Desde que me regalaron mi primera computadora a los 12 años, era un Intel 286 en 1999 aproximadamente, supe que definitivamente mi camino serian las computadoras.
Mi primer trabajo fue reparar computadoras, y me encantaba. Cuanto tuve 18 comencé a trabajar en un comercio de reparación y venta de informática, el más grande de mi provincia, (armando escritorios, si o sea, de carpintero) y meses más tarde renunció uno de los técnicos, por lo que ascendí a su puesto.
Disfrutaba el trabajo que hacía, y entendí que no debía quedarme solo por eso, y aunque me pagaban muy bien no había oportunidades de carrera en la empresa en la que estaba, por lo que renuncié.
El día que decidí renunciar a lo que me mantenía cómodo para crecer, realmente fue el mejor día de mi vida.
Meses después mi propio ex jefe me recomendó para trabajar como programador para el servicio penitenciario de mi provincia, que es donde estoy trabajando ahora.
Escuche una vez a Jim Rohn decir que solo los seres humanos ponemos un límite a nuestro crecimiento, que deberíamos ser como los árboles, crecer todo lo que podamos, esquivar las paredes, los techos, los obstáculos, y terminar nuestras vidas siendo todo lo que pudiéramos haber sido.
Por lo que no me voy a detener nunca.