Diálogo de una Argentina y un Venezolano
—Buen día ¿Tenés un minuto para atenderme?—preguntó la joven al encargado delante del mostrador de la cafetería.
–Ya va chama déjame que termine de pelarle la
concha a ejta naranja y te atiendo–le dijo el encargado mientras pelaba con un cuchillo una naranja.
— Vos querés decir que le vas a quitar la piel a la naranja ¿verdad? —preguntó la joven al encargado un poco ruborizada.
—Bueno piel es lo que me cubre los huesos mami y la concha es lo que cubre a la naranja—le dijo en tono de burla el encargado a la joven.
—Si querés un consejo mejor decíle piel en lugar de concha porque aquí es una vulgaridad, no te lo digo para hacerme la canchera y bardearte, tomálo como un consejo—le dijo la joven un poco avergonzada al encargado.
—No vale relajada no le pares que yo no me enrollo por ná ¿ok? buena esa, lo voy a tener en cuenta pá la próxima, ahora sí dime en qué te puedo ayudá.
—Cho vine a traerte unas facturas...
—Ay nooo mijita, vinijte en mal momento poque yo sencillo no cargo—le dijo el encargado en un tono molesto.
—Creo que no entiendo que me querés decir con lo del sencillo, cho lo único que quise traerte son unas facturas...—le replicó la joven en un tono confundido al encargado.
— Plata mi amor, real, dinero puej, eso es lo te ejtoy diciendo chama que no tengo, ademáj que no me acuerdo habete comprado ná ¿o me vienej a cobrá el alquiler?—le dijo el encargado mostrándole los bolsillos de su pantalón vacíos.
— Mirá cho no vengo a cobrarte el alquiler y si me dejás que te muestre las facturas que traje tal vez entiendas que son unas masas de pastelería dulce que cho horneé en la mañana y que vine a traerte para que vos las probés y si querés y te interesá comprármelas, las podés vender en tu cafetería— le dijo la joven al encargado mientras ponía en el mostrador una bandeja llena de unas masas horneadas humeantes recién salidas del horno.
— Ahhhh jajjaja no valeeee ya te entendí chama son pancitoj dulces jajjaa ya me había asustao pensando que me veníaj a cobrá, es que yo no sé aquí pero de dónde yo vengo las facturas no se comen se cobran ¿vej?—le dijo el encargado a la joven mientras tomaba en sus manos una factura.
— Ah mirá vos qué kilombo se armó por una palabra, bueno decíme si te gustaron las facturas.
—Yo te voy a decir una vaina chama, éjtos pancitos o facturas como le dices tú, lo que están es mi amor, osea que están buenísimas, ricas puej así que creo que vamos a cuadrar un negocio tu y yo mi amor— le dijo el encargado a la joven mientras seguía comiendo las facturas.
—Vos sos así de cariñoso con todos tus clientes ¿o es que sos un poco confianzudo?—le dijo la joven un poco incómoda por el trato excesivamente amistoso del encargado.
—¿Tu lo dices por lo de mi amor? No vale no le parej a eso, en mi país todoj nos tratamo así puej burda e cariñosos pero no ej por abusador ej que así somos, espero que quieras hace negocios conmigo poque quiero comprate esas facturas ya mijmo—le dijo el encargado a la joven en un tono simpático.
—Me quedó claro y me alegro mucho que te hayan gustado las facturas, no creas que me gusta armar kilombo por todo,es solo que no estoy acostumbrada a que me traten así pero me encantaría hacer negocios con vos—le dijo la joven al encargado ya un poco más relajada.
—Cheverisimo chama quedamos así entoncej y hacemos negocio si va?—le dijo el encargado dándole la mano a la joven.
—Creo que al final vos y yo nos vamos a entender con un poco más de comunicación—le dijo la joven aceptando la mano del encargado.
—Tu yo vamos a terminar siendo panas.—le dijo el encargado sonriendo a la joven.
—¿Que me querés decir vos?—le preguntó la joven al encargado.
—Amigos chama amigos jajjaa.— le dijo el encargado en tono jocoso a la joven.