Transformar una idea en un plan de acción concreto requiere mucho más que buenas intenciones. Bancos como BBVA y Banco Galicia lo demostraron al adoptar un mindset ágil en industrias tradicionalmente jerárquicas y verticalistas, donde la toma de decisiones se concentraba en pocos. Sus clientes exigían velocidad, adaptación y mejora continua, y eso los obligó a cambiar. Esa misma lógica se aplica al cuarto paso del design thinking: prototipar, es decir, aterrizar el plan y hacerlo viable, sostenible y replicable apoyándose en metodologías ágiles.
¿Por qué usar Scrum y Kanban para estructurar tu prototipo?
Las dos metodologías centrales para ordenar el trabajo son Scrum y Kanban [01:30]. Scrum ofrece un framework o marco de trabajo que permite estructurar todo el proceso en ciclos claros. Kanban, por su parte, ayuda a visualizar el avance diario de las tareas. Juntas, permiten que un plan de acción no quede en el papel, sino que se ejecute con orden y visibilidad.
El primer paso es definir los milestones o hitos [01:52]: los puntos destacados que marcan el progreso del proyecto. Son como señales en el camino que indican si se avanza en la dirección correcta.
¿Qué es el backlog y cómo priorizarlo?
Una vez definidos los hitos, se construye el backlog [02:10], un listado de tareas pendientes ordenado por valor. Las tareas que aportan mayor impacto van primero; los detalles menores se dejan para después. Este orden no es fijo: se revisa y ajusta constantemente.
¿Cómo funciona la planning meeting y el sprint?
Antes de actuar, se realiza una planning meeting [02:26] para definir:
- Qué se hará primero.
- Cómo se medirán los resultados.
- Cuál es la velocidad de trabajo estimada.
De ahí se pasa a la acción dentro de un sprint [02:50], un periodo corto de tiempo con su propio backlog reducido. Durante el sprint se ejecutan las tareas seleccionadas con el objetivo de obtener un resultado concreto al finalizar.
¿Qué es la retro y por qué es clave para iterar?
Al cerrar cada sprint se realiza una retrospectiva o retro [03:08]. Se trata de mirar hacia atrás con tres preguntas fundamentales:
- ¿Qué hicimos bien y debemos seguir haciendo?
- ¿Qué hicimos mal y debemos dejar de hacer?
- ¿Qué deberíamos empezar a hacer?
Este análisis alimenta el ciclo: se vuelve al backlog original, se reordena, se agregan o eliminan tareas y se inicia una nueva planning meeting. Este proceso de repetir ciclos de planificación, ejecución y revisión se llama iterar [03:52]. Se realizan tantos sprints como sean necesarios hasta completar la lista de tareas inicial.
La gran ventaja de este enfoque es que no se espera al final para revisar. Cada sprint brinda visibilidad parcial sobre el avance, lo que permite hacer ajustes y garantizar que el proyecto sigue siendo relevante para la compañía [04:10].
¿Qué riesgos pueden frenar tu plan de acción ágil?
Por más sólida que sea la planificación, existen factores que pueden interrumpir el camino.
¿Qué pasa si cambian las prioridades?
Las organizaciones son dinámicas. Lo que hoy permite dedicar tiempo a la innovación, mañana puede cambiar por urgencias internas [04:30]. Es un riesgo real que obliga a pausar proyectos, y aunque no es deseable, es frecuente.
¿Qué ocurre si se pierde el sponsor del proyecto?
El sponsor [04:55] es el respaldo del proyecto: puede ser el CEO, el líder de HR u otro directivo. Si esa persona cambia de prioridades, ajusta presupuestos o incluso deja la compañía, el proyecto queda sin soporte. En ese caso, hay que retomar conversaciones y buscar un nuevo respaldo para que el plan siga siendo viable, factible y deseable.
¿Por qué medir el retorno de inversión en HR es tan difícil?
Este es un pain point persistente en el área de personas [05:30]. Calcular costos es relativamente sencillo, pero demostrar el retorno de inversión de iniciativas como un entrenamiento en liderazgo es complejo. Los resultados son multifactoriales: no se pueden atribuir a una sola variable. Al tratarse de personas, la medición es más subjetiva, y eso puede hacer que proyectos valiosos queden truncados por no poder justificar su impacto en números.
Planificar puede parecer una pérdida de tiempo, pero dedicar un momento consciente a definir qué se va a hacer optimiza tiempos, esfuerzos, dinero y recursos. Si ya tenés tu idea clara, es momento de ir al workbook y diseñar tu propio backlog, tus sprints y tus hitos para convertir ese plan en algo medible y ejecutable día a día.