Contenido del curso
Definiendo conceptos: Producto, necesidad y valor
Value Propostition Canvas - Parte 1: El negocio y el cliente
Value Proposition Canvas - Parte 2: El Value Proposition Statement y los mensajes clave
De planeación a implementación: Construyendo tu plan de Producto
- 12

Curva de adopción: early adopters vs masivos
10:25 min - 13

MVP, piloto y prototipo no son lo mismo
08:33 min - 14

Qué es un MVP según Eric Ries
00:34 min - 15

Cómo construir un product roadmap efectivo
13:22 min - 16

Roadmaps reales: el libro de C. Todd Lombardo
00:45 min - 17

Dual Track Agile para diseñadores
08:58 min - 18

Dual Track con Scrum en producto
10:08 min
Cierre
Live Class
Qué es un producto según Christensen
Resumen
Entender qué es un producto ya no se limita a objetos tangibles salidos de una fábrica. Hoy, un producto es cualquier solución que contratas para resolver un problema, sea físico o digital, y su valor depende de qué tan bien cumple esa tarea.
¿Por qué cambió la definición tradicional de producto?
Durante décadas, la palabra producto evocaba relojes, celulares o coches: cosas que podías sostener en las manos. El valor se medía por los materiales. Un coche con mejores acabados costaba más, y punto.
Esa lógica se rompió alrededor del año 2000, cuando llegó internet. De pronto, algo intangible podía generar tanto o más valor que un objeto físico. Piensa en Uber, Airbnb o Platzi: no los puedes tocar, pero resuelven problemas concretos en tu vida.
¿Qué es un producto en términos modernos? Es cualquier solución, tangible o intangible, que contratas para realizar una tarea específica. Si la cumple bien, lo sigues usando; si no, lo reemplazas.
¿Quién redefinió el concepto de producto?
Una de las mentes detrás de este cambio fue Clayton M. Christensen, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard y autor de The Innovator's Dilemma [01:09]. Su currículum es impresionante, pero su aporte clave fue tratar al producto como una contratación.
Christensen lo explicó así: cuando compras un producto, esencialmente lo estás contratando para realizar una tarea. Si hace bien el trabajo y necesitas repetir esa tarea, vuelves a contratarlo. Si lo hace mal, lo despides y buscas otra cosa que sí resuelva el problema [01:48].
Esta visión, conocida como Jobs to Be Done, desplazó la pregunta de qué materiales tiene un producto hacia qué tan eficiente es para resolver un problema real.
¿Qué hace valioso a un producto según Christensen?
El valor ya no vive en el material, sino en el resultado. Tres ideas resumen su aporte:
- Los productos no tienen que ser tangibles para generar valor.
- Lo que se compra es una solución, no un objeto.
- La eficiencia con la que se resuelve el problema define el precio que alguien está dispuesto a pagar.
Con esta lente, plataformas como Platzi o Airbnb dejan de ser raras: son productos plenos porque resuelven tareas concretas.
¿Cómo identificar la verdadera necesidad detrás de un producto?
Imagina que llevas meses trabajando desde casa frente al mismo escritorio. El espacio te aburre y decides decorarlo para sentirte mejor. Quieres colgar un cuadro, así que necesitas hacer un agujero en la pared, y para eso usas un taladro [03:00].
Aquí está el truco: tú no necesitas un taladro. Necesitas un agujero. Y, mirándolo con más atención, ni siquiera necesitas el agujero: lo que realmente buscas es sentirte mejor en tu ambiente.
¿La gente compra taladros o agujeros? Compra agujeros. Y en el fondo, compra el resultado emocional que viene después: un espacio donde se sienta cómoda. El taladro es solo el medio.
Esta cadena resultado-tarea-herramienta importa porque cambia la forma en que diseñas y vendes un producto. Si crees que vendes taladros, compites por potencia y precio. Si entiendes que vendes ambientes cómodos, compites por la experiencia completa.
¿Por qué una necesidad no es lo que parece?
Una necesidad casi nunca se expresa de manera directa. La persona del ejemplo diría "necesito un taladro", pero esa frase oculta capas:
- La herramienta aparente: un taladro.
- La tarea inmediata: hacer un agujero para colgar un cuadro.
- El resultado real: tener un espacio agradable durante la pandemia.
Quien diseña productos sin bajar a esa tercera capa termina compitiendo en la superficie. Quien la entiende, construye soluciones que la gente vuelve a contratar una y otra vez.
Y aquí viene lo interesante: si tu producto solo atiende la capa superficial, cualquier competidor con un taladro más barato te reemplaza. Si atiendes el resultado profundo, construyes una relación más difícil de romper.
¿Tú qué crees que estás vendiendo realmente en tu producto o idea? Cuéntame en los comentarios cuál es el resultado profundo que tu cliente busca.