Curso de Design Thinking

Cómo elegir el reto correcto en Design Thinking

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Contenido del curso

Cómo elegir el reto correcto en Design Thinking

Resumen

Elegir el reto correcto marca la diferencia entre un proyecto que avanza y uno que se queda en ideas sueltas. En la fase de definición del Design Thinking, todo lo que recopilaste durante la fase de empatía cobra sentido: se convierte en la materia prima para decidir qué problema vale la pena resolver. Esta etapa es clave para equipos de innovación, diseñadores y cualquier persona que quiera transformar insights en soluciones accionables.

¿Qué pasa en la fase de definición de Design Thinking?

La fase de definición es el puente entre lo que escuchaste del usuario y las soluciones que vas a construir después. Aquí recapitulas los retos formulados en la etapa anterior y eliges, con criterio, cuál merece tu energía.

En el ejercicio práctico, el equipo trabajó con tres retos posibles:

  • ¿Cómo podríamos satisfacer la demanda de quejas?
  • ¿Cómo podríamos mejorar la tecnología detrás del chatbot?
  • ¿Cómo podríamos mejorar la comunicación interna entre las áreas?

Cada uno apunta a una causa distinta del mismo problema. Y aquí viene lo interesante: no todos pueden resolverse al mismo tiempo, así que toca decidir.

¿Qué es la formulación de retos en Design Thinking? Es la técnica para convertir hallazgos de la fase de empatía en preguntas accionables del tipo cómo podríamos, que abren espacio a múltiples soluciones sin cerrarse en una sola respuesta.

¿Cómo se elige el reto correcto en un equipo?

La decisión no se toma por intuición ni por jerarquía. Se toma con conversación y votación. El equipo expone las situaciones alrededor de cada reto, comparte lo que aprendió en empatía y luego vota.

Pero el voto no es libre: se evalúa contra tres criterios fundamentales del Design Thinking.

¿Cuáles son los tres filtros para validar un reto?

Un buen reto tiene que cumplir simultáneamente con:

  1. Deseable desde el usuario: que resuelva una necesidad real de la persona.
  2. Viable desde el negocio: que tenga sentido económico y estratégico.
  3. Factible desde la tecnología: que se pueda construir con los recursos disponibles.

Cuando un reto cumple los tres, tienes una base sólida para avanzar. Si falla en alguno, probablemente vas a invertir esfuerzo en una solución que nadie usará, que no se sostiene o que no se puede ejecutar.

¿Por qué votar el reto en equipo y no decidirlo solo? Porque cada integrante aporta una mirada distinta —usuario, negocio, tecnología— y la conversación abierta revela riesgos y oportunidades que una sola persona no detecta.

¿Qué reto se eligió y por qué importa?

Después de la votación, el equipo se inclinó por el reto cómo podríamos satisfacer la demanda de quejas. Este será el hilo conductor para las siguientes fases: ideación, prototipado y evaluación.

La razón de fondo es que atender la demanda de quejas conecta directamente con el dolor del usuario, tiene impacto medible en negocio y abre múltiples caminos de solución, no solo uno tecnológico. Es un reto lo suficientemente amplio para generar ideas y lo suficientemente específico para ejecutarlo.

Elegir bien aquí te ahorra semanas de trabajo en la dirección equivocada. Por eso vale la pena detenerse, conversar y votar con criterio antes de saltar a las ideas.

Y tú, ¿cuál fue el reto que escogiste en tu ejercicio? ¿Apareció algo totalmente distinto a lo que esperabas, o estás trabajando un reto personal o de tu trabajo? Cuéntamelo en los comentarios y nos vemos en la próxima clase para seguir afinando la formulación.