Lo más importante que aprendí sobre la frustración es que rara vez se trata de la dificultad de la tarea en sí, sino de la brecha entre la expectativa y la realidad. Cuando me siento frustrada, es un indicador de que mis expectativas ( sobre lo rápido que debería lograr algo, lo fácil que debería ser, o el resultado que debería obtener) no se están alineando con lo que realmente está sucediendo. La clave no es "eliminar " la frustración, sino ajustar la expectativa. Al aceptar el proceso y la posibilidad de que las cosas tomen más tiempo o sean más difíciles de lo planeado, la frustración se transforma en un catalizador para la adaptación y el aprendizaje, en lugar de ser un obstáculo paralizante.

