- Aprendí a soltar el control: Ahora elijo cuánta libertad dar a cada persona, desde guiar paso a paso hasta confiar en su criterio total.
- Priorizo mejor: Uso una matriz sencilla para delegar lo urgente y enfocarme en lo que realmente impacta.
- Al asignar una tarea, me pregunto: “¿Tiene esta persona lo que necesita? ¿Le expliqué el porqué detrás del qué?”.
- Escucho con intención: Repito lo que entendí para validar al otro, no para imponer mi voz.
- Agradezco las críticas: En lugar de justificarme, pregunto: “¿Qué harías tú?” y me comprometo a mejorar.
- Ya no trabajo hasta tarde: Delegar bien me dio tiempo para lo importante. Ahora puedo dedicar más tiempo a mi familia y para mi.
- Las críticas ya no duelen: Las veo como mapas que me muestran caminos nuevos, no como ataques.
Curso de Liderazgo para Equipos de Trabajo
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