Procrastinación y Voluntad: Estrategias para Superar la Postergación

Clase 10 de 22Curso para Crear Hábitos Positivos

Contenido del curso

Resumen

Postergar tareas es algo que todos hemos experimentado. Sabemos que debemos hacer algo, reconocemos su importancia, entendemos que los resultados dependen de ello y, aun así, terminamos haciendo cualquier otra cosa. La procrastinación y la voluntad funcionan como fuerzas opuestas dentro de nuestro comportamiento, y comprender cómo operan es fundamental para tomar mejores decisiones y construir hábitos sostenibles.

¿Qué es la procrastinación y por qué la llamamos un arte?

La procrastinación es el arte de postergar [0:42]. Se la describe así porque a lo largo de toda nuestra vida hemos perfeccionado la habilidad de crear justificaciones y excusas para no hacer lo que debemos. La frase mágica que nos protege de cualquier responsabilidad suele ser: «Es que no tuve tiempo» [1:08]. Detrás de esa frase nos sentimos casi impunes, como si postergar no tuviera consecuencias.

Nos esforzamos enormemente por evadir una tarea con tal de hacer algo que nos provoque más placer, menos esfuerzo y nos parezca divertido [1:22]. Puede ser jugar videojuegos, mirar una serie o cualquier actividad que nada tiene que ver con aportar calidad a nuestra vida o proyecto.

¿Por qué preguntarnos "para qué" en lugar de "por qué"?

Cuando nos preguntamos por qué procrastinamos, llegamos siempre a las mismas excusas y razones que no aportan herramientas nuevas [1:40]. En cambio, preguntarnos para qué procrastinamos activa zonas del cerebro vinculadas con componentes emocionales, conectándonos con el sistema límbico y permitiéndonos interpretar mejor nuestras emociones [2:08].

Desde la biología del cerebro, procrastinamos porque nuestros mecanismos primarios buscan acercarnos al placer y alejarnos del dolor [2:28]. Postergar es una forma cuasi engañosa de obtener placer inmediato, aunque en algún momento hay que enfrentar la tarea y las consecuencias se vuelven inevitables.

¿Cuál es el beneficio oculto de procrastinar?

La primera reacción es pensar que procrastinar no tiene ningún beneficio. Sin embargo, si lo analizamos mejor, siempre hay una recompensa inmediata detrás [3:20]. Por ejemplo, al postergar el estudio, usamos ese tiempo en algo más agradable. El efecto dopaminérgico de esa recompensa inmediata explica por qué el cerebro nos empuja a procrastinar como si no existieran consecuencias negativas [3:40].

A corto plazo pareciera que no pasa nada. Pero a largo plazo, la procrastinación se convierte en sabotaje: de proyectos, de crecimiento personal, de desarrollo profesional [4:18]. Un ejemplo concreto: un coachee postergó durante mucho tiempo aprender inglés y perdió una promoción a un cargo gerencial que realmente deseaba [4:35]. El precio de procrastinar fue altísimo.

¿Cómo la voluntad nos rescata de la procrastinación?

La voluntad es esa fuerza que nos permite hacer las cosas aunque no tengamos ganas [3:05]. Funciona cuando mantenemos presente el propósito original de la tarea pendiente. No se trata de hacer todo todo el tiempo, sino de tomar decisiones conscientes.

Hay una idea poderosa aquí: la calidad de vida que tenemos depende de las decisiones que tomamos [5:05]. Hacer o no hacer una tarea es una decisión. A partir de ese momento, ya no podemos culpar a nadie externo. Asumir la responsabilidad y el compromiso con uno mismo, incluso cuando la decisión es no hacer, nos convierte en adultos responsables de nuestro presente [5:20].

  • Si el ascenso no llega, la responsabilidad es nuestra.
  • Si los resultados no aparecen, no podemos culpar a otros.
  • Ser consecuentes con nuestras decisiones es la clave.

Si dejamos que nuestro cerebro resuelva por nosotros, la procrastinación eterna sería el paraíso. Desde la conciencia adulta, debemos empezar a estar más en control [5:58].

¿Cómo evaluar si un hábito postergado vale la pena?

El ejercicio propuesto consiste en elegir ese hábito que venimos postergando y evaluarlo en cuatro dimensiones [6:30]:

  • Beneficios de procrastinarlo: siempre los hay, por algo el cerebro nos invita a postergar.
  • Contras de procrastinarlo: las consecuencias a mediano y largo plazo.
  • Beneficios de crear ese hábito: lo positivo que incorporamos a nuestra vida.
  • Contras de crear ese hábito: lo que inevitablemente dejamos de lado.

Cada decisión implica algo que ganamos y algo que perdemos [7:30]. Es perfectamente válido evaluar y decidir que un hábito no es oportuno en este momento. Lo importante es no reclamarse después por esa decisión ya resuelta.

¿Por qué evaluar antes de decidir marca la diferencia?

Cuando hay una ambivalencia, existe una decisión real [8:00]. Si solo hubiera una posibilidad, simplemente se haría sin pensarlo. Evaluar antes de decidir nos vuelve más conscientes y, por lo tanto, más consecuentes con las acciones que tomaremos para llevar adelante un hábito o dejarlo en lista de espera.

La invitación es clara: sacá tu superheroína de la voluntad para darle continuidad a ese hábito con una estrategia coherente, o decidí conscientemente que este no es el momento. Cualquiera de las dos opciones es válida, siempre que sea una decisión responsable. ¿Qué hábito vas a poner en evaluación hoy?