Resumen

Nico Nogués plantea con claridad por qué, dentro de la masculinidad tradicional, ser hombre se vuelve un factor de riesgo. Conecta datos contundentes con la mente patriarcal, el machismo y la socialización de género, e invita al desaprendizaje y la deconstrucción para avanzar hacia masculinidades positivas.

¿Por qué ser hombre es un factor de riesgo?

La frase “a los hombres nos matan más” se usa a menudo para restar importancia al machismo. Aquí se resignifica: sí, los hombres mueren más, y eso está dentro del mismo problema. Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, los hombres son víctimas en ocho de cada diez homicidios. A la vez, se estima que el 90% de los homicidios es cometido por varones. El resultado es claro: hombres matando hombres.

  • Los hombres son mayormente víctimas de homicidio.
  • Los hombres son mayormente victimarios de homicidio.
  • La violencia masculina impacta en hombres y mujeres.
  • El machismo es el contexto que alimenta ese ciclo.

¿Quiénes matan a los hombres?

Principalmente, hombres. La violencia se reproduce entre varones bajo atributos aprendidos de la masculinidad tradicional: dominio, sometimiento y control. Esto no solo hiere a otros, también nos hiere a nosotros mismos.

¿Qué significa “a los hombres nos matan más”?

No es una coartada contra el feminismo. Es evidencia de que la lógica machista también victimiza a los varones. Reconocerlo abre camino al desaprendizaje de creencias que sostienen la violencia y a construir masculinidades positivas.

¿Cómo opera la socialización de género según la OPS?

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, el género se interioriza por socialización: un proceso cultural, complejo y continuo que moldea cómo nos representamos, valoramos y actuamos en el mundo a lo largo de la vida. Nuestra forma de “ser hombres” se aprende en hábitos y reglas compartidas que están activas todo el tiempo.

  • La socialización es permanente.
  • Se aprende por modelos, hábitos y reglas.
  • Define expectativas sobre lo que “es ser hombre”.

¿Qué es la mente patriarcal?

Es el marco que, desde hace miles de años, dicta cómo “debe” comportarse un “hombre de verdad”. Ese mandato refuerza atributos como control, fuerza y agresividad. Se trata de una norma histórica que naturaliza relaciones de dominación.

¿Qué implica el “contrato” de la masculinidad?

Es una metáfora útil: los hombres “firmamos” sin leer la letra pequeña. Ese contrato incluye un factor de riesgo para nosotros y para otros. La promesa de control y poder viene con costos: violencia, daño y limitación emocional.

¿Qué papel cumple la división sexual del trabajo en la masculinidad tradicional?

Parafraseando a Luz María Martínez, la división sexual del trabajo asigna a las mujeres lo reproductivo y doméstico (amas de casa y cuidados) y a los hombres lo productivo (proveedores fuera del hogar). Esa asignación sigue moldeando emociones y comportamientos esperados.

  • A las mujeres se les permite ser emocionales y tranquilas.
  • A los hombres se les exige ser fuertes, agresivos y controladores.
  • Estas normas sostienen la masculinidad tradicional y su riesgo asociado.

¿Cómo se enlaza esto con las violencias machistas?

Cuando ser hombre se asocia a controlar, someter y probar la fuerza, aumentan las probabilidades de ejercer o recibir violencia. De allí la urgencia de la deconstrucción y el tránsito hacia masculinidades positivas que cuestionen esos mandatos.

¿Te resuena esta reflexión? Comparte tus experiencias y preguntas para seguir construyendo juntos caminos de cambio.