y Cable empezó a chispear de la pena. Agitaba su punta como si fuera una rama al viento, mientras lagrimeaba por su amigo.
N y sus amigos se ladraban y agitaban sus colas, asumiendo que todo fue éxito. Orinaron en el lugar de Poste para celebrar.