Entender la procrastinación con precisión te ayuda a reducir culpa y ansiedad, y a recuperar control sobre tus tareas. Aquí encontrarás una guía clara para distinguir entre posponer y postergar, reconocer conductas como evitar y evadir, y comprender cómo todo esto afecta tu autorregulación y tus hábitos cotidianos.
¿Qué es la procrastinación y por qué importa?
La procrastinación es postergar deliberadamente. No es un descuido ni un olvido: es intencional. Además, no solo implica postergar, también incluye evitar y evadir responsabilidades, lo que suele traer culpa, frustración, ansiedad y otras sensaciones incómodas.
- Procrastinar: postergar con intención, sabiendo que tendrá consecuencias negativas.
- Consecuencias comunes: culpa, frustración, ansiedad, incomodidad.
- Efecto central: afecta tu autorregulación del comportamiento.
¿Cómo iniciar con una definición personal?
- Escribe tu propia lista de qué es procrastinar para vos.
- Podés hacerlo en papel o en el celular.
- Pausá el video, tomá unos minutos y retomá cuando termines. Incluso hubo un guiño con Fortnite para darte tiempo.
¿Cómo se diferencia posponer de postergar, evitar y evadir?
Distinguir estos términos te da claridad para actuar mejor en lo cotidiano.
- Posponer: hacer una pausa corta. Ejemplo: posponer la alarma unos minutos para no quedarte dormido.
- Postergar: pausa larga que a veces no se retoma. Aquí el riesgo de procrastinación crece.
- Evitar: no asumir una responsabilidad que te corresponde. Se hace “todo lo posible” para no encargarse.
- Evadir: eludir con astucia, “escabullirse” de la situación como por arte de magia.
En síntesis: posponer puede ser funcional si es breve; postergar, evitar y evadir alimentan la procrastinación.
¿Qué revela la autorregulación sobre tus hábitos y estilo de vida?
La autorregulación del comportamiento son conductas que sostenés casi en automático para cuidarte y cumplir con lo importante. Ejemplos simples: levantarte y lavarte los dientes, o bañarte. Cuando la procrastinación se instala, aparece una falla en esa autorregulación.
- Si la falla es sostenida y reiterada, se vuelve un hábito negativo.
- Si ese hábito domina, puede convertirse en un estilo de vida inadaptado.
- Diferencia clave: tomarte un respiro ocasional está bien; convertirlo en rutina te perjudica.
Además, se aclara un punto esencial: solemos creer que la procrastinación es solo falta de disciplina, desorganización o mala gestión del tiempo. Sin embargo, tiene un fuerte componente emocional y se relaciona con la confianza en vos mismo. Trabajar hábitos positivos puede contribuir a superarla, y pronto se abordará para qué sirve la procrastinación, una pregunta que sorprende y desafía creencias comunes.
¿Te gustaría compartir cómo definís la procrastinación y qué señales detectás en tu día a día? Dejá tu comentario y contemos experiencias.