Resumen

La pandemia evidenció una verdad incómoda: muchos hombres se sintieron como “leones enjaulados” al habitar el espacio privado. Este malestar no es casual. Responde a la masculinidad tradicional, que separa lo público (liderazgo, provisión) de lo privado (cuidados, hogar) y nos desconecta del autocuidado y de nuestras emociones. Aquí se explica por qué y cómo transformar esa inercia en corresponsabilidad y prácticas concretas de cuidado.

¿Qué revela el “león enjaulado” sobre la masculinidad tradicional?

La lógica patriarcal nos enseñó que los hombres “dominan” lo público y las mujeres “pertenecen” al hogar. Esa creencia, presentada como biológica, excluye a los varones del cuidado y nos vuelve ineptos para cuidar y cuidarnos. La pandemia tensó esa división y muchos hombres, al no saber habitar lo íntimo, reaccionaron con frustración.

  • La idea de que los cuidados “son naturales” en las mujeres refuerza estereotipos.
  • El aprendizaje masculino centrado en “proveer” genera una primera desconexión con el hogar.
  • En México, según INEGI, las mujeres realizan el 76 % del trabajo doméstico y de cuidados, y los hombres el 24 %.
  • Durante el confinamiento, reportajes de prensa y la Red Nacional de Refugios documentaron aumentos de violencia familiar y solicitudes de asilo.

Esta evidencia muestra el impacto de la masculinidad tradicional en la salud mental, las relaciones y la vida cotidiana. Liderar empieza por cuidarnos y hacernos cargo de lo privado.

¿Cómo se originan los roles de lo público y lo privado?

Desde la antigüedad, como explica Hannah Arendt, la sociedad androcentrista separó la esfera privada (hogar) y la pública (lo visible fuera del hogar). Marina Castañeda profundiza: al poder gestar, a las mujeres se les asignó el cuidado y se construyó la idea de que “les resulta natural”.

  • Este reparto histórico se normalizó como si fuera biológico.
  • A los hombres se nos enseñó que “no somos buenos cuidadores”.
  • El resultado: desconexión del cuidado, tanto del hogar como del propio cuerpo.

¿Qué significa habitar y por qué es clave para el autocuidado?

Habitar no es solo “ocupar” un lugar. Es relacionarnos con el espacio y cuidarlo. Arquitectos como Álvaro Guiza vinculan habitar con la relación con los territorios. Gastón Bachelard señala que habitar es “llenarse de un lugar y volverse parte de él”. Esto invita a preguntarnos: ¿cómo nos hemos habitado como hombres?

  • Tres territorios a habitar: el cuerpo, el territorio social y el territorio mayor (planeta).
  • El primero, el cuerpo, es el más vivido: alrededor de setenta años en promedio, según la OMS.
  • Muchas veces lo tratamos como si fuéramos inquilinos: sin responsabilidad por su cuidado.

¿Cómo reconectar con el cuerpo para el autocuidado?

La segunda desconexión aparece en la relación con el cuerpo y la salud. Datos mencionados: en México, 15 millones de hombres sufren depresión; el 81 % de los suicidios los cometen hombres (INEGI); en Latinoamérica rondan el 79 %. El cáncer de próstata es la primera causa de muerte por cáncer en varones, con 1.3 millones de casos anuales y más de 350 mil muertes. La OMS registra que 33 de las 40 principales causas de muerte afectan más a los hombres.

  • Benno de Keyer observa que solemos hablar “del cuerpo”, no “mi cuerpo”, reforzando una invulnerabilidad masculina.
  • Frases como “hasta que el cuerpo aguante” perpetúan la desconexión.
  • Escobar, Franco y Duque definen el autocuidado como acto y decisión personal: conocernos, responsabilizarnos y sostener redes.

Claves prácticas: - Escuchar emociones y pedir ayuda profesional cuando sea necesario. - Hacer chequeos médicos y hábitos cotidianos de descanso, alimentación y movimiento. - Nombrar límites y vulnerabilidades sin vergüenza.

¿Qué implica la corresponsabilidad en el territorio social del hogar?

El confinamiento volvió difusa la frontera entre lo público y lo privado. El hogar y el trabajo convivieron en el mismo espacio. Toca corresponsabilizarnos: el espacio también es nuestro y las tareas no tienen género.

  • “A la escoba no le importa si eres hombre o mujer”.
  • Cuidar relaciones implica presencia, escucha y reparto equitativo de tareas.
  • La violencia aumenta cuando no sabemos habitar lo íntimo; cuidar previene y repara.

Acciones concretas: - Acordar responsabilidades del hogar y horarios visibles para todos. - Practicar comunicación clara y reparación cuando dañamos. - Valorar el cuidado como trabajo esencial.

¿Cómo se conecta el cuidado personal con el planeta?

El tercer territorio es el ambiental. La doctora Shiva propone la idea de biocivilización: somos parte de la Tierra, no estamos separados. Sin conexión con el primer territorio (el cuerpo), es difícil cuidar los demás.

  • El impacto de la masculinidad tradicional alcanza al mundo que habitamos.
  • Cuidar el planeta empieza por cuidar el cuerpo y el hogar.
  • La correspondencia entre territorios crea hábitos sostenibles y conscientes.

Pasar del decir al hacer implica una decisión diaria: habitar con cuidado nuestro cuerpo, nuestro hogar y nuestro planeta. ¿Qué práctica de autocuidado y corresponsabilidad empezarás hoy? Comparte tus ideas y experiencias en los comentarios.