En diciembre de 2013, una demanda colectiva contra Uber abrió una pregunta que aún define al sharing economy: ¿los conductores de Uber son usuarios de una plataforma o trabajadores con derechos laborales? La respuesta, como verás, depende de quién la conteste y de qué tanto poder tenga para imponerla.
¿Quién demandó a Uber y por qué importa este caso?
La abogada Shannon Liss-Riordan presentó una demanda a nombre de 350 000 conductores de California y Massachusetts. El argumento central era simple: si los conductores son empleados y no contratistas independientes, Uber les debe salario mínimo, plan de retiro y plan de salud.
Y aquí viene lo interesante. Liss-Riordan no era cualquier abogada. Su carrera contra grandes corporaciones empezó en 1996, cuando un mesero de un restaurante de lujo le pidió demandar a su empleador por quedarse con sus propinas. Ganó ese caso y otros 39 parecidos.
Después vinieron los grandes:
- Un grupo de baristas de Boston que demandó a Starbucks porque varios managers tomaban una tajada de sus propinas. Acuerdo: 14 millones de dólares.
- 2 300 conductores de FedEx que entre 2000 y 2007 fueron reclasificados de empleados a contratistas independientes y perdieron uniformes pagados, gasolina, horas extra y vacaciones.
- Su siguiente blanco: el sharing economy, con Uber como el exponente más grande del mundo.
¿Por qué demandaron a Uber los conductores? Porque al ser clasificados como contratistas independientes, no recibían salario mínimo, prestaciones, ni cobertura médica, aunque dependían 100% de la app para vivir.
¿Cómo se defendió Uber ante la demanda colectiva?
Uber contrató a Ted Boutrous, el abogado que había ganado el caso más grande de este tipo a favor de Walmart. Su tesis fue clara: el negocio de Uber es la tecnología, no el transporte. La empresa solo conecta oferta con demanda, y los conductores son usuarios que alquilan su tiempo y su vehículo a través de una aplicación.
Bajo esa lógica, Uber no tendría obligaciones contractuales con quienes manejan. Y hay un punto que no es trivial: el sharing economy bajó la barrera de entrada al trabajo. Antes de la crisis de 2007, transportar pasajeros exigía pagar el famoso cupo de las empresas de taxis y una mensualidad por servicios. La app eliminó esa barrera.
El problema es que lo que nació como ingreso alternativo terminó siendo la fuente primaria de sustento para millones de personas. Cuando tu vida depende de una sola plataforma, ya no eres un usuario casual: eres su fuerza de trabajo.
¿Cómo terminó el caso de Liss-Riordan contra Uber?
El caso tomó tres años. En 2016 se llegó a un acuerdo de 84 millones de dólares, más 16 millones adicionales cuando Uber saliera a la bolsa. Los conductores recibirían una compensación, pero las políticas globales de Uber no cambiarían: los conductores seguirían siendo contratistas independientes.
Y entonces apareció el juez Edward Chen.
¿Por qué el juez Chen anuló el acuerdo?
Para Chen, aunque 240 000 conductores recibirían dinero, el problema de fondo (si son o no empleados de Uber) seguía sin resolverse. En sus palabras: al aceptar el acuerdo, los conductores estaban vendiendo la pelea real, que era el reconocimiento como empleados.
El caso volvió a juicio en otro estado, pero ya solo quedaban 8 000 conductores demandando. En 2019, Uber cerró un nuevo acuerdo con ellos por 20 millones de dólares, muy por debajo del acuerdo inicial.
¿Qué pasó con los conductores de Uber después del juicio? Algunos recibieron compensación económica, pero Uber mantuvo su modelo: los conductores siguen siendo contratistas independientes, no empleados.
¿Qué dejan estas batallas para quien emprende hoy?
La historia de Uber es también la historia de cómo una empresa rompió reglas: algunas para bien, derribando estigmas y abriendo mercados; otras desplazando costos hacia los más vulnerables. Tres ideas concretas para cerrar.
- La ética es parte del negocio. En el largo viaje de Uber muchas reglas se rompieron y la justicia llegó, tarde o temprano, en forma de demandas, acuerdos millonarios y reputación dañada.
- El sharing economy no es bueno ni malo. Es un fenómeno que nace de crisis económicas profundas y de un marco socioeconómico global. Tu tarea como emprendedor es entenderlo y adaptarlo para que funcione para todas y todos, no solo para los inversionistas.
- Hay innovación en lugares que parecen inamovibles. El transporte mundial se había mantenido sin cambios estructurales desde 1891. Bastaron unas cuantas líneas de código para reescribirlo. Si crees que tu industria está "inventada", mira más cerca.
¿Cuál crees que debería ser el modelo justo para los conductores de plataformas hoy? Comparte tu postura en los comentarios.