Resumen

Guía práctica para reconocer el machismo cotidiano, entender por qué hoy se visibiliza y pasar a la acción con masculinidades positivas. Con ejemplos como la violación dentro del matrimonio en México (cambio legal en 2005) y la Ley Olimpia sobre violencia digital, se muestra cómo los patrones culturales y una visión androcentrista sostienen desigualdades que afectan a todas las personas.

¿Qué tan machistas somos y por qué importa?

El punto de partida es la autocrítica. La invitación es dejar de preguntar “¿soy machista?” y pasar a “¿qué tan machistas somos?”. Este cambio facilita ver conductas normalizadas que sostienen violencias de género y frena la defensiva.

¿Qué preguntas revelan el machismo cotidiano?

  • Creer que participar en las labores del hogar es “una ayuda”.
  • Pensar que “los hombres son racionales” y “las mujeres sentimentales”.
  • Asumir que el cuidado de los hijos recae en ellas por un “superpoder”.
  • Llamar “feminazi” a alguien.
  • Creer que machismo y feminismo son lo mismo.
  • Decir que “ya no se puede decir nada” porque “todo es machismo”.
  • Dividir actividades en “de hombres” (como el fútbol) y “de mujeres” (como la danza).
  • Si respondes “sí” a alguna, reconoce que el machismo también vive en ti.

¿Por qué no todo es machismo, pero hoy se ve más?

  • Las violencias machistas siempre han existido, antes eran más invisibles.
  • En México, la violación dentro del matrimonio se consideraba “ejercicio indebido de un derecho” hasta 2005. El cambio legal la visibilizó como violencia.
  • La Ley Olimpia tipifica la violencia digital: acoso, hostigamiento y difusión de contenido sexual no consentido. Lo que antes se normalizaba hoy se sanciona.
  • Hay más investigación sobre cultura machista y patrones masculinos, lo que permite entender su impacto y desarticular brechas.

¿Qué patrones sostienen el sistema machista?

Para avanzar en justicia social, es clave reconocer cómo operan los patrones que reproducimos, muchas veces de manera inconsciente.

¿Qué es la visión androcentrista y cómo nos afecta?

  • Es centrar “lo humano” en lo masculino.
  • Provoca que muchos hombres se sientan personalmente atacados cuando se aborda el machismo.
  • Sentirse ofendido forma parte del mismo sistema machista, que considera lo masculino superior y rechaza que lo femenino cuestione el poder.

¿Por qué “no todos los hombres” desvía la conversación?

  • Es obvio que “no hay dos personas iguales”.
  • Repetir “no todos los hombres” minimiza el problema y evita hablar del daño que afecta a mujeres, hombres y al entorno.
  • Reconocerlo es un ejercicio de empatía e inteligencia: permite escuchar y actuar.

¿Qué estudios y datos lo muestran?

  • La Caja de la Masculinidad (Promundo, 2017) analiza cómo los mandatos masculinos influyen en conductas y violencias.
  • El Estudio de Masculinidades en la Región de las Américas (Organización Panamericana de la Salud) identifica patrones masculinos y su impacto social.
  • Estos insumos ayudan a ver cómo contribuimos, incluso sin darnos cuenta, a discriminación y misoginia.

¿Cómo activar masculinidades positivas en lo cotidiano?

Pasar de la ofensa a la interpretación de la realidad abre caminos de cambio: observar, preguntar, pedir ayuda y actuar distinto.

¿Qué acciones concretas puedes tomar hoy?

  • Cambia la pregunta: “¿qué tan machista soy?” y “¿qué tanto somos?”.
  • Haz una lista de actitudes propias que puedan perpetuar prejuicios o discriminación.
  • Identifica cómo te afecta a ti y a tu entorno el machismo.
  • Cuando te sientas a la defensiva, pausa y pregúntate por qué.
  • Considera pedir ayuda para accionar de forma distinta.

¿Cómo cambiar la conversación sin defensas?

  • Evita “no todos los hombres” y escucha el problema completo.
  • Reconoce la violencia digital como violencia real.
  • Nombra prácticas normalizadas como violencia, sin eufemismos.
  • Enfócate en el impacto y en la responsabilidad compartida.

¿Qué observar en los próximos días?

  • Señales de androcentrismo en tus reacciones cotidianas.
  • Microdecisiones en el hogar y el trabajo que cargan a las mujeres.
  • Lenguaje que minimiza el problema o culpa a las víctimas.
  • Situaciones “de hombres/de mujeres” que estabas dando por sentadas.
  • Oportunidades para activar masculinidades positivas y reducir brechas.

¿Te resuena alguna de estas ideas o acciones? Comparte en comentarios qué conductas estás observando y qué conversación quieres abrir con otros hombres.