Un ciclo que debemos cuidar.
Imagina que vas en tu auto a una cita importante y, de repente, se pincha una de las llantas. Inmediatamente comienza una respuesta fisiológica: el ritmo cardíaco se acelera, aparece tensión muscular, sudoración en distintas partes del cuerpo y las mejillas se sienten calientes.
Después surge el pensamiento: “Yo sí soy de malas, tenía que pasarme esto a mí”. Finalmente, ese pensamiento se traduce en una emoción dolorosa, como ansiedad o cólera.
En algunas personas este ciclo se repite de otra manera: primero aparece el pensamiento y luego la respuesta fisiológica. Por ejemplo, alguien podría pensar: “¿Y si se pincha la llanta y pierdo la cita?” o “¿Y si hay demasiado tráfico?”. Estos pensamientos generan una reacción física que, a su vez, desemboca en emociones negativas.
¿Qué hacer para combatir los pensamientos irracionales?
Técnica de las tres columnas
Primero:
Piensa en una situación que te haya molestado y descríbela como si se la contaras a alguien de confianza.
Segundo:
Revisa qué tipo de pensamiento pudo estar presente en la forma en que interpretaste la situación.
Tercero:
Identifica las frases en las que incurriste en un pensamiento distorsionado y reflexiona sobre cómo podrías transformarlas en pensamientos más realistas.
Cómo trabajar cada tipo de distorsión.
Filtraje
En este caso es necesario modificar la forma en que se interpreta la situación. Evita exagerar y deja de utilizar palabras como “terrible”, “horrible” o “tremendo”, así como expresiones como “no puedo resistirlo”.
La realidad es que los seres humanos hemos demostrado a lo largo de la historia una enorme capacidad de resistencia. Podemos soportar golpes psicológicos importantes y adaptarnos incluso a situaciones difíciles.
Puedes recordarte a ti mismo: “No exageres, puedo enfrentar esto”.
Pensamiento polarizado
Las cosas rara vez son completamente blancas o negras. Pensar en porcentajes puede ayudarte a encontrar un punto medio.
Por ejemplo: “Un 30 % de mí siente miedo, pero el 70 % restante puede enfrentarlo”.
Generalización
Aquí es importante examinar la evidencia. Pregúntate cuántas pruebas reales existen para sostener esa conclusión.
Si la idea se basa en uno o dos casos aislados, en un error puntual o en una impresión momentánea, entonces no es razonable convertirla en una regla general. En ese caso, la conclusión debería ponerse en duda hasta contar con evidencias más sólidas.
Culpabilización
Cada persona es responsable de expresar sus necesidades, establecer límites y decidir si permanece o se aleja de una situación.
Los demás no son responsables de adivinar nuestras necesidades ni de resolver nuestros problemas si nosotros mismos no los comunicamos.
Falacia del cambio
Cuando alguien intenta obligar a los demás a cambiar para sentirse mejor, en realidad está basando su felicidad en la conducta ajena.
Sin embargo, la única persona sobre la que realmente tenemos control es sobre nosotros mismos. Pretender que los demás cambien para que nosotros seamos felices suele generar frustración.
Al final, tú decides qué hacer con tu vida. Tus pensamientos influyen en tus emociones, y tus emociones influyen en tus decisiones. Por eso, aprender a cuestionar los pensamientos irracionales es una de las herramientas más poderosas para dirigir tu propia vida.