En una ocasión, dentro del equipo se presentó un acto de incivilidad por parte de un compañero que constantemente hacía comentarios despectivos y utilizaba un tono poco respetuoso en las reuniones, especialmente cuando alguien cometía un error. Aunque al inicio parecía algo aislado, con el tiempo empezó a afectar el ambiente laboral.
Esto impactó directamente el rendimiento del equipo. Varias personas comenzaron a participar menos por temor a ser criticadas, lo que redujo el intercambio de ideas y la creatividad. Además, se generó un ambiente de tensión y malestar que afectaba el ánimo general; incluso tareas sencillas tomaban más tiempo porque había menos comunicación y colaboración.
En el caso particular de una compañera, este comportamiento afectó su confianza, lo que se reflejó en una disminución en su desempeño y en su nivel de participación.
En general, se evidenció una pérdida de tiempo, un ambiente laboral negativo y una baja en la productividad. Esta situación dejó claro que el respeto y la buena comunicación son fundamentales para el buen funcionamiento de cualquier equipo.