Mi historia de evolución
Al inicio de mi historia yo estudiaba Fisioterapia en Venezuela.
Me gustaba profundamente trabajar con personas, acompañar procesos, sentir que alguien mejoraba gracias a mi ayuda. Estaba en los últimos años de la carrera cuando mi vida cambió por completo: emigré a Colombia.
Ese cambio fracturó todo. No me gradué y tuve que empezar desde cero.
Mis primeros trabajos aquí fueron como mesera en restaurantes.
Al principio me sentía bien. Era una ciudad turística, las propinas eran buenas y, por primera vez, veía dinero constante. Trabajaba muchísimo y ganaba bien, pero mi vida se redujo a eso: trabajar. No descansaba, no tenía tiempo de calidad, no tenía metas claras. Mi mundo era solo cumplir turnos.
Luego llegó la pandemia y me quedé sin trabajo.
Ese golpe, que en su momento dolió, hoy lo veo como un regalo. Gracias a eso emprendí un negocio de comida, y como siempre me había gustado compartir mi vida en redes, empecé a mostrar el proceso: los platos, el día a día, la experiencia. De manera orgánica, llevé una cuenta de cero a mil seguidores reales, personas que confiaban en mí y compraban mi producto.
Ahí apareció la gran pregunta:
¿Qué voy a hacer ahora con mi vida?
El negocio funcionaba, pero era muy operativo. Yo quería algo más. Quería estudiar de nuevo, comunicar, crear. No tenía todo claro, pero sí sabía qué no quería: quedarme donde estaba por comodidad. Así encontré el camino del Mercadeo y la Publicidad.
Trabajé, estudié y hasta me cambié de ciudad para poder tener un horario diurno y estudiar en las noches. Fue un esfuerzo enorme, pero necesario. Y justo ahí se abrió una nueva puerta: una amiga me propuso crear contenido con marcas. Le gustaba cómo mostraba mi vida, cómo contaba historias simples.
Acepté… aunque no tenía idea de qué era el UGC. Estaba completamente perdida.
Mis aliados fueron claros: esa amiga, mi familia y mi propia intuición. Sabía que tenía dos opciones: quedarme en un trabajo donde no tenía calidad de vida, o apostar por construir algo distinto.
Los obstáculos no fueron pocos.
No tenía dinero para estudiar, tuve que pedir créditos. No tenía buen celular, ni micrófonos, ni equipos. Muchas veces pensé: ¿cómo voy a hacer esto si no tengo con qué?
La respuesta fue simple y dura: hacerlo con lo que tenía, porque si no empezaba, nunca iba a cobrar.
La transformación fue interna antes que externa.
Aprendí a ser constante, a confiar en mí, a entender que sí era capaz. Cambió mi mentalidad: dejé de pensar solo en dinero y empecé a valorar el tiempo de calidad, la libertad y el propósito.
Hoy puedo compartir algo muy claro con otras personas:
créetelo y créalo. Si crees que puedes hacerlo, puedes. Empieza con lo que tienes, da un paso a la vez, pregunta, aprende, rodéate. No te quedes quieta. Escribe a marcas, busca oportunidades, invierte en aprender.
¿En qué parte del viaje estoy ahora?
He avanzado, sí, pero también estoy en medio de obstáculos. Tengo un trabajo más estable, más tiempo, pero sigo consolidando mi marca. No todos los canjes son pagos, a veces invierto más tiempo que dinero, pero cada paso suma. Cada “no” me ha motivado más. No hay nada más poderoso que alguien te diga que no puedes.
Si empecé desde cero y algo aprendí es esto:
motívate, escala, pregunta, aprende y rodéate bien.
Las conexiones mueven montañas. La vida puede cambiarte, sí, pero al final tú decides qué hacer con eso.