Mi viaja a la Ciudad
La abuela no me va a creer cuando le cuente que para viajar a la ciudad me tuve que montar como en una chalana gigante que tiene techo y ventanas pero ésta no navega por el río, le ponen alas para volar por el cielo como si fuéramos una guacamaya.
Pasé todo el viaje con los ojos cerrados hasta que mi prima me dijo que me asomara por la ventana para que viera como llegábamos a la ciudad, yo lo que vi fueron muchas casitas chiquitas con luces como luciérnagas, solo podía pensar cómo íbamos a caber ahí sí todo se ve tan pequeño.
Abajo nos esperaban mis tíos para llevarnos a la casa y me subí en un carro que es muy parecido al camión que llega los lunes para llevarse a los hombres a las minas pero éste está cerrado por todos lados.
Adentro del carro no me dejaron sentir el aire puro del camino, aquí no es seguro me dijeron, yo no entiendo cómo el aire puede hacer daño, pero parece que en la ciudad es así y prefieren respirar un aire muy frío que sale por una cajita si le tocas un botón.
Mi prima me va mostrando unas montañas enormes hechas cómo de rocas lisas, y están todas muy juntas, además les ponen nombres, me dijo que se llaman edificios y que la gente vive allí, ésto me recuerda a un bosque de árboles de esos gigantes donde me da miedo perderme allá en mi selva solo que aquí los árboles son de cemento y bueno me imagino que le ponen nombres porque a la gente se le olvida donde vive.
Al salir del carro nos detuvimos frente a una puerta cerrada y menudo susto me llevé cuando de repente se abrió de golpe y salieron unas personas yo creí que eran espantos como esos que salen del escaparate del cuarto de la abuela. Temblando de miedo entré a ese armario extraño y se cerró la puerta y me dijeron que tocando un botón este escaparate te sube al piso 20, que es donde viven mis tíos, yo pensaba que iba a tener que usar una liana para poder subir hasta allá arriba, pero creo que aquí deben tener a unos hombres usando esas cuerdas para poder subir en este ascensor( así se llama el escaparate)
Finalmente llegamos a la casa y me dijeron que me diera un baño antes de cenar, yo la verdad que no vi ningún río cerca como para ir y refrescarme un poco, pero lo que si tienen aquí es una cascada pequeña que tiene agua tan caliente como yo quiera ponerle.
Aquí me pude fijar que toda la familia se reúne en la mesa para comer igual que en mi choza pero lo que no me queda claro es en que momento cazan al venado o en qué río van a pescar la cena, tengo miedo que la abuela tenga razón y aquí en la ciudad lo que coman sea plástico.
Me resulta muy curioso por que aquí en la mesa nadie se mira a los ojos ni se hablan casi.
Me pude fijar que todos están pendientes no solamente de la comida sino de mirar fijamente algo que sostienen en sus manos, creí que era una cajita musical como esa que me regalaron en la iglesia del caserío cuando cumplí 15 años, pero mi prima me dijo que eran teléfonos y que aquí cada miembro de la familia tiene uno y que además no solamente servían para hablar con las personas sino que hasta se podían ver películas igual que en el cine de la feria de los domingos allá en el poblado.
Mientras como en silencio observo a mis tíos y a mis primos y ni siquiera se dan cuenta que los miro porque están muy distraídos viendo sus cajitas musicales con películas y yo solo puedo extrañar las cenas en el caserío con toda mi familia y amigos hablando y escuchando los cuentos de los mayores.
Yo siempre pensé que los teléfonos servían para comunicarse con las personas pero aquí en la ciudad solo sirven para alejarse de ellas.